martes, 12 de agosto de 2014

Capítulo 4. - Te volví a encontrar. {T2}


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Después de aquella conversación con Naiara se acostó en la cama mirando el techo blanco de la habitación.
En aquel momento sintió que iba a perderla para siempre, sintió que el momento de acabar aquella historia había llegado.
Antes dijo que lo que estaban haciendo mal era seguir juntos pero con todo esto Cristian se dio cuenta de que se había equivocado completamente.
Hacía meses que no se veían, meses lejos de ella. Y siendo sincero con él mismo el sentimiento seguía ahí, no había dejado de quererla ni un solo segundo.
“La quiero más que ayer pero menos que mañana.”

Llamaron a la puerta, gritó un “Adelante” y la pequeña de la casa entró con una sonrisa de oreja a oreja.
-Mi mami dice que si te apetece ir a cenar al Burguer King.
-Dile a tu mamá que sí, que me ducho y bajo.
-Bien.- Dijo sonriendo

Le devolvió la sonrisa y observó como se iba dando un portazo que casi deja sordo a Cristian.
Se metió en la ducha, quería relajarse. Necesitaba agua caliente en su cuerpo para que sus músculos se relajasen y para que así él se tranquilizase un rato.

Cristian comenzó a pensar cosas que nunca pasarían. Comenzó a pensar que sería genial salir de la ducha y que Naiara lo esperara en la cama, sentada, mirando aquellos dibujos animados que tanto le gusta y riendo por todo lo que aquel muñeco decía.
Echaba de menos sentirse como un niño, echaba de menos que ella lo hiciese sentir así. A veces se siente demasiado mayor y él necesitaba un poco de magia en su vida, y ella, sin duda, se la daba.

Apagó el grifo y agarró una toalla color turquesa agarrándola a su cintura. Se miró al espejo empañado, con una toalla celeste frotó el espejo y luego, secó su pelo.
Volvió a la habitación, se puso unos pitillos negros y la camiseta de los Bulls. No hacía frío así que no llevaría sudadera. Colocó sus VANS negras y se echó su colonia preferida. LISTO.

Fue hacia el salón donde todo el mundo se quedó mirándole con cara de “Un poco más y no tardas, muchacho”.

-Hola. Siento tardar.
-Vamos, lento. A veces pareces una señorita.- Dijo el Sr. Flanders dando golpes en la espalda del chico

Todos se subieron al coche de Bartolo, el Sr Flanders, y caminaron hacia el Burguer King.
Había muchísima gente así que tuvieron que ponerse al aire libre. Bartolo insistió en pagar, y no podían negarse ya que se negaron tres veces y aquel señor con el pelo casi blanco estaba comenzando a cabrearse.
Mientras Bartolo pedía la comida, Bady hablaba de todas las anécdotas que había pasado junto a Cristian, las pequeñas lo miraban con la mayor ilusión del mundo y su madre también.

-¿En serio?- Dijo Daisy entre risas
-Te lo juro.- Dijo Bady serio

Todos rieron, incluso Bady. Algunas historias eran demasiada locura, la verdad.
Cristian miró a un lado riendo y su vista chocó con una chica alta con el pelo rojo. La chica lo miró y volvió a mirar al frente. Tenía unas grandes gafas de pasta negras que hacían todavía más pequeños aquellos ojos grises.
La joven volvió a mirar a Cristian y esta vez lo saludó. El chico le sonrió y volvió a mirar a Bady que seguía contando sus anécdotas.

Recogieron la mesa y en fila comenzaron a salir para así irse a casa, el Burguer seguía llenísimo de gente y era difícil andar.

Una chica con la piel blanca agarró a Cristian del brazo, este pensó que era una fan. Dio la vuelta y sus ojos chocaron después de muchos años.

-Hola.- Susurró
-Hola.
-Que de tiempo sin verte.
-Sí, hace mucho ya.
-Yo...Lo siento.
-No pasa nada, Luciana.- Dijo con frialdad
-No quería, yo no quería...No quería dañarte.
-Luciana, de eso ha pasado mucho tiempo ya. En serio, déjalo. Está todo olvidado.
-Lo he dejado con él, bueno, él me ha dejado. Por otra.
-Ya. Lo suponía.
-Hace tiempo ya, pero bueno, estoy bien.- Dijo con una falsa sonrisa
-Me alegro mucho.
-Has cambiado...Mucho...
-Tú también.
-Hace tres años ya, ¿sabes? Sin verte, digo... Te echo de menos.
-Sí, mucho tiempo.
-Te echo de menos.- Volvió a repetir.
-Oye Cristian, ¿Qué haces?- Dijo Bady, que volvió al darse cuenta de que no estaba junto a él
-Ya voy, un momento.- Bady asintió y se marchó- Me tengo que ir, Luciana.
-¿Cuándo te marchas?
-El Lunes.
-¿Te quedas todo el fin de semana?
-No, osea, al principio no pero al final decidimos que sí. Me quedo todo el fin de semana.
-¿Podemos vernos, por favor?
-Vale, ya buscaré un hueco o algo...
-Vale, hasta otra.- Susurró

Cristian se dio la vuelta para así seguir luchando para salir de aquel maldito Burguer.
Sintió como alguien le agarraba la mano, él se volvió y ella, sin avisar, le dio un abrazo. Cristian la separó y la miró a los ojos, ella agachó la vista y susurró un “Lo siento, me equivoqué...”, él sonrió y se marchó.

Después de quince minutos llegó al coche, todos lo bombardearon de preguntas pero Cristian no dijo nada.
Por el camino el chico no para de pensar en ella, Luciana era su mejor amiga desde que eran niños, se contaban todo y eran inseparables. Ella encontró a su media naranja, lo típico, el chico la hacía soñar despierta y le hacía sentir miles de mariposas en su estómago. Al principio todo iba perfecto pero aquel tipo se ponía muy celoso de Cristian, se cabreaba con ella e incluso la había amenazado. Cristian intentaba avisarle, pero no pudo hacer más. Ella lo dejó de lado, le dio la espalda y él se sintió fatal. ¿Cómo alguien pudo dejarlo por un tío? Él quería que fuese feliz y sabía que con él no lo iba a ser.
¿Equivocarse? Más que eso, a los amigos no se les cambia por nada.
A Cristian le sigue doliendo, fue algo que le afectó mucho pero eso no quiere decir que él no pueda pasar página.

Al llegar a casa se cambió poniéndose lo más cómo posible, se tiró en la cama y encendió la televisión.

-Hey.- Dijo Bady tirándose a su lado
-Hola.
-¿Quién era esa chica?

Cristian decidió contarle todo.

-¿Estás seguro?
-Sí. Voy a quedar y hablar, hace muchísimo que no sé nada de ella.
-Bueno, tú sabrás.- Dijo Bady mirando la televisión

-.-

Después de dos horas salieron del cine, Naiara pensó en algún momento que la película era infinita. Quería levantarse e irse, estaba cansada ya. Rezaba porque no le preguntaran nada sobre la película ya que no se había enterado de nada.

-¿Vamos a cenar?- Dijo Daniel tocando su barriga
-Sí.- Dijo Conso- Tengo mucha hambre.
-Yo no voy, chicos.
-¿Por qué?- Preguntó Lara
-No me apetece, de verdad. Otro día, ¿Vale? ¡Adiós!- Dijo moviendo la mano derecha y saliendo de allí
-Adiós.- Escuchó por parte de todos

Por el camino seguía pensando en Cristian, esto era exagerado ya.
En toda la película no había dejado de pensar en él, pensó en él incluso cuando quería irse. Imaginó que él estaba a su lado, que le agarraba la mano y que salían de aquella sala juntos para besarse en cualquier rincón lejos del mundo.
En la cabeza de Naiara retumbaban las palabras que el chico había dicho en la última conversación “Dame una oportunidad”, luego sonaban las de ella diciendo que se la daba.
Quizás no haya tomado la decisión correcta, pero su corazón dijo eso en ese momento.

Después de andar hasta llegar a su casa con las piernas reventadas, Naiara gritó un “HOLA” haciendo que todo retumbase. No obtuvo respuesta. Genial.
Llegó a la cocina y en la nevera había un post-it de forma de corazón, era amarillo. Catalina estaba obsesionada con los post-it, Naiara a veces pensaba que tenía un problema. Siempre solía dejar alguno por la casa, recordando cualquier cosa o diciendo que hiciese algo. Agarró el post-it y lo leyó en voz alta.
“Estamos en casa de la abuela, espero que lo hayas pasado bien.
Te queremos. -Tu madre y tu hermanita.”

Estaba sola en casa y eso a Naiara le encantaba. Le gustaba no escuchar a su madre gritarle a su hermana, o ver como se enfada con la televisión por alguno de esos estúpidos programas del corazón. Le gustaba escuchar la casa en total silencio, sin su hermana cantando canciones de Cristian o gritando cualquier cosa.
Subió las escaleras y se puso su pijama de cerditos, su preferido. En la cama se encontró una rosa, una carta y otro post-it amarillo.

“Por cierto, otra vez dejaron esto para ti.
-Tu madre.”

Miró la rosa, -98. Luego, abrió la carta.
Naiara estaba perdiendo la paciencia, sí era bonito y romántico pero estas cosas la ponían enferma. No tenía paciencia, era una chica que no le gustaban los secretos, una chica que cuando le ocultaban algo o le decían las cosas poco a poco o a medias se enfadaba. No soportaba eso. Y este tema, le estaba cansando ya.

“Menos noventa y ocho.
Ya queda menos para abrazarte y decirte todo, pequeña monstruo.
Queda menos para que sepas quien soy.
No seas impaciente, no intentes descubrir quien soy porque NO
lo adivinarás.
Te amo.”

-¿Pero que mierda es esta? JODER.- Gritó tirando la carta al suelo.

Recogió la carta después de un buen rato, tuvo que volver a bajar abajo para así tomar agua y tranquilizarse.
Guardó la carta junto a la rosa en un cajón de su habitación, como siguiese así debería buscar otro sitio porque no iban a caberle.
Naiara se preguntaba quién estaba detrás de todo esto. A pesar de todo, sonrió. A parte de tenerla harta, ponerla de los nervios y trabarla ella tenía que reconocer que se lo estaba currando.

Se tiró en la cama y agarró su móvil. Abrió conversación a su prima Rae.

-Mi niña.
-Dime amor.- Carita sonriente
-¿Puedes quedar mañana? ¡Necesito a una modelo!
-Claro. A las diez de la mañana en tu casa, ¿te parece bien?
-Estupendo.- Corazones

Bloqueó el móvil, minutos después escuchó como una puerta se abría. Quizás era su madre.

-Hola mamá.- Dijo bajando las escaleras- ¿Y Amada?
-Se quedó a dormir en casa de la abuela, mañana almorzaremos allí ¿Te apuntas?
-Tengo que hacer cosas.
-Bueno, pues llama a las chicas para que no comas sola.
-Vale, mamá. Buenas noches.
-Buenas noches- Dijo entrando en la cocina.

Subió las escaleras, habló por el grupo de whatsapp donde estaban todas.

-¿Venís a mi casa a comer?
-¡Sí!- Dijeron casi todas a la vez
-A las una de la tarde, ¿Vale?
-Hecho- Respondió Conso al instante.

Bloqueó el móvil y decidió dormir, mañana tenía que levantarse pronto.

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¡Besines de colores!

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