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Después de
aquella conversación con Naiara se acostó en la cama mirando el
techo blanco de la habitación.
En aquel momento
sintió que iba a perderla para siempre, sintió que el momento de
acabar aquella historia había llegado.
Antes dijo que lo
que estaban haciendo mal era seguir juntos pero con todo esto
Cristian se dio cuenta de que se había equivocado completamente.
Hacía meses que
no se veían, meses lejos de ella. Y siendo sincero con él mismo el
sentimiento seguía ahí, no había dejado de quererla ni un solo
segundo.
“La quiero
más que ayer pero menos que mañana.”
Llamaron a la puerta, gritó un “Adelante” y la pequeña de la
casa entró con una sonrisa de oreja a oreja.
-Mi mami dice
que si te apetece ir a cenar al Burguer King.
-Dile a tu mamá
que sí, que me ducho y bajo.
-Bien.- Dijo
sonriendo
Le devolvió la sonrisa y observó como se iba dando un portazo que
casi deja sordo a Cristian.
Se metió en la ducha, quería relajarse. Necesitaba agua caliente en
su cuerpo para que sus músculos se relajasen y para que así él se
tranquilizase un rato.
Cristian comenzó a pensar cosas que nunca pasarían. Comenzó a
pensar que sería genial salir de la ducha y que Naiara lo esperara
en la cama, sentada, mirando aquellos dibujos animados que tanto le
gusta y riendo por todo lo que aquel muñeco decía.
Echaba de menos sentirse como un niño, echaba de menos que ella lo
hiciese sentir así. A veces se siente demasiado mayor y él
necesitaba un poco de magia en su vida, y ella, sin duda, se la daba.
Apagó el grifo y agarró una toalla color turquesa agarrándola a su
cintura. Se miró al espejo empañado, con una toalla celeste frotó
el espejo y luego, secó su pelo.
Volvió a la habitación, se puso unos pitillos negros y la camiseta
de los Bulls. No hacía frío así que no llevaría sudadera. Colocó
sus VANS negras y se echó su colonia preferida. LISTO.
Fue hacia el salón donde todo el mundo se quedó mirándole con cara
de “Un poco más y no tardas, muchacho”.
-Hola. Siento
tardar.
-Vamos, lento. A
veces pareces una señorita.- Dijo el Sr. Flanders dando golpes en la
espalda del chico
Todos se subieron al coche de Bartolo, el Sr Flanders, y caminaron
hacia el Burguer King.
Había muchísima gente así que tuvieron que ponerse al aire libre.
Bartolo insistió en pagar, y no podían negarse ya que se negaron
tres veces y aquel señor con el pelo casi blanco estaba comenzando a
cabrearse.
Mientras Bartolo pedía la comida, Bady hablaba de todas las
anécdotas que había pasado junto a Cristian, las pequeñas lo
miraban con la mayor ilusión del mundo y su madre también.
-¿En serio?-
Dijo Daisy entre risas
-Te lo juro.-
Dijo Bady serio
Todos rieron, incluso Bady. Algunas historias eran demasiada locura,
la verdad.
Cristian miró a un lado riendo y su vista chocó con una chica alta
con el pelo rojo. La chica lo miró y volvió a mirar al frente.
Tenía unas grandes gafas de pasta negras que hacían todavía más
pequeños aquellos ojos grises.
La joven volvió a mirar a Cristian y esta vez lo saludó. El chico
le sonrió y volvió a mirar a Bady que seguía contando sus
anécdotas.
Recogieron la mesa y en fila comenzaron a salir para así irse a
casa, el Burguer seguía llenísimo de gente y era difícil andar.
Una chica con la piel blanca agarró a Cristian del brazo, este pensó
que era una fan. Dio la vuelta y sus ojos chocaron después de muchos
años.
-Hola.- Susurró
-Hola.
-Que de tiempo
sin verte.
-Sí, hace mucho
ya.
-Yo...Lo siento.
-No pasa nada,
Luciana.- Dijo con frialdad
-No quería, yo
no quería...No quería dañarte.
-Luciana, de eso
ha pasado mucho tiempo ya. En serio, déjalo. Está todo olvidado.
-Lo he dejado
con él, bueno, él me ha dejado. Por otra.
-Ya. Lo suponía.
-Hace tiempo ya,
pero bueno, estoy bien.- Dijo con una falsa sonrisa
-Me alegro
mucho.
-Has
cambiado...Mucho...
-Tú también.
-Hace tres años
ya, ¿sabes? Sin verte, digo... Te echo de menos.
-Sí, mucho
tiempo.
-Te echo de
menos.- Volvió a repetir.
-Oye Cristian,
¿Qué haces?- Dijo Bady, que volvió al darse cuenta de que no
estaba junto a él
-Ya voy, un
momento.- Bady asintió y se marchó- Me tengo que ir, Luciana.
-¿Cuándo te
marchas?
-El Lunes.
-¿Te quedas
todo el fin de semana?
-No, osea, al
principio no pero al final decidimos que sí. Me quedo todo el fin de
semana.
-¿Podemos
vernos, por favor?
-Vale, ya
buscaré un hueco o algo...
-Vale, hasta
otra.- Susurró
Cristian se dio la vuelta para así seguir luchando para salir de
aquel maldito Burguer.
Sintió como alguien le agarraba la mano, él se volvió y ella, sin
avisar, le dio un abrazo. Cristian la separó y la miró a los ojos,
ella agachó la vista y susurró un “Lo siento, me equivoqué...”,
él sonrió y se marchó.
Después de quince minutos llegó al coche, todos lo bombardearon de
preguntas pero Cristian no dijo nada.
Por el camino el chico no para de pensar en ella, Luciana era su
mejor amiga desde que eran niños, se contaban todo y eran
inseparables. Ella encontró a su media naranja, lo típico, el chico
la hacía soñar despierta y le hacía sentir miles de mariposas en
su estómago. Al principio todo iba perfecto pero aquel tipo se ponía
muy celoso de Cristian, se cabreaba con ella e incluso la había
amenazado. Cristian intentaba avisarle, pero no pudo hacer más. Ella
lo dejó de lado, le dio la espalda y él se sintió fatal. ¿Cómo
alguien pudo dejarlo por un tío? Él quería que fuese feliz y sabía
que con él no lo iba a ser.
¿Equivocarse? Más que eso, a los amigos no se les cambia por nada.
A Cristian le sigue doliendo, fue algo que le afectó mucho pero eso
no quiere decir que él no pueda pasar página.
Al llegar a casa se cambió poniéndose lo más cómo posible, se
tiró en la cama y encendió la televisión.
-Hey.- Dijo Bady
tirándose a su lado
-Hola.
-¿Quién era
esa chica?
Cristian decidió contarle todo.
-¿Estás
seguro?
-Sí. Voy a
quedar y hablar, hace muchísimo que no sé nada de ella.
-Bueno, tú
sabrás.- Dijo Bady mirando la televisión
-.-
Después de dos horas salieron del cine, Naiara pensó en algún
momento que la película era infinita. Quería levantarse e irse,
estaba cansada ya. Rezaba porque no le preguntaran nada sobre la
película ya que no se había enterado de nada.
-¿Vamos a
cenar?- Dijo Daniel tocando su barriga
-Sí.- Dijo
Conso- Tengo mucha hambre.
-Yo no voy,
chicos.
-¿Por qué?-
Preguntó Lara
-No me apetece,
de verdad. Otro día, ¿Vale? ¡Adiós!- Dijo moviendo la mano
derecha y saliendo de allí
-Adiós.-
Escuchó por parte de todos
Por el camino seguía pensando en Cristian, esto era exagerado ya.
En toda la película no había dejado de pensar en él, pensó en él
incluso cuando quería irse. Imaginó que él estaba a su lado, que
le agarraba la mano y que salían de aquella sala juntos para besarse
en cualquier rincón lejos del mundo.
En la cabeza de Naiara retumbaban las palabras que el chico había
dicho en la última conversación “Dame una oportunidad”, luego
sonaban las de ella diciendo que se la daba.
Quizás no haya tomado la decisión correcta, pero su corazón dijo
eso en ese momento.
Después de andar hasta llegar a su casa con las piernas reventadas,
Naiara gritó un “HOLA” haciendo que todo retumbase. No obtuvo
respuesta. Genial.
Llegó a la cocina y en la nevera había un post-it de forma de
corazón, era amarillo. Catalina estaba obsesionada con los post-it,
Naiara a veces pensaba que tenía un problema. Siempre solía dejar
alguno por la casa, recordando cualquier cosa o diciendo que hiciese
algo. Agarró el post-it y lo leyó en voz alta.
“Estamos
en casa de la abuela, espero que lo hayas pasado bien.
Te
queremos. -Tu madre y tu hermanita.”
Estaba sola en casa y eso a Naiara le encantaba. Le gustaba no
escuchar a su madre gritarle a su hermana, o ver como se enfada con
la televisión por alguno de esos estúpidos programas del corazón.
Le gustaba escuchar la casa en total silencio, sin su hermana
cantando canciones de Cristian o gritando cualquier cosa.
Subió las escaleras y se puso su pijama de cerditos, su preferido.
En la cama se encontró una rosa, una carta y otro post-it amarillo.
“Por
cierto, otra vez dejaron esto para ti.
-Tu
madre.”
Miró la rosa, -98. Luego, abrió la carta.
Naiara estaba perdiendo la paciencia, sí era bonito y romántico
pero estas cosas la ponían enferma. No tenía paciencia, era una
chica que no le gustaban los secretos, una chica que cuando le
ocultaban algo o le decían las cosas poco a poco o a medias se
enfadaba. No soportaba eso. Y este tema, le estaba cansando ya.
“Menos
noventa y ocho.
Ya
queda menos para abrazarte y decirte todo, pequeña monstruo.
Queda
menos para que sepas quien soy.
No
seas impaciente, no intentes descubrir quien soy porque NO
lo
adivinarás.
Te
amo.”
-¿Pero
que mierda es esta? JODER.- Gritó tirando la carta al suelo.
Recogió la carta después de un buen rato, tuvo que volver a bajar
abajo para así tomar agua y tranquilizarse.
Guardó la carta junto a la rosa en un cajón de su habitación, como
siguiese así debería buscar otro sitio porque no iban a caberle.
Naiara se preguntaba quién estaba detrás de todo esto. A pesar de
todo, sonrió. A parte de tenerla harta, ponerla de los nervios y
trabarla ella tenía que reconocer que se lo estaba currando.
Se tiró en la cama y agarró su móvil. Abrió conversación a su
prima Rae.
-Mi
niña.
-Dime
amor.- Carita sonriente
-¿Puedes
quedar mañana? ¡Necesito a una modelo!
-Claro.
A las diez de la mañana en tu casa, ¿te parece bien?
-Estupendo.-
Corazones
Bloqueó el móvil, minutos después escuchó como una puerta se
abría. Quizás era su madre.
-Hola
mamá.- Dijo bajando las escaleras- ¿Y Amada?
-Se
quedó a dormir en casa de la abuela, mañana almorzaremos allí ¿Te
apuntas?
-Tengo
que hacer cosas.
-Bueno,
pues llama a las chicas para que no comas sola.
-Vale,
mamá. Buenas noches.
-Buenas
noches- Dijo entrando en la cocina.
Subió las escaleras, habló por el grupo de whatsapp donde estaban
todas.
-¿Venís
a mi casa a comer?
-¡Sí!-
Dijeron casi todas a la vez
-A
las una de la tarde, ¿Vale?
-Hecho-
Respondió Conso al instante.
Bloqueó el móvil y decidió dormir, mañana tenía que levantarse
pronto.
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