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Las manos le sudaban, su corazón iba a mil por hora y no paraba de
temblar. Tenía que hacerlo, debía hacerlo. Buscó su nombre en los
contactos y llamó.
-¿Hola?
-Hola,
¿Naiara?
-Sí,
soy yo.
-Hola,
soy Luciana... La mejor amiga de Cristian. No me cuelgues por favor,
no lo hagas...
-¿Luciana?
-Sí,
soy la supuesta nueva novia de Cristian... La que salió en las redes
sociales y demás...
-Ah.
Mira, no me apetece hablar. Estoy ocupada.
-Naiara,
escúchame por favor. Por favor...
-Rápido.-
Dijo fría
-Hace
unos días le quité el móvil a Cristian para así poder llamarte...
Yo era la mejor amiga de Cristian desde hace años, pero bueno,
encontré novio y todo se enfrió entre nosotros.. Años después lo
volví a encontrar y nos perdonamos. Tanto él como Bady decidieron
que pasara unos días con él, me pareció genial y acepté. La gente
se equivocó, nos puso como algo que no éramos... Nosotros solo
somos mejores amigos, yo a él jamás le vería como algo más.
Simplemente quería que lo supieras.
-Gracias,
supongo.
-De
nada...
-Bueno,
hasta otra.
-Adiós.
Luciana sintió un leve escalofrío. Sabía perfectamente que aquella
niña no se habría tragado nada, estaba dolida. Pero, es que era
injusto que estuviese dolida por algo que jamás pasó ni pasará.
–
Terminó de recoger su habitación, se sentó en su cama. Suspiró.
No confiaba mucho en la tal Luciana y sinceramente, no le convencía
su historia. La verdad es que ya no sabía en que creer ni en que
confiar. Estaba hecha un lío. Abrió el cajón de su mesita de noche
y sacó un álbum de color marrón, lo abrió y miles de recuerdos se
convirtieron en lágrimas. Era las únicas fotos que no había
destrozado, y cree que nunca lo haría. No podía, no era capaz. En
aquel momento la furia apoderaba cada parte de su ser, ahora está
cabreada, dolida y rota pero no es capaz de destrozar algo tan
valioso como aquellas preciosas fotos que cualquier persona que las
observase tendría envidia.
Se limpió las lágrimas ya que escucharon a sus amigas entrar en
casa.
-Hola.-
Gritaron estas, Naiara guardó rápidamente el álbum
-Hola
chicas.- Dijo saliendo de su habitación
-¿Estás
lista?
-¿Para
qué?
-El
Martes es la graduación, debemos compararnos un vestido.- Dijo Lara
llena de felicidad
-Ah,
sí. Cierto.
-¿Vamos?
-Vale,
cojo el bolso.
–
Naiara amaba el centro comercial de New York. Era grande, bonito y
con muchas tiendas. Hoy se centraría en su vestido para la
graduación y ya de paso, intentaría comprar el de su cumpleaños.
Entraron en muchas tiendas, se probaron cientos de conjuntos y por
fin, encontraron el adecuado.
Naiara se miró al espejo y supo que ese llevaría para su
graduación.
-Por
fin.
-No,
ahora el de mi cumpleaños.
-Cierto,
¡Vamos allá!
Para el del cumpleaños no fue difícil, y lo encontraron enseguida.
-¿Vamos
a Burguer King?
-Vale,
sí.
-Que
hambre, por favor...- Gritó Conso
–
Días
después...
Llegó el día de la graduación, tocaba graduarse. Naiara se miró
al espejo y sus ojos se iluminaron, hoy se sentía preciosa. Agarró
su teléfono móvil con la carcasa del Panda que le había regalado
su hermana pequeña. Sonrió y se hizo una foto.
-Rumbo
Twitter.- Gritó ella animada
Era un vestido corto y ajustado de color negro, le hacía un cuerpo
precioso. Llevaba un recogido que le hizo la vecina del quinto ya que
estudiaba peluquería y en su cuello colgaba una fina cadena a juego
con los pendientes. Naiara volvió a sonreírle al espejo, hoy nadie
iba a detenerla.
-Vamos,
chicas.- Gritó mientras hacía un tremendo ruido con sus tacones
-Hoy
estás potente, eh. Te veo fuerte.
-Está
claro, Lara. Hoy voy a ser otra yo, estoy cansada de llorar.
-Choca,
amiga.- Dijo levantando su mano, Naiara se la chocó
Después de dos horas la celebración acabó, por fin. La verdad que
comenzó a ser pesada y le estaba aburriendo, quería irse a cenar
con sus compañeras y de fiesta. Mucha fiesta.
-Cariño,
vas preciosa.- Dijo su madre abrazándola
-Gracias
mamá, tú también.
-Hola,
vas guapa.- Dijo Amada con media sonrisa.
-Hola,
tú también. ¿Estás bien? ¿Cuidas a mamá?
-Sí,
mucho. Prometido que la cuido, eh.
-Vale,
te creeré.
Amada la miró, sus ojos brillaban. Era tan solo una niña pequeña
idolatrando a una persona seguida por miles de personas, y eso ella
no supo verlo aquella noche. La abrazó fuerte y besó su mejilla, la
pequeña le susurró un “Te quiero mucho”.
-Ten
cuidado, hija.
-Sí
mamá, ya te llamo mañana o me paso por casa.
-Vale,
hija. Adiós.
-Adiós.-
Dijo la chica marchándose junto a los demás
Después de una gran cena, tocaba bailar. Naiara se adentró en la
discoteca mientras bailaba una de esas canciones en inglés que todo
el mundo sabe. Pidió algo de beber, hoy iba a ser diferente. A
partir de ahora, iba a ser así. Fin al estudiar, hola verano. No
novio, sí enamorada. Olvidarle sí, fiesta obviamente. ¡Allá va,
Naiara!
Una hora después casi no podía sostenerse en pie, Mike que también
se encontraba allí le repitió varias veces que la llevaría a casa
pero ella se negó. Bailaba, sin tacones. Los había dejado por ahí
y no tenía ni idea de donde estaban, aunque en ese preciso momento a
Naiara no le importaba caminar descalza por la discoteca. No sentía
su cuerpo, nada. Se podría decir que ya ni distinguía a las
personas. Había besado en una hora a cinco chicos, o eso cree ella.
No le es posible contar, no puede ahora mismo.
Sintió unas manos en su cintura y un susurró en su oreja haciendo
que un escalofrío recorriese su cuerpo. Se dio la vuelta y miró al
joven que la miraba fijamente.
-Hola,
bonita.
-Hola.
No necesitó nada más, ya que comenzaron a besarse como si no
hubiese mañana. Él bajaba sus manos y tocaba su culo, y ella se
pegaba más y más a él.
-¿Te
vienes a casa a tomar algo?
-Por
supuesto pero no tengo zapatos.- Dijo riendo
-Yo
te llevo en brazos, no pasa nada.
Naiara agarró su bolso y se fue hacia el chico que la cogió en
brazos.
La casa era grande y lujosa. No sabía si vivía solo, pero si
viviese solo era una burrada. Miraba todo su alrededor y gritaba lo
bonita que era, el chico solo la miraba.
-¿Quieres
algo de beber?
-Vale,
si insistes.
El chico alzó una ceja, no había insistido pero eso a él no le
importaba. Solo quería llevarla a la cama, debía seguirle el juego.
Después de beberse dos grandes vasos con mucho alcohol, Naiara se
tiró en el sofá. El chico la miró con deseo y le susurró un
“¿Juegas o eres monjita?”, Naiara lo miró con mala cara.
-Juego,
juego bien.- Dijo decidida
El chico se subió encima de ella y comenzó a besarle la boca hasta
bajar a su cuello. Se levantó, le tiró del brazo y la llevó a su
habitación. Cerró la puerta con el pie mientras la besaba. Comenzó
a bajarle la cremallera del vestido ajustado hasta que su vestido
calló al suelo completamente. Ella quitó su camiseta, y después de
besar su abdomen, quitó su pantalón. Estaban empatados.
Naiara se dejaba llevar por lo que sentía en ese preciso instante,
aunque la verdad que dudo de que sintiese algo. Más bien no sabía
lo que hacía, quizás no lo recordaría.
–
-¿Lo
anunciaste ya?- Dijo Bady
-No,
ahora voy.
-A
ver como se lo toman...
-Espero
que bien.
Cristian abrió su Twitter y pinchó en “Nuevo tweet”.
@OfficialXriz:
Gracias a las personas que me apoyan siempre y que han estado en los
conciertos, es magnífico tener a gente como vosotros a mi lado.
@OfficialXriz:
Quiero decir que me tomo unas pequeñas vacaciones, la verdad que las
necesito. No preocuparse, son seis meses sólo. Necesito alejarme del
mundo. ¡Os quiero!
-Listo.
-Ahora te quemarán las
interacciones.
-Fijo.
Cristian abrió todas las
notificaciones que tenía, Naiara había twitteado antes y él no lo
miró. La seguía teniendo como FAVORITA, debería quitarla pero era
incapaz.
-Joder, mira.
Cristian le enseñó a Bady
la foto de Naiara con el vestido negro ajustado, Bady silbó.
-Bella, eh.
-Sí, está cambiando
muchísimo.
-Está más mayor, más
guapa.
-Lo sé... Y siento que
me estoy perdiendo demasiadas cosas de ellas, Bady.
-Lo sé y tienes razón.
-Jamás la olvidaré,
tío. Tengo que hacer lo imposible para que me vuelva a dar otra
oportunidad...
–
El fuerte dolor de cabeza
despertó a Naiara. Le dolía cada parte de su cuerpo, sobre todo sus
pies. Abrió los ojos poco a poco, hasta que por fin se dio cuenta de
que esa no era su habitación. Se sentó en la cama y miró la
habitación otra vez.
-¿Dónde mierdas estoy?-
Susurró
Se miró. Estaba tapada con
una sábana roja, desnuda. Desnuda. ¡Estaba desnuda!
El corazón de Naiara
comenzó a latir a mil por hora, no recordaba nada de ayer. Cerró
los ojos con fuerza e intentó recordar algo pero su cabeza sólo
recordaba hasta que Mike le pidió que volviese a casa.
Escuchó un ruido, miró a
la puerta y vio como un joven de 25 años aproximadamente entró en
su habitación. Era moreno de ojos oscuros, alto y guapo. Estaba
borracha pero había elegido bien.
-Hola. ¿Qué ha pasado?
-¿Qué?- Dijo él borde
-¿Qué ha pasado? No lo
recuerdo.
El chico soltó una
carcajada. Naiara no había elegido bien.
-Mírate y sabrás, no
voy a contarte nada. Ya recordarás, supongo.
-Dime que ha pasado, no
lo recuerdo. Quiero saber que mierdas ha pasado aquí, ¿vale?
-Si no te acuerdas no es
mi problema, no hubieses bebido.
-Si estaba borracha no me
hubieses follado.
-¿Perdona? Tú
aceptaste.
-Yo no sabía lo que
hacía.
-Es tu problema.
-Serás mierdas. Me voy.
-Sí, vete. Mi novia
llegará dentro de nada.
-¿Qué?
-Que mi novia llegará
dentro de nada, ¿Eres sorda o qué?
-¿Tienes novia y te has
acostado con otra?
-Sí.
-Serás cabrón.
-Mira, que no me conoces.
Que te pires ya, pesada.
Naiara se levantó y se
vistió rápido. Salió de aquella casa, o mansión. Era grandísima.
Caminó una calle y se sentó en un escalón, estaba descalzada y le
dolían los pies. Cogió su teléfono y llamó a Mike.
-Hola Mike.
-Hola amor.
-¿Qué haces?
-Aquí con Noah, ¿Por?
-Puedes venir a buscarme,
por favor.
-Vale, vamos los dos para
allá.
-Gracias.
Naiara comenzó a sentirse
mal. Sintió que le falló a Cristian. No sabía por qué tenía ese
sentimiento, ellos no estaban juntos. Sentía que lo de la anterior
noche había sido una tremenda locura, se había equivocado. Era
imbécil.
-Eh, pequeña.- Gritó
Mike desde su coche rojo
-Hola.- Dijo Naiara
subiéndose al coche.- Hola pequeño.- Dijo observando a Noah, él
sonrió
-¿Qué haces sin
zapatos?
-Los perdí anoche...
-¿Qué hacías aquí?
-Por lo visto me acosté
con un gilipollas, doy asco.
-No digas que das asco.
-Sí. Encima estaba
borracha y ni lo recuerdo bien.
-Ya lo recordarás,
tranquilízate. Ahora llega a casa, te duchas y duermes ¿Vale?
-Vale.
Llegaron a casa, Naiara se
despidió de Mike y subió hasta su piso. Abrió la puerta
silenciosamente, quizás las chicas estuviesen durmiendo. Por el
pasillo se chocó con alguien.
-Ai.- Se quejó
-Lo siento, Naiara. No te
vi.
-No pasa nada, Daniel.
-¿Ahora llegas?
-Sí...
-Anda, descansa.
-Vale, gracias.
Llegó a su habitación,
cogió un pijama y se metió en la ducha. Se duchó rápido, ya que
moría de sueño y no quería dormirse en la ducha. Se puso el
pijama, y luego, se tiró en su cama. Dos minutos sólo para quedarse
dormida. Increíble.
–
-Hola.
-Hola Nicolás, ¿Cómo
va eso?
-Bien, va bien.
-Bueno, ya tienes que
enviar las últimas cartas.
-Sí, ya todo acaba
tío...
-Estoy nervioso, ¿Y si
me echa a patadas de allí?
-¡No! ¿Por qué iba
hacerlo?
-Nicolás...
-Bueno, ya. Pero no sé,
quizás ella te quiera.
-No creo que lo haga, la
verdad.
-Ya se verá, tú
tranquilo. Deja que las cosas surjan solas, ¿Vale?
-Sí, lo intento.
–
Cristian estaba su casa de
Londres, por fin unos meses de tranquilidad. Caminaba por su casa
buscando hacer algo, se aburría. Decidió darse un baño en el
jacuzzi para ver si así olvidaba un poco lo ocurrido. Se metió y
cerró sus ojos, respiró profundamente y soltó el aire de golpe.
Naiara. Naiara estaba en su cabeza y no salía. Estaba pegada ahí
con pegamento ultra fuerte, imposible de despegar. Él sabía que
quizás ella jamás le diese otra oportunidad, pero no iba a quedarse
sin intentarlo. Tenía que hacerlo. La quería tantísimo, que se le
haría extraño vivir sin quererla. Cristian se había hecho a ella,
ella era una parte de él ya. Llevaban un año sin verse, el tiempo
pasa de prisa y no espera a nadie. Es cierto que él ha sido un
completo imbécil, y que quizás se haya ganado la ruptura. En este
tiempo tampoco ha hecho mucho para poder verla, y siempre se
arrepentirá de ello.
–
Naiara despertó, agarró su
móvil. En este se reflejaba que ya tenía 100% de batería, así que
lo desconectó. Eran las cinco y media de la tarde, había dormido
pero no mucho. De repente miles de recuerdos atravesaron su mente,
comenzó a recordar la noche anterior. Recordó el “¿Juegas o eres
monjita?” y recordó el sentimiento de rabia de ella, tanta que le
dijo que jugaba. Era imbécil, lo era.
En ese preciso instante
quería volver el tiempo atrás y aceptar la propuesta de Mike,
quería volver a casa.
Agarró su móvil,
necesitaba ver a Mike.
-Hola, ¿Podemos vernos?
-Claro, ¿Quieres venir
al parque con Noah y conmigo?
-Vale.
Naiara se levantó de la
cama y se puso unos pantalones de chandal con una camiseta gris junto
a sus deportivas rosas. Agarró lo necesario y se marchó de allí.
Seguramente sus amigas seguían durmiendo, ya que en la casa no había
escuchado nada de ruido. Increíble lo que duermen.
-Hola Mike.- Dijo dándole
dos besos.
-Hola, fea.
-Hola, pequeño.
El pequeño niño le dio un
abrazo y soltó un “Tita”. Desde que lo conoció le llama tita,
no sabía por qué. La veía como su tía, seguramente.
-¿Qué pasó?
-He recordado todo.
-¿Qué recordaste?
-Después de tu propuesta
yo seguí a mi rollo, bailé y un chico me agarró de la cintura. Nos
enrollamos y me dijo que si me iba a su casa a tomar algo, fui
descalza pero él, tan amble que se veía, me cogió en brazos.
Llegamos a su casa y volví a beber, luego me soltó un “¿Jugamos
o eres monjita?” a mí me dio coraje y le dije que jugaba, y bueno,
el resto ya lo imaginas.
-Naiara, ¿Estás loca?
-No sé, joder. Estaba
borracha, no sabía lo que hacía. Me siento tan imbécil e
utilizada, Mike.
-Es normal...
-Encima siento que le he
fallado a Cristian.
-No estás con él, haz
lo que te de la gana.
-No, joder. Yo me siento
mal si estoy con otro, y ayer estuve con unos cuantos.
-Quizás él haya hecho
lo mismo y no lo sabes.- Dijo Mike arrepintiéndose al instante de
haberlo soltado.
-No lo sé, puede...Pero,
bueno. Yo soy yo, y yo me siento mal por esto. Le quiero, Mike.
-Lo sé, Naiara.
-Mañana es mi cumpleaños
y él no estará presente, y es una jodida mierda ¿Entiendes?
-Tranquila, ¿Vale?
Estarán tus amigos. Tu familia. Ellos te quieren y seguro más que
él.
-Es una amor distinto,
muy distinto.
-No pienses más en eso.
Después de eso caminó
hasta su casa, su madre estaba preparando la cena y le pidió que se
quedase a cenar.
-Mientras leo la carta.
-Léela, me quiero
enterar.- Dijo Catalina riendo.
Menos un día para
verte.
Mañana, es mañana
pequeña. Mañana volveré a mirarte a los ojos y a decirte que
te quiero a rabiar, que
me des una oportunidad. Sólo espero que en ese instante, me beses
fuerte. Mañana me
volverás a leer, te quiero.
-Joder,
mamá. Mañana conoceré a la persona que se ha llevado cien días
escribiéndome.
-Sí,
mañana es el día.
-¿Tú
sabes quién es?
-No
tengo ni la menor idea... Pero se que se merece una oportunidad, así
olvidas a Cristian.
-Ya
se verá.- Dijo no convencida.
Naiara
no tenía ni idea de quien era aquel misterioso chico. Conocía a
mucha gente pero a ninguno le imaginaba hacer tal cosa. Mike había
investigado un poco, pero tampoco tenía idea. Y su madre, ni por
asomo. Sólo le quedaba esperar hasta mañana para averiguarlo, para
ver cara a cara a aquella persona que ha pasado horas escribiéndole
cada día.
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¡Besines de colores!