lunes, 4 de agosto de 2014

Capítulo 3. - Te volví a encontrar. {T2}


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Después de que Naiara le colgase a Cristian esta se tiró en la cama, llorando. Llorando una vez más por él, por el chico que tanto amaba. Por la única persona que había sido capaz de enamorarla hasta las trancas, por el causante de sus sonrisas y últimamente de sus lágrimas.
Intentaba parar de llorar, intentaba tranquilizarse pero era imposible.
Se sentía perdida, sentía que le faltaba algo en su vida y era evidente que ese algo era él. Necesitaba que volviese, que la abrazase y le dijese que todo está bien, que la ama realmente. Pero Naiara sabía que eso no pasaría, que quizás la bonita historia de amor acabase como una de las peores historias de amor que tendría en toda su vida.

-Hola.- Dijo alguien entrando en su habitación- ¿Otra vez, Naiara?- Se sentó a su lado
-No aguanto más.- Dijo abrazándole fuerte y luego mirándole a los ojos para poder seguir hablándole- No aguanto esto, joder. Mike, necesito verle.
-Lo sé, te entiendo pero no se puede ¿Vale? No se puede, y tienes que tranquilizarte. Tranquila, todo saldrá bien.
-No Mike, no saldrá bien.
-Sí. Confía en esto, ¿Vale?

La abrazó fuerte. Escuchó como suspiró y la apretó más a él.

-¿Cuándo te vas?- Dijo Naiara mirándole a los ojos
-Dentro de cinco horas.
-Te voy a echar de menos.
-En una semana vuelvo, te llamaré. Ten cuidado, eh.
-Igualmente, espero que todo te vaya bien. Suerte, mi niño.
-Gracias, feita.- La vuelve abrazar

Llamaron a la puerta haciendo que Naiara y Mike se separasen. La madre de Naiara entró, preocupada.

-¿Qué pasa?- Dijo la chica mirándola con preocupación también
-Cariño, otra vez.
-¿Otra vez qué?
-Toma.- Dijo enseñándole una carta y una rosa
-¡Venga ya!- Gritó- Mamá, ¿Sabes algo?
-No, te prometo que no sé nada. De verdad, joder.
-¿La leíste?
-No. Solo la rosa.
-¿Qué pone?
-Menos 99 junto al corazón.
-Mierda, mierda.- Grité.

La chica se levantó de la cama, cogió la carta junto a la rosa. Su madre se marchó de la habitación.
Naiara miró a Mike, él le hizo una señal para que abriese la carta de una vez. Dejó la rosa en el escritorio y se sentó en un pequeño sofá que tenía en un rincón de su habitación.
“Menos noventa y nueve.
Quedan menos de noventa y nueve días para volver a verte, para decirte mirándote
a los ojos todo lo que siento y lo que estoy sintiendo. ¿Cómo te sientes? Mis mariposas
comienzan a revolotear por mi estómago y están nerviosas por besarte.”

-Esto debe ser una broma, joder.
-Que bonito.- Dijo Mike poniendo sus manos en su boca
-¿Bonito?
-Naiara, sí. Lo es. Y no sé quien está haciendo todo esto, pero se lo está currando.
-De verdad, no entiendo nada.

Se tiró en el sofá, cerró los ojos y suspiró. Estaba hecha un lío, necesitaba saber quien era el destinatario que le enviaba aquellas cartas.
-Me voy a volver loca, Mike.
-No te volverás loca, mira el lado bueno.
-Espera, ¿Hay lado bueno?
-Claro. Dentro de 99 días sabrás quien es.
-Son 99 días, chico.
-Te aguantas y te esperas, así es la vida. Calma, paciencia.
-¿Y Cristian?
-Deja un momento de pensar en él, y no le digas que recibes más cartas porque acabará peor de lo que puede acabar. Relax.
-Dios, que difícil todo.
-Lo sé, pero así son las cosas. El mundo no es una máquina de conceder deseos.
-No plagies a Augustus.- Dijo Naiara tirándole un cojín en forma de corazón.
-Vaya cojín más feo.
-No es feo.
-Bueno, no es que sea feo si no que no pega con el sofá. Rosa y rojo.
-Te aguantas y no miras, ush.- Dijo la chica tapando su cara.

Mike se levantó y la abrazó fuerte. Naiara no sabía que haría sin él.

-Oye, ¿Me acompañas a casa y luego a coger el tren?
-Claro, no voy a dejarte abandonado ahí, sin despedirme de ti.
-Oh.- Dijo dándole otro abrazo.
-Que pegajoso estás.
-Pero me quieres.
-Ya. Sí...

Le sacó la lengua, ella rió y se dispusieron a caminar hacia su casa.

–

Con la gran maleta de Mike a cuestas caminaron hacia la estación. Estaba preocupado, Naiara lo vio en su rostro. Era todo o nada. Seguramente aquel chico de ojos color miel sintiese un gran miedo a que posiblemente no pueda volver abrazar a su hijo nunca más.
Naiara le dio la mano, la apretó y susurró un “Tranquilo, todo saldrá bien”.

Frente a la estación nos encontrábamos ya. Media hora para que él partiese. Tocaba despedirse.

-Llegamos.
-Sí.
-Bueno, pues dentro de una semana nos vemos.
-Espero verte con Noah.
-Yo también lo espero.
-Te quiero mucho, cuídate.- Dijo abrazándolo.
-Adiós feita. Te quiero.- Dijo apretándole más a él.

Naiara vio por última vez como aquel chico entraba en la estación. Ahora todo sería diferente sin él.
Volvió a casa, quería descansar.

–

-Hola mamá.- Gritó
-No grites, tu hermana duerme.
-Vale, perdón. Voy a la cama.
-Hasta mañana, cariño.- Dijo Candelaria depositándole un beso sonoro a su hija

–

-¿Lo enviaste?
-Sí.
-¿Seguro?
-Que sí, que ya lo envié.
-Te debo mucho por todo lo que estás haciendo, tío. Gracias, de verdad.
-Para eso están los colegas, ¿No?
-Me alegro tanto de haberte conocido.
-Nada, joder. Esto es poco para lo que te mereces.
-¿Se lo estará tomando bien?
-Sí, seguramente. Quizás la estés rayando un poco.
-Eso es bueno. Muy bueno.- Dijo el chico riendo
-Anda, te cuelgo. Adiós.
-Adiós, chaval.

Le colgó. Hacía bastante tiempo que no sabía nada de él, casi ni le recordaba. Hace poco que volvió a contactar con él y se le ocurrió ese gran idea. Cuando Naiara lo vea allí, delante de ella y sepa que es él quien manda todas esas cartas fijó que le amará eternamente, o eso pensaba el chico.

–

Se despertó en mitad de la noche, el corazón le iba a cien. No sabía por qué estaba tan nerviosa. Eran las dos de la mañana, y se le había pasado el sueño.
Encendió el portátil y entró en Twitter. Cristian acababa de Twittear, hoy tenía concierto en Dallas. Su pueblo. Hacía tiempo que él no pisaba su pueblo. Quizás estuviese muy feliz allí.
Había retwiteado a unas cuantas fans, todas estaban tan nerviosas de poder verle. Le recordaba muchísimo a su hermana, cuando se ponía a saltar, gritar y cantar por toda la casa, cuando los nervios no la dejaban dormir e incluso a veces, la hacían llorar.
En parte echaba de menos ver a su pequeña así, sentía que le faltaba algo. Le faltaba aquella ilusión de despertar por la mañana sabiendo que lo verá y la tristeza de dormirse sabiendo que se fue.
Naiara suspiró. Apagó el portátil y lo dejó en suelo. Intentaría dormir ya que mañana tenía clases.

–

-¿Qué pasó, Dallas?- Gritó haciendo que la gente comenzase a gritar junto a él-¿Preparados para bailar? ¡Go, deejay!

Comenzó con “Oye niña”, la gente bailaba y cantaba sin parar. Él meneaba sus caderas, se motivaba y saltaba.
Después de dos canciones Cristian tuvo la necesitad de parar, sintió que le faltaba el aire, que no podía más. Tuvo que salir del escenario, mientras Bady pinchaba varias canciones para así distraer a la gente y que no se pusiesen eufóricas porque su ídolo se había tenido que marchar unos minutos.

-¿Qué pasó, hijo?- Dijo Keli mientras le quitaba el vaso de agua de las manos y lo dejaba en una mesa
-Nada, no sé. Sentí que me faltaba el aire, me va el corazón muy rápido.
-¿Es la pelea de antes?
-¿Qué pelea?
-Lo escuché todo perfectamente, hijo. No estás bien con ella, ¿verdad?
-No.- Miró al suelo, era incapaz de mirarla a los ojos y si lo hacía iba a llorar y no poco
-Debes intentar solucionarlo.
-No sé como, en serio. No sé que coño hacer ya para parar esto, para frenar un poco, para que acaben las peleas, los malos rollos. Peleamos todos los días, no hay ni un día que acabemos con un te quiero.
-Algo estáis haciendo mal.
-Seguir.- Soltó sin pensar.
-¿En serio piensas eso?- Preguntó

No respondió, siguió mirando al suelo. Se sentía perdido.

-¿En serio piensas eso?- Volvió a preguntar- Contesta.
-No sé.
-¿No sabes?
-No.
-Mírame.- El chico negó con la cabeza ante esto- Mírame.- Gritó. Él la miró- Si piensas eso vas mal, vais mal, porque piensas que estáis haciendo mal el estar juntos, ¿Sabes que significa?- Negó- Que vuestra relación se está quemando poco a poco, y que si no le ponéis una solución morirá para siempre.- Se encogió de hombros- Parece que todo te da igual, de verdad.- Dijo cabreada
-No me da igual, pero es que no sé que coño hacer. Te lo juro, eh. Intento que esto siga, lo intento de verdad pero no puedo hacer nada para que no nos peleemos, para que esto siga funcionado. Las relaciones a distancia no existen, no se puede estar con alguien así.
-Sí.
-No.
-Hijo, que sí. Si vuestro amor es más fuerte que los kilómetros sí, si por el contrario no, acabaréis.

Se tapó la cara y respiró. Le dijeron que debía salir. No quería cantar, de verdad que no quería.

-Tranquilo, sigue cantando. No pienses en ello, ¿Vale?- Dijo dándole un beso en la mejilla

Volvió a entrar al escenario, todos gritaron su nombre y movieron sus manos. Sonrió y comenzó a cantar. Tenía que terminar lo que había empezado por todas esas personas que caminaban junto a él cada día.
Después de media hora el concierto había terminado, las pequeñas Flanders corrieron hacia él y le abrazaron fuerte.

-Lo has hecho genial.- Dijo Daisy
-Gracias, enanas.

Le volvieron abrazar fuerte y corrieron al lado de su madre, quien le sonrió y le susurró un gracias.

–

Llegó a “casa” más cansado que nunca, Bady se había tirado en la cama hace diez minutos y ya estaba roncando. Salió al balcón, se sentó en una silla blanca de plástico y se quedó con la mirada totalmente perdida. Estaba hecho un lío, no sabía que hacer. Quería arreglar todo pero le era imposible, y comenzaba a creer que esta relación no duraría mucho. Le dolía muchísimo el corazón, el alma y cada parte de su ser.
Nadie sabía cuanto la echaba de menos. Cuanto añoraba que corriera hacia él y lo abrazase fuerte, que le mordiese, que le hiciese rabiar, que le bese cada parte de su cuerpo y que él le diga que pare, que le está mareando con tanto beso sonoro.
Echaba de menos su sonrisa, la sonrisa de niña buena. Sus enfados, sus ojos llenos de ilusión por algo. El levantarse y verla a su lado completamente desnuda. Que lo mirase, lo besase y le dijese cuanto lo quería.
Lo peor de todo es que ella pensaba que él ya no sentía nada por ella, que no se le revolucionaba el corazón y las mariposas volvían a nacer al escuchar su voz a través del teléfono, al verla por una cam o al leer un simple tweet.

–

Abrió sus ojos, estiró cada músculo de su cuerpo y se quedó un rato más mirando el techo blanco de su habitación. Se levantó para asearse rápido, iba a llegar tarde.
Diez minutos después le sonrió al espejo y salió de su habitación.

-Buenos días.
-Buenos días, hija.
-Buenas Hermanita.- Dijo con una dulce sonrisa

Desayunó rápido y corrió; iba a perder el autobús. Llegó bastante asfixiada, pero le dio tiempo.

-Hola.- Dijo con una sonrisa
-Hola señorita.- Dijo agarrando su bono bus-Pase un buen viaje.

Se sentó en uno de los sillones y miró por la ventana.
Diez minutos después el autobús volvió a parar para así recoger a más gente. Entró una pareja y se
sentó a seis pasos de ella, más o menos. Sonrió al verlos y murió de envidia.
Se besaban, hablaban, se picaban, y reían juntos. Le recordaba a Cristian y a ella. Cristian. Ya volvió a su mente, no podía parar de pensar en él. La conversación de ayer estuvo bastante mal, aunque no es nada nuevo.

–

-¿Entendido?- Gritó aquel profesor canoso haciendo que retumbase las paredes
-Sí profesor.- Dijeron todos

Corrieron escaleras abajo y salieron al patio. Tenían ganas de tomar muchas fotos y así lo hizo cada alumno.
Una foto aquí, una foto allá. Otra, otra y otra más.

-Mire profesor.- Dijo Naiara enseñándole las fotos.
-Perfecto señorita. ¿Terminaste?
-Sí.
-Pues siéntese en aquel banco y espere mientras.
-Vale.

Se sentó en un banco rojo que pintaron los alumnos de PCPI hace unos días. Todavía olía a pintura y su textura era muy suave. Colocó la mochila a su lado y guardó su cámara. Sacó el móvil y observó que tenía dos whatsapps de Mike. “Llegué” le dijo el chico añadiendo corazones y caritas sonrientes. “Vale, ten cuidado. Ya me cuentas cariño” dijo Naiara añadiendo corazones de colores.
Naiara rezaba para que todo saliese bien y pudiese volver con su hijo de la mano.

Después de esperar media hora más, que se le hicieron eternas por cierto, por fin el profesor los dejó salir. Caminó con pesadez, mucha pesadez. Creía que si no caminaba más rápido perdería el bus. Aligeró el paso y llegó justo a tiempo. Subió los dos escalones de aquel autobús celeste, entregó su bono-bus y se sentó. Colocó sus auriculares y comenzó a sonar una canción de Cristian, perfecto. Tan oportuna la vida como siempre, eh. Su móvil vibró, era Conso.

-¿Te apuntas al cine esta tarde?

Pensó si tenía planes pero era obvio que no tenía.

-Claro que sí.
-A las nueve en mi casa, se puntual.
-Vale, cariño.
-Luego hablamos, amor.- Añadió corazones de muchos colores.

Bloqueó el móvil. Comenzó a sonar una canción de Sweet California. Las lágrimas se agolparon en sus ojos, se comenzó agobiar y sintió una gran necesidad de salir del autobús. Se levanté y sin pensarlo le dijo al chofer que parase. Necesitaba tomar aire fresco, necesitaba sentirse libre.
Naiara saltó los dos escalones del autobús y comenzó a correr, de repente, comenzó a sentirse pérdida. No tenía ni idea de donde estaba pero ella seguía corriendo, quería escapar de todo lo que estaba sintiendo y pensó que esa era la solución, que el correr la liberaría de sus problemas.
Las lágrimas comenzaron a salir de sus ojos, casi no podía respirar y la maldita canción de Sweet California seguía sonando en sus oídos. Acababa y volvía a empezar.
No. No. No.
Para. Para. Para.
Se decía una y otra vez.
Gritó fuerte, muy fuerte. Arrancó los auriculares de sus oídos y miró al frente, un grupo de personas la miraban preocupados. No decían nada, solo miraban. Sintió que el mundo entero había venido a verla llorar y sufrir en ese instante. Naiara los miró por última vez, intentó coger todo el aire posible y volvió a correr.
Llegó a un parque y se sentó en un banco, respiró varias veces para así poder tranquilizarse. Quitó las lágrimas de sus ojos y miró al frente. Su cabeza seguía pensando en cada frase de la canción.
¿Por qué se produjo todo eso en ella? ¿Por qué sintió que él se había ido si se suponía que seguían juntos? ¿Por qué sentía que ya no estaban juntos y que esa historia bonita había acabado?

“Se que todo se me fue y vuelvo a ser la rara” sonaba una y otra vez en su cabeza mientras caminaba hacia su casa, no quería coger el autobús.

Llegó a casa cansada. Muy cansada. Se tiró en la cama y volvió a llorar. No podía seguir así, no podía.
Cogió su teléfono y lo llamó, segundos después lo cogió.

-Hola.
-Hola.- Dijo aguantando sus lágrimas al escuchar su dulce voz
-¿Bien?

“No Cristian, esa maldita pregunta no por favor.”

-Supongo.
-¿Qué pasa?

Díselo Naiara, dile todo.

-No puedo seguir, Cristian.
-¿Qué?
-No puedo.
-¿No puedes? Naiara, ¿Qué dices?
-No puedo seguir, simplemente no puedo. Esto me está superando, ¡Me ha entrado un ataque de ansiedad en el autobús por una maldita canción que me recordaba a nosotros!
-¿Por eso me quieres dejar? ¿Por una canción?
-No. Te dejo porque no puedo estar sin ti, sin tus besos, tus abrazos, tus mimos, tus enfados. Esto se ha quemado y lo sabes, siempre estamos peleados Cristian. Es mejor acabar, ¿no?
-No. No quiero, me niego.
-Cristian...
-Naiara, por favor. Una última oportunidad, por favor.

Respiró hondo. Su cabeza dijo “No. No seas tonta, Naiara. Esto te viene grande.”

-Vale, te la daré.

Pero su corazón tenía otros planes por lo visto. Después de hablar diez minutos más sobre ese asunto que los estaba matando, colgaron. Miró el reloj, eran las ocho. A las nueve había quedado pero sinceramente no tenía ganas. Su móvil vibró, suspiró y lo cogió.

-Dime.
-Espero que te estés preparando, eh.- Dijo Conso con una risita
-No creo que vaya.
-¿Qué?
-No me apetece.
-Sí, tienes que venir.
-No he tenido un buen día.
-¿Ha pasado algo?

Después de aquella pregunta que hizo que Naiara recordase todo y miles de lágrimas se volviesen agolpar en sus ojos, le contó todo a Conso intentando no llorar a través de aquel aparato.

-Tranquila, quizás por culpa de esta conversación todo vaya mejor. ¿Quién sabe?
-No lo sé.
-Anda, sal un rato. Te vendrá bien.
-Vale, saldré. Poco tiempo, eh.
-Sí, no te preocupes.

Después de aquella charla se duchó y se vistió. Un pantalón corto y una camisa vaquera junto a una trenza larga a un lado.
Caminó hasta casa de las chicas, estaba a 20 minutos.

-Hola chicas.- Dijo entrando como si fuerasu casa
-Hola.- Gritaron todas a la vez
-Eh, ¿Qué tal?- Dijo Daniel abrazando a Naiara
-Bien, supongo.
-No te trabes, deja de pensar por un momento.- Dijo regalándole una sonrisa dulce

Fueron al cine en varios coches, para ser exactos tres.
Al llegar compraron entradas y muchas chucherías.

Se sentó en la butaca 14 y miró la pantalla gigante, ya habían comenzado los anuncios. De repente Cristian vino a su mente y cada película junto a él también. El cine le recordaba mucho a él, el sitio en sí le recordaba a él. Tantas películas vistas, tantos besos y tantas caricias en mitad de la oscuridad.

-¿Por qué sonríes?- Dijo Lara mirándola con cara extraña
-Mmm... Por nada.- Sonrió falsamente
-Eres rara.
-Ya, lo sé.- Rió y soltó un suspiro

La película comenzó y en todas las horas que quedaban Naiara se quedó mirando fijamente a la pantalla pensando en todo menos en la película.



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Por cierto, vengo a deciros que subiré todos los Lunes y que solo hay 
DIEZ CAPÍTULOS. 


¡Besines de colores!

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