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Después de que
Naiara le colgase a Cristian esta se tiró en la cama, llorando.
Llorando una vez más por él, por el chico que tanto amaba. Por la
única persona que había sido capaz de enamorarla hasta las trancas,
por el causante de sus sonrisas y últimamente de sus lágrimas.
Intentaba parar de
llorar, intentaba tranquilizarse pero era imposible.
Se sentía
perdida, sentía que le faltaba algo en su vida y era evidente que
ese algo era él. Necesitaba que volviese, que la abrazase y le
dijese que todo está bien, que la ama realmente. Pero Naiara sabía
que eso no pasaría, que quizás la bonita historia de amor acabase
como una de las peores historias de amor que tendría en toda su
vida.
-Hola.- Dijo alguien entrando en su
habitación- ¿Otra vez, Naiara?- Se sentó a su lado
-No aguanto más.- Dijo abrazándole
fuerte y luego mirándole a los ojos para poder seguir hablándole-
No aguanto esto, joder. Mike, necesito verle.
-Lo sé, te entiendo pero no se
puede ¿Vale? No se puede, y tienes que tranquilizarte. Tranquila,
todo saldrá bien.
-No Mike, no saldrá bien.
-Sí. Confía en esto, ¿Vale?
La abrazó fuerte.
Escuchó como suspiró y la apretó más a él.
-¿Cuándo te vas?- Dijo Naiara
mirándole a los ojos
-Dentro de cinco horas.
-Te voy a echar de menos.
-En una semana vuelvo, te llamaré.
Ten cuidado, eh.
-Igualmente, espero que todo te vaya
bien. Suerte, mi niño.
-Gracias, feita.- La vuelve abrazar
Llamaron a la
puerta haciendo que Naiara y Mike se separasen. La madre de Naiara
entró, preocupada.
-¿Qué pasa?- Dijo la chica
mirándola con preocupación también
-Cariño, otra vez.
-¿Otra vez qué?
-Toma.- Dijo enseñándole una carta
y una rosa
-¡Venga ya!- Gritó- Mamá, ¿Sabes
algo?
-No, te prometo que no sé nada. De
verdad, joder.
-¿La leíste?
-No. Solo la rosa.
-¿Qué pone?
-Menos 99 junto al corazón.
-Mierda, mierda.- Grité.
La chica se
levantó de la cama, cogió la carta junto a la rosa. Su madre se
marchó de la habitación.
Naiara miró a
Mike, él le hizo una señal para que abriese la carta de una vez.
Dejó la rosa en el escritorio y se sentó en un pequeño sofá que
tenía en un rincón de su habitación.
“Menos
noventa y nueve.
Quedan
menos de noventa y nueve días para volver a verte, para decirte
mirándote
a
los ojos todo lo que siento y lo que estoy sintiendo. ¿Cómo te
sientes? Mis mariposas
comienzan
a revolotear por mi estómago y están nerviosas por besarte.”
-Esto debe ser una broma, joder.
-Que bonito.- Dijo Mike poniendo sus
manos en su boca
-¿Bonito?
-Naiara, sí. Lo es. Y no sé quien
está haciendo todo esto, pero se lo está currando.
-De verdad, no entiendo nada.
Se tiró en el
sofá, cerró los ojos y suspiró. Estaba hecha un lío, necesitaba
saber quien era el destinatario que le enviaba aquellas cartas.
-Me voy a volver loca, Mike.
-No te volverás loca, mira el lado
bueno.
-Espera, ¿Hay lado bueno?
-Claro. Dentro de 99 días sabrás
quien es.
-Son 99 días, chico.
-Te aguantas y te esperas, así es
la vida. Calma, paciencia.
-¿Y Cristian?
-Deja un momento de pensar en él, y
no le digas que recibes más cartas porque acabará peor de lo que
puede acabar. Relax.
-Dios, que difícil todo.
-Lo sé, pero así son las cosas. El
mundo no es una máquina de conceder deseos.
-No plagies a Augustus.- Dijo Naiara
tirándole un cojín en forma de corazón.
-Vaya cojín más feo.
-No es feo.
-Bueno, no es que sea feo si no que
no pega con el sofá. Rosa y rojo.
-Te aguantas y no miras, ush.- Dijo
la chica tapando su cara.
Mike se levantó y la abrazó fuerte.
Naiara no sabía que haría sin él.
-Oye, ¿Me acompañas a casa y luego
a coger el tren?
-Claro, no voy a dejarte abandonado
ahí, sin despedirme de ti.
-Oh.- Dijo dándole otro abrazo.
-Que pegajoso estás.
-Pero me quieres.
-Ya. Sí...
Le sacó la lengua, ella rió y se
dispusieron a caminar hacia su casa.
–
Con la gran maleta de Mike a cuestas
caminaron hacia la estación. Estaba preocupado, Naiara lo vio en su
rostro. Era todo o nada. Seguramente aquel chico de ojos color miel
sintiese un gran miedo a que posiblemente no pueda volver abrazar a
su hijo nunca más.
Naiara le dio la mano, la apretó y
susurró un “Tranquilo, todo saldrá bien”.
Frente a la estación nos encontrábamos
ya. Media hora para que él partiese. Tocaba despedirse.
-Llegamos.
-Sí.
-Bueno, pues dentro de una semana
nos vemos.
-Espero verte con Noah.
-Yo también lo espero.
-Te quiero mucho, cuídate.- Dijo
abrazándolo.
-Adiós feita. Te quiero.- Dijo
apretándole más a él.
Naiara vio por última vez como aquel
chico entraba en la estación. Ahora todo sería diferente sin él.
Volvió a casa, quería descansar.
–
-Hola mamá.- Gritó
-No grites, tu hermana duerme.
-Vale, perdón. Voy a la cama.
-Hasta mañana, cariño.- Dijo
Candelaria depositándole un beso sonoro a su hija
–
-¿Lo enviaste?
-Sí.
-¿Seguro?
-Que sí, que ya lo envié.
-Te debo mucho por todo lo que estás
haciendo, tío. Gracias, de verdad.
-Para eso están los colegas, ¿No?
-Me alegro tanto de haberte
conocido.
-Nada, joder. Esto es poco para lo
que te mereces.
-¿Se lo estará tomando bien?
-Sí, seguramente. Quizás la estés
rayando un poco.
-Eso es bueno. Muy bueno.- Dijo el
chico riendo
-Anda, te cuelgo. Adiós.
-Adiós, chaval.
Le colgó. Hacía bastante tiempo que
no sabía nada de él, casi ni le recordaba. Hace poco que volvió a
contactar con él y se le ocurrió ese gran idea. Cuando Naiara lo
vea allí, delante de ella y sepa que es él quien manda todas esas
cartas fijó que le amará eternamente, o eso pensaba el chico.
–
Se despertó en mitad de la noche, el
corazón le iba a cien. No sabía por qué estaba tan nerviosa. Eran
las dos de la mañana, y se le había pasado el sueño.
Encendió el portátil y entró en
Twitter. Cristian acababa de Twittear, hoy tenía concierto en
Dallas. Su pueblo. Hacía tiempo que él no pisaba su pueblo. Quizás
estuviese muy feliz allí.
Había retwiteado a unas cuantas fans,
todas estaban tan nerviosas de poder verle. Le recordaba muchísimo a
su hermana, cuando se ponía a saltar, gritar y cantar por toda la
casa, cuando los nervios no la dejaban dormir e incluso a veces, la
hacían llorar.
En parte echaba de menos ver a su
pequeña así, sentía que le faltaba algo. Le faltaba aquella
ilusión de despertar por la mañana sabiendo que lo verá y la
tristeza de dormirse sabiendo que se fue.
Naiara suspiró. Apagó el portátil y
lo dejó en suelo. Intentaría dormir ya que mañana tenía clases.
–
-¿Qué pasó, Dallas?- Gritó
haciendo que la gente comenzase a gritar junto a él-¿Preparados
para bailar? ¡Go, deejay!
Comenzó con “Oye niña”, la gente
bailaba y cantaba sin parar. Él meneaba sus caderas, se motivaba y
saltaba.
Después de dos canciones Cristian tuvo
la necesitad de parar, sintió que le faltaba el aire, que no podía
más. Tuvo que salir del escenario, mientras Bady pinchaba varias
canciones para así distraer a la gente y que no se pusiesen
eufóricas porque su ídolo se había tenido que marchar unos
minutos.
-¿Qué pasó, hijo?- Dijo Keli
mientras le quitaba el vaso de agua de las manos y lo dejaba en una
mesa
-Nada, no sé. Sentí que me faltaba
el aire, me va el corazón muy rápido.
-¿Es la pelea de antes?
-¿Qué pelea?
-Lo escuché todo perfectamente,
hijo. No estás bien con ella, ¿verdad?
-No.- Miró al suelo, era incapaz de
mirarla a los ojos y si lo hacía iba a llorar y no poco
-Debes intentar solucionarlo.
-No sé como, en serio. No sé que
coño hacer ya para parar esto, para frenar un poco, para que acaben
las peleas, los malos rollos. Peleamos todos los días, no hay ni un
día que acabemos con un te quiero.
-Algo estáis haciendo mal.
-Seguir.- Soltó sin pensar.
-¿En serio piensas eso?- Preguntó
No respondió, siguió mirando al
suelo. Se sentía perdido.
-¿En serio piensas eso?- Volvió a
preguntar- Contesta.
-No sé.
-¿No sabes?
-No.
-Mírame.- El chico negó con la
cabeza ante esto- Mírame.- Gritó. Él la miró- Si piensas eso vas
mal, vais mal, porque piensas que estáis haciendo mal el estar
juntos, ¿Sabes que significa?- Negó- Que vuestra relación se está
quemando poco a poco, y que si no le ponéis una solución morirá
para siempre.- Se encogió de hombros- Parece que todo te da igual,
de verdad.- Dijo cabreada
-No me da igual, pero es que no sé
que coño hacer. Te lo juro, eh. Intento que esto siga, lo intento de
verdad pero no puedo hacer nada para que no nos peleemos, para que
esto siga funcionado. Las relaciones a distancia no existen, no se
puede estar con alguien así.
-Sí.
-No.
-Hijo, que sí. Si vuestro amor es
más fuerte que los kilómetros sí, si por el contrario no,
acabaréis.
Se tapó la cara y respiró. Le dijeron
que debía salir. No quería cantar, de verdad que no quería.
-Tranquilo, sigue cantando. No
pienses en ello, ¿Vale?- Dijo dándole un beso en la mejilla
Volvió a entrar al escenario, todos
gritaron su nombre y movieron sus manos. Sonrió y comenzó a cantar.
Tenía que terminar lo que había empezado por todas esas personas
que caminaban junto a él cada día.
Después de media hora el concierto
había terminado, las pequeñas Flanders corrieron hacia él y le
abrazaron fuerte.
-Lo has hecho genial.- Dijo Daisy
-Gracias, enanas.
Le volvieron abrazar fuerte y corrieron
al lado de su madre, quien le sonrió y le susurró un gracias.
–
Llegó a “casa” más cansado que
nunca, Bady se había tirado en la cama hace diez minutos y ya estaba
roncando. Salió al balcón, se sentó en una silla blanca de
plástico y se quedó con la mirada totalmente perdida. Estaba hecho
un lío, no sabía que hacer. Quería arreglar todo pero le era
imposible, y comenzaba a creer que esta relación no duraría mucho.
Le dolía muchísimo el corazón, el alma y cada parte de su ser.
Nadie sabía cuanto la echaba de menos.
Cuanto añoraba que corriera hacia él y lo abrazase fuerte, que le
mordiese, que le hiciese rabiar, que le bese cada parte de su cuerpo
y que él le diga que pare, que le está mareando con tanto beso
sonoro.
Echaba de menos su sonrisa, la sonrisa
de niña buena. Sus enfados, sus ojos llenos de ilusión por algo. El
levantarse y verla a su lado completamente desnuda. Que lo mirase, lo
besase y le dijese cuanto lo quería.
Lo peor de todo es que ella pensaba que
él ya no sentía nada por ella, que no se le revolucionaba el
corazón y las mariposas volvían a nacer al escuchar su voz a través
del teléfono, al verla por una cam o al leer un simple tweet.
–
Abrió sus ojos, estiró cada músculo
de su cuerpo y se quedó un rato más mirando el techo blanco de su
habitación. Se levantó para asearse rápido, iba a llegar tarde.
Diez minutos después le sonrió al
espejo y salió de su habitación.
-Buenos días.
-Buenos días, hija.
-Buenas Hermanita.- Dijo con una
dulce sonrisa
Desayunó rápido y corrió; iba a
perder el autobús. Llegó bastante asfixiada, pero le dio tiempo.
-Hola.- Dijo con una sonrisa
-Hola señorita.- Dijo agarrando su
bono bus-Pase un buen viaje.
Se sentó en uno de los sillones y miró
por la ventana.
Diez minutos después el autobús
volvió a parar para así recoger a más gente. Entró una pareja y
se
sentó a seis pasos de ella, más o
menos. Sonrió al verlos y murió de envidia.
Se besaban, hablaban, se picaban, y
reían juntos. Le recordaba a Cristian y a ella. Cristian. Ya volvió
a su mente, no podía parar de pensar en él. La conversación de
ayer estuvo bastante mal, aunque no es nada nuevo.
–
-¿Entendido?- Gritó aquel profesor
canoso haciendo que retumbase las paredes
-Sí profesor.- Dijeron todos
Corrieron escaleras abajo y salieron al
patio. Tenían ganas de tomar muchas fotos y así lo hizo cada
alumno.
Una foto aquí, una foto allá. Otra,
otra y otra más.
-Mire profesor.- Dijo Naiara
enseñándole las fotos.
-Perfecto señorita. ¿Terminaste?
-Sí.
-Pues siéntese en aquel banco y
espere mientras.
-Vale.
Se sentó en un banco rojo que pintaron
los alumnos de PCPI hace unos días. Todavía olía a pintura y su
textura era muy suave. Colocó la mochila a su lado y guardó su
cámara. Sacó el móvil y observó que tenía dos whatsapps de Mike.
“Llegué” le dijo el chico añadiendo corazones y caritas
sonrientes. “Vale, ten cuidado. Ya me cuentas cariño” dijo
Naiara añadiendo corazones de colores.
Naiara rezaba para que todo saliese
bien y pudiese volver con su hijo de la mano.
Después de esperar media hora más,
que se le hicieron eternas por cierto, por fin el profesor los dejó
salir. Caminó con pesadez, mucha pesadez. Creía que si no caminaba
más rápido perdería el bus. Aligeró el paso y llegó justo a
tiempo. Subió los dos escalones de aquel autobús celeste, entregó
su bono-bus y se sentó. Colocó sus auriculares y comenzó a sonar
una canción de Cristian, perfecto. Tan oportuna la vida como
siempre, eh. Su móvil vibró, era Conso.
-¿Te apuntas al cine esta tarde?
Pensó si tenía planes pero era obvio
que no tenía.
-Claro que sí.
-A las nueve en mi casa, se puntual.
-Vale, cariño.
-Luego hablamos, amor.- Añadió
corazones de muchos colores.
Bloqueó el móvil. Comenzó a sonar
una canción de Sweet California. Las lágrimas se agolparon en sus
ojos, se comenzó agobiar y sintió una gran necesidad de salir del
autobús. Se levanté y sin pensarlo le dijo al chofer que parase.
Necesitaba tomar aire fresco, necesitaba sentirse libre.
Naiara saltó los dos escalones del
autobús y comenzó a correr, de repente, comenzó a sentirse
pérdida. No tenía ni idea de donde estaba pero ella seguía
corriendo, quería escapar de todo lo que estaba sintiendo y pensó
que esa era la solución, que el correr la liberaría de sus
problemas.
Las lágrimas comenzaron a salir de sus
ojos, casi no podía respirar y la maldita canción de Sweet
California seguía sonando en sus oídos. Acababa y volvía a
empezar.
No. No. No.
Para. Para. Para.
Se decía una y otra vez.
Gritó fuerte, muy fuerte. Arrancó los
auriculares de sus oídos y miró al frente, un grupo de personas la
miraban preocupados. No decían nada, solo miraban. Sintió que el
mundo entero había venido a verla llorar y sufrir en ese instante.
Naiara los miró por última vez, intentó coger todo el aire posible
y volvió a correr.
Llegó a un parque y se sentó en un
banco, respiró varias veces para así poder tranquilizarse. Quitó
las lágrimas de sus ojos y miró al frente. Su cabeza seguía
pensando en cada frase de la canción.
¿Por qué se produjo todo eso en ella?
¿Por qué sintió que él se había ido si se suponía que seguían
juntos? ¿Por qué sentía que ya no estaban juntos y que esa
historia bonita había acabado?
“Se
que todo se me fue y vuelvo a ser la rara” sonaba una y
otra vez en su cabeza mientras caminaba hacia su casa, no quería
coger el autobús.
Llegó a casa
cansada. Muy cansada. Se tiró en la cama y volvió a llorar. No
podía seguir así, no podía.
Cogió su teléfono
y lo llamó, segundos después lo cogió.
-Hola.
-Hola.- Dijo aguantando sus lágrimas
al escuchar su dulce voz
-¿Bien?
“No Cristian,
esa maldita pregunta no por favor.”
-Supongo.
-¿Qué pasa?
Díselo Naiara,
dile todo.
-No puedo seguir, Cristian.
-¿Qué?
-No puedo.
-¿No puedes? Naiara, ¿Qué dices?
-No puedo seguir, simplemente no
puedo. Esto me está superando, ¡Me ha entrado un ataque de ansiedad
en el autobús por una maldita canción que me recordaba a nosotros!
-¿Por eso me quieres dejar? ¿Por
una canción?
-No. Te dejo porque no puedo estar
sin ti, sin tus besos, tus abrazos, tus mimos, tus enfados. Esto se
ha quemado y lo sabes, siempre estamos peleados Cristian. Es mejor
acabar, ¿no?
-No. No quiero, me niego.
-Cristian...
-Naiara, por favor. Una última
oportunidad, por favor.
Respiró hondo. Su
cabeza dijo “No. No seas tonta, Naiara. Esto te viene grande.”
-Vale, te la daré.
Pero su corazón
tenía otros planes por lo visto. Después de hablar diez minutos más
sobre ese asunto que los estaba matando, colgaron. Miró el reloj,
eran las ocho. A las nueve había quedado pero sinceramente no tenía
ganas. Su móvil vibró, suspiró y lo cogió.
-Dime.
-Espero que te estés preparando,
eh.- Dijo Conso con una risita
-No creo que vaya.
-¿Qué?
-No me apetece.
-Sí, tienes que venir.
-No he tenido un buen día.
-¿Ha pasado algo?
Después de
aquella pregunta que hizo que Naiara recordase todo y miles de
lágrimas se volviesen agolpar en sus ojos, le contó todo a Conso
intentando no llorar a través de aquel aparato.
-Tranquila, quizás por culpa de
esta conversación todo vaya mejor. ¿Quién sabe?
-No lo sé.
-Anda, sal un rato. Te vendrá bien.
-Vale, saldré. Poco tiempo, eh.
-Sí, no te preocupes.
Después de
aquella charla se duchó y se vistió. Un pantalón corto y una
camisa vaquera junto a una trenza larga a un lado.
Caminó hasta casa
de las chicas, estaba a 20 minutos.
-Hola chicas.- Dijo entrando como si
fuerasu casa
-Hola.- Gritaron todas a la vez
-Eh, ¿Qué tal?- Dijo Daniel
abrazando a Naiara
-Bien, supongo.
-No te trabes, deja de pensar por un
momento.- Dijo regalándole una sonrisa dulce
Fueron al cine en
varios coches, para ser exactos tres.
Al llegar
compraron entradas y muchas chucherías.
Se sentó en la
butaca 14 y miró la pantalla gigante, ya habían comenzado los
anuncios. De repente Cristian vino a su mente y cada película junto
a él también. El cine le recordaba mucho a él, el sitio en sí le
recordaba a él. Tantas películas vistas, tantos besos y tantas
caricias en mitad de la oscuridad.
-¿Por qué sonríes?- Dijo Lara
mirándola con cara extraña
-Mmm... Por nada.- Sonrió
falsamente
-Eres rara.
-Ya, lo sé.- Rió y soltó un
suspiro
La película
comenzó y en todas las horas que quedaban Naiara se quedó mirando
fijamente a la pantalla pensando en todo menos en la película.
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Por cierto, vengo a deciros que subiré todos los Lunes y que solo hay
DIEZ CAPÍTULOS.
¡Besines de colores!

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