jueves, 5 de diciembre de 2013

Capítulo 12+1. - Te encontré en New York. {T1}


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Le abracé. Sonreí. Este no entendía nada, me levanté y le dije un “corre, ven”. Este desganado me persiguió. Con cuidado fui a mi habitación, me tiré al suelo y cogí una guitarra.

-¿Qué haces?
-Escucha.
-¿Qué?

Me senté en el suelo y cogí bien la guitarra. Vamos allá.

-Me muero por abrazarte y que me abraces tan fuerte, me muero por divertirte y que me beses cuando despierte acomodada en tu pecho hasta que el sol aparezca me voy perdiendo en tu aroma, me voy perdiendo en tus labios que se acercan susurrando palabras que llegan de este pobre corazón...Voy sintiendo el fuego en mi interior...- Canté con lágrimas en los ojos y al compás de la guitarra. Esta canción me recordaba muchísimo a él.

Después de esa última frase de la canción nos quedamos en silencio, yo paré de tocar. Creo que no había sido buena idea y de repente, comenzó a cantar. Siguió la canción y yo comencé a tocar la guitarra una vez más.

-Me muero por conocerte saber que es lo que piensas, abrir todas tus puertas y vencer esas tormentas que nos quieran abatir, centrar en tus ojos mi mirada, cantar contigo al alba, besarnos hasta desgastarnos nuestros labios...
-Y ver tu rostro cada día, crecer esa semilla, crear, soñar, dejar todo surgir...
-Apartando el miedo a sufrir.- Y aquella frase la dijimos a la vez.

Nos miramos. Mis mofletes se pusieron de color rojo, quemaba. Este sonrió y acarició mi cara.

-Ven.- Susurró.

Dejé la guitarra a un lado y me acerqué más.

-Sube.

Me subí encima suya y nos miramos. Rozó mis labios y yo cerré los ojos. Me encantaba tenerlo cerca, sentirlo, olerlo. Abrí los ojos y clavé mi mirada en sus ojos verdes. Eran mis ojos preferidos. Los únicos ojos que me hacían sentir escalofríos. Sonrió. Sonreí.

-¿Qué?
-Nada.
-¿Desde cuando tocas?- Dijo todavía cerca de mi boca.
-Desde hace tiempo, todavía no conocías eso de mí eh.- Dije alejándome un poco.
-No. Pero ahora te conoceré más a profundo, ¿no?- Dijo pegándome a él.
-¿Por qué?
-Porque serás mi chica.
-No puedo, Cristian.
-Ayer dijiste que lo pensarías.
-Y lo pensé.- Dije alejándome.
-¿Por qué no? No entiendo nada, joder.
-Porque estamos lejos, tenemos vidas totalmente diferentes. El mundo, el destino y todas estas cosas no quieren que estemos juntos y yo creo que no hemos nacido para estar juntos.
-Eres mi media naranja.

Esto me hizo sonreír.

-No. No lo soy.
-¿Te gustan las naranjas?

No sé a que vino eso pero me hizo gracia.

-No, no me gustan.
-Pues entonces serás mi medio limón.
-Tampoco me gustan.
-¿Y el chocolate?
-Mmmm.- Dije mojando mis labios.- Eso sí.
-Pues entonces serás mi media tableta de chocolate.

Reí a carcajadas ante tal tontería. Era increíble.

-¿Por qué te ríes?
-Porque has dicho una tontería.
-Eres mi media tableta de chocolate, y es así. Y me da igual lo que diga el destino.
-Cristian...
-Cállate ya, joder.- Dijo besándome.

Me besó con tanta pasión que quedamos completamente tirados en el suelo, él encima y yo abajo. Agarré su cuello con fuerza y lo besé con más pasión todavía. Mordí su labio, su cuello. Este acariciaba cada parte de mi cuerpo haciendo que me entrasen escalofríos. Me miró fijamente y sonrió.

-Me quieres, ¿Verdad?
-Sí. Sí te quiero.- Dije tragando saliva a causa de los nervios.
-¿De verdad?
-Sí.
-¿Mucho?
-Muchísimo.

Este rió y volvió a besarme.

-¿Y tú? ¿Me quieres?
-Sí.
-¿Mucho?
-Muchísimo.

Sonreí. Lo pegué más a mí y lo volví a besar. Sus manos volvían a recorrer cada parte de mi cuerpo y yo me sentía cada vez más y más nerviosa y con más ganas de morderlo, besarlo, tocarlo.

-

La acariciaba. La mordía. La besaba. Me mordía. Me besaba. Y de repente la puerta se abrió. Yo miré, ella giró la cabeza. Rápidamente nos quitamos y nos levantamos, no sabíamos que decir. La habíamos liado.

-Directora...Esto...
-Calle Señorita, os habéis metido los dos en un buen lío. ¿Y de que vas tú muchacho? Estaba con una menor, en la habitación de ella, ¡Está prohibido!
-Señora, a ver...
-Íbamos a contratarle una vez más pero que sepas que tiene prohibida la entrada aquí.- Dijo mirándome. Luego, miró a Naiara.- Y usted Señorita, está expulsada.
-¿Qué?- Gritó esta.
-No señora, no. Ha sido mi culpa.
-Dos no hacen nada si uno no quiere, ¿A caso la estaba obligando?
-No.- Gritamos a la vez.
-Haga sus maletas, y usted caballero igual. Fuera de aquí los dos.

La directora de aquella universidad se marchó, Naiara se tiró al suelo y agachó su cabeza.

-Mierda. Mierda.
-Perdón.- Dije sentándome a su lado.
-No ha sido tu culpa, ha sido la mía. Yo te traje, te canté.
-Pero yo te seguí.
-Tú no empezaste nada, lo siento.
-No sientas nada.
-Lo peor que si vuelvo a casa mi madre se cabreará muchísimo y Dios...
-Le caigo bien.
-Sí, le caes bien. Pero estaba contigo, en el suelo, besándonos, tocándonos.
-Para para.
-¿Qué?
-Que me van a entrar ganas de comerte, bueno, intentar comerte y se va a liar más.
-Eres tonto.
-Ya.
-Pf.
-¿Y si te vienes?
-¿estás loco?
-En serio. Vente conmigo y con Bady. Estarás con nosotros, como si estuvieses aquí ¿entiendes?
-Cristian...
-O eso, o decirle la verdad y que te castigue de por vida.

Mi móvil vibró, era Bady.

-Ya me dices. Prepara la maleta, anda.

-

Cristian se marchó de allí. Las chicas volvieron, mientras hacía la maleta les contaba todo. Me despedí de ellas.

-Tía.
-Dime Conso.
-Hazlo.
-No sé.
-Hazlo. Tu corazón dice eso, mírate.

Yo sonreí y salí de la habitación 214. Me despedí de los profesores y hasta de la directora, esta dijo que el amor en la universidad no eran buenos compañeros.

-

Llegué a la habitación. Bady ya se había enterado. Estaba hecho una furia.

-¿Eres tonto? ¿No te dije que tuvieses cuidado?
-Estábamos en la habitación, solos.
-¡En una universidad donde están prohibido chicos-chicas en la misma habitación, estúpido!
-No pasa nada, joder.
-No volveremos más aquí.
-Pues nada. Le dije a Naiara que se viniese.
-Espera, espera ¿Qué?
-Su madre la castigaría y me siento culpable, deja que se venga esta dos semanas conmigo por favor...
-Cristian.
-Por favor.
-Vale. Si ella acepta, vale. Cuidado, por favor.
-Que sí, que sí.
-Anda vamos.

Cogimos las maletas y salimos del edificio. Naiara esperaba en la puerta de la Universidad.

-Eh.- Dije dejando las maletas en el suelo y mirándola.
-Hola.
-¿Que harás?
-Vamos, anda.
-¿Vienes?
-Sí.
-¿En serio?
-Sí.

Grité y la cogí en brazos dándole vueltas.

-Anda vamos, no se vaya a liar más.- Dijo Bady.

Subimos a nuestro coche, primero dejamos las maletas en el maletero obviamente.

-¿Dónde vamos?
-Nos toca coger avión, en dos días actúo en China.
-¿China? Está lejos.
-Naiara.
-Para para. Quiero irme a casa.
-Naiara.
-Para joder.

Bady frenó en seco. Nos miramos y la miramos. Estaba preocupada.

-Bady, avanza más hasta llegar aquel campo.
-Cristian.
-Espera, allí hablaremos. Tranquila.

Llegamos al campo. Como es normal estaba lleno de árboles, plantas y césped. Obviamente. Bady paró y yo me bajé con Naiara. Nos pusimos detrás de un árbol.

-Naiara, escúchame.
-Cristian no, vamos a China joder. ¡CHINA!
-¿Y qué? Tienes autorización de tus padres, el pasaporte ¡no hay problema!
-¿Y si me pillan? Lo peor de todo es que si se entera de que mis padres realmente no me autorización a venir aquí, contigo, se lía más Cristian. Y tú puedes acabar mal y no quiero ¿vale?
-Naiara, no va a pasar nada. NADA.
-No Cristian, no.
-Naiara.
-Llévame a casa, por favor.
-¿ya?
-Claro.
-¿Otra vez?
-¿Otra vez qué?
-Que por una puta vez podría conocerte bien, a fondo. Son dos semanas, quizás sea poco para conocer a alguien pero mejor seguro que te conocería. Te veo un día, otro, y nos separamos.
-Así sería nuestra vida si estuviésemos juntos.
-Sería diferente.
-Créeme que no.
-Anda vamos.

-

¿Y si me arriesgo?

-Cristian.
-¿Qué?
-Voy arriesgarme pero prométeme que si llega a pasar algo tú no saldrás perjudicado.
-Te lo prometo.- Dijo suspirando.
-Vamos, anda.
-Vamos.


Me subí al coche y me quedé profundamente dormida.

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