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Le abracé.
Sonreí. Este no entendía nada, me levanté y le dije un “corre,
ven”. Este desganado me persiguió. Con cuidado fui a mi
habitación, me tiré al suelo y cogí una guitarra.
-¿Qué haces?
-Escucha.
-¿Qué?
Me senté en el
suelo y cogí bien la guitarra. Vamos allá.
-Me muero por abrazarte y que me
abraces tan fuerte, me muero por divertirte y que me beses cuando
despierte acomodada en tu pecho hasta que el sol aparezca me voy
perdiendo en tu aroma, me voy perdiendo en tus labios que se acercan
susurrando palabras que llegan de este pobre corazón...Voy sintiendo
el fuego en mi interior...- Canté con lágrimas en los ojos y al
compás de la guitarra. Esta canción me recordaba muchísimo a él.
Después de esa
última frase de la canción nos quedamos en silencio, yo paré de
tocar. Creo que no había sido buena idea y de repente, comenzó a
cantar. Siguió la canción y yo comencé a tocar la guitarra una vez
más.
-Me muero por conocerte saber que es
lo que piensas, abrir todas tus puertas y vencer esas tormentas que
nos quieran abatir, centrar en tus ojos mi mirada, cantar contigo al
alba, besarnos hasta desgastarnos nuestros labios...
-Y ver tu rostro cada día, crecer
esa semilla, crear, soñar, dejar todo surgir...
-Apartando el miedo a sufrir.- Y
aquella frase la dijimos a la vez.
Nos miramos. Mis
mofletes se pusieron de color rojo, quemaba. Este sonrió y acarició
mi cara.
-Ven.- Susurró.
Dejé la guitarra
a un lado y me acerqué más.
-Sube.
Me subí encima
suya y nos miramos. Rozó mis labios y yo cerré los ojos. Me
encantaba tenerlo cerca, sentirlo, olerlo. Abrí los ojos y clavé mi
mirada en sus ojos verdes. Eran mis ojos preferidos. Los únicos ojos
que me hacían sentir escalofríos. Sonrió. Sonreí.
-¿Qué?
-Nada.
-¿Desde cuando tocas?- Dijo todavía
cerca de mi boca.
-Desde hace tiempo, todavía no
conocías eso de mí eh.- Dije alejándome un poco.
-No. Pero ahora te conoceré más a
profundo, ¿no?- Dijo pegándome a él.
-¿Por qué?
-Porque serás mi chica.
-No puedo, Cristian.
-Ayer dijiste que lo pensarías.
-Y lo pensé.- Dije alejándome.
-¿Por qué no? No entiendo nada,
joder.
-Porque estamos lejos, tenemos vidas
totalmente diferentes. El mundo, el destino y todas estas cosas no
quieren que estemos juntos y yo creo que no hemos nacido para estar
juntos.
-Eres mi media naranja.
Esto me hizo
sonreír.
-No. No lo soy.
-¿Te gustan las naranjas?
No sé a que vino
eso pero me hizo gracia.
-No, no me gustan.
-Pues entonces serás mi medio
limón.
-Tampoco me gustan.
-¿Y el chocolate?
-Mmmm.- Dije mojando mis labios.-
Eso sí.
-Pues entonces serás mi media
tableta de chocolate.
Reí a carcajadas
ante tal tontería. Era increíble.
-¿Por qué te ríes?
-Porque has dicho una tontería.
-Eres mi media tableta de chocolate,
y es así. Y me da igual lo que diga el destino.
-Cristian...
-Cállate ya, joder.- Dijo
besándome.
Me besó con tanta
pasión que quedamos completamente tirados en el suelo, él encima y
yo abajo. Agarré su cuello con fuerza y lo besé con más pasión
todavía. Mordí su labio, su cuello. Este acariciaba cada parte de
mi cuerpo haciendo que me entrasen escalofríos. Me miró fijamente y
sonrió.
-Me quieres, ¿Verdad?
-Sí. Sí te quiero.- Dije tragando
saliva a causa de los nervios.
-¿De verdad?
-Sí.
-¿Mucho?
-Muchísimo.
Este rió y volvió
a besarme.
-¿Y tú? ¿Me quieres?
-Sí.
-¿Mucho?
-Muchísimo.
Sonreí. Lo pegué
más a mí y lo volví a besar. Sus manos volvían a recorrer cada
parte de mi cuerpo y yo me sentía cada vez más y más nerviosa y
con más ganas de morderlo, besarlo, tocarlo.
-
La acariciaba. La
mordía. La besaba. Me mordía. Me besaba. Y de repente la puerta se
abrió. Yo miré, ella giró la cabeza. Rápidamente nos quitamos y
nos levantamos, no sabíamos que decir. La habíamos liado.
-Directora...Esto...
-Calle Señorita, os habéis metido
los dos en un buen lío. ¿Y de que vas tú muchacho? Estaba con una
menor, en la habitación de ella, ¡Está prohibido!
-Señora, a ver...
-Íbamos a contratarle una vez más
pero que sepas que tiene prohibida la entrada aquí.- Dijo mirándome.
Luego, miró a Naiara.- Y usted Señorita, está expulsada.
-¿Qué?- Gritó esta.
-No señora, no. Ha sido mi culpa.
-Dos no hacen nada si uno no quiere,
¿A caso la estaba obligando?
-No.- Gritamos a la vez.
-Haga sus maletas, y usted caballero
igual. Fuera de aquí los dos.
La directora de
aquella universidad se marchó, Naiara se tiró al suelo y agachó su
cabeza.
-Mierda. Mierda.
-Perdón.- Dije sentándome a su
lado.
-No ha sido tu culpa, ha sido la
mía. Yo te traje, te canté.
-Pero yo te seguí.
-Tú no empezaste nada, lo siento.
-No sientas nada.
-Lo peor que si vuelvo a casa mi
madre se cabreará muchísimo y Dios...
-Le caigo bien.
-Sí, le caes bien. Pero estaba
contigo, en el suelo, besándonos, tocándonos.
-Para para.
-¿Qué?
-Que me van a entrar ganas de
comerte, bueno, intentar comerte y se va a liar más.
-Eres tonto.
-Ya.
-Pf.
-¿Y si te vienes?
-¿estás loco?
-En serio. Vente conmigo y con Bady.
Estarás con nosotros, como si estuvieses aquí ¿entiendes?
-Cristian...
-O eso, o decirle la verdad y que te
castigue de por vida.
Mi móvil vibró,
era Bady.
-Ya me dices. Prepara la maleta,
anda.
-
Cristian se marchó
de allí. Las chicas volvieron, mientras hacía la maleta les contaba
todo. Me despedí de ellas.
-Tía.
-Dime Conso.
-Hazlo.
-No sé.
-Hazlo. Tu corazón dice eso,
mírate.
Yo sonreí y salí
de la habitación 214. Me despedí de los profesores y hasta de la
directora, esta dijo que el amor en la universidad no eran buenos
compañeros.
-
Llegué a la
habitación. Bady ya se había enterado. Estaba hecho una furia.
-¿Eres tonto? ¿No te dije que
tuvieses cuidado?
-Estábamos en la habitación,
solos.
-¡En una universidad donde están
prohibido chicos-chicas en la misma habitación, estúpido!
-No pasa nada, joder.
-No volveremos más aquí.
-Pues nada. Le dije a Naiara que se
viniese.
-Espera, espera ¿Qué?
-Su madre la castigaría y me siento
culpable, deja que se venga esta dos semanas conmigo por favor...
-Cristian.
-Por favor.
-Vale. Si ella acepta, vale.
Cuidado, por favor.
-Que sí, que sí.
-Anda vamos.
Cogimos las
maletas y salimos del edificio. Naiara esperaba en la puerta de la
Universidad.
-Eh.- Dije dejando las maletas en el
suelo y mirándola.
-Hola.
-¿Que harás?
-Vamos, anda.
-¿Vienes?
-Sí.
-¿En serio?
-Sí.
Grité y la cogí
en brazos dándole vueltas.
-Anda vamos, no se vaya a liar más.-
Dijo Bady.
Subimos a nuestro
coche, primero dejamos las maletas en el maletero obviamente.
-¿Dónde vamos?
-Nos toca coger avión, en dos días
actúo en China.
-¿China? Está lejos.
-Naiara.
-Para para. Quiero irme a casa.
-Naiara.
-Para joder.
Bady frenó en
seco. Nos miramos y la miramos. Estaba preocupada.
-Bady, avanza más hasta llegar
aquel campo.
-Cristian.
-Espera, allí hablaremos.
Tranquila.
Llegamos al campo.
Como es normal estaba lleno de árboles, plantas y césped.
Obviamente. Bady paró y yo me bajé con Naiara. Nos pusimos detrás
de un árbol.
-Naiara, escúchame.
-Cristian no, vamos a China joder.
¡CHINA!
-¿Y qué? Tienes autorización de
tus padres, el pasaporte ¡no hay problema!
-¿Y si me pillan? Lo peor de todo
es que si se entera de que mis padres realmente no me autorización a
venir aquí, contigo, se lía más Cristian. Y tú puedes acabar mal
y no quiero ¿vale?
-Naiara, no va a pasar nada. NADA.
-No Cristian, no.
-Naiara.
-Llévame a casa, por favor.
-¿ya?
-Claro.
-¿Otra vez?
-¿Otra vez qué?
-Que por una puta vez podría
conocerte bien, a fondo. Son dos semanas, quizás sea poco para
conocer a alguien pero mejor seguro que te conocería. Te veo un día,
otro, y nos separamos.
-Así sería nuestra vida si
estuviésemos juntos.
-Sería diferente.
-Créeme que no.
-Anda vamos.
-
¿Y si me
arriesgo?
-Cristian.
-¿Qué?
-Voy arriesgarme pero prométeme que
si llega a pasar algo tú no saldrás perjudicado.
-Te lo prometo.- Dijo suspirando.
-Vamos, anda.
-Vamos.
Me subí al coche
y me quedé profundamente dormida.
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