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-Se durmió.
-Sí, está cansada.
-Normal.- Dijo riendo y con
intención de dar a entender algo.
-No.
-¿No?
-No.
-¿No dio tiempo?
-No lo íbamos hacer, Bady.
-Ya ya.
Lo miré mal y
miré hacia atrás. Estaba dormida, y seguía igual de preciosa que
siempre. Cogí una manta y se la eché por encima, todavía nos
quedaba una hora para llegar al aeropuerto.
-¿Cómo será China?
-Grande. Llena de gente. Intoxicada.
Lo típico.
-¿Y si me matan?
-¿Por qué te van a matar?
-Que hay mucha gente, tío.
-Tío que son buenas personas,
joder.
-Nunca había ido a un sitio con
tanta gente ¿sabes?
-Pues ya sí. ¿Preparado?
-No mucho.- Dije tragando saliva.
Después de una
hora llegamos al aeropuerto. Mientras Bady bajaba las maletas yo
despertaba a Naiara.
-Eh pequeña, arriba.
-¿Ya?
-Sí, ya.
Hicimos todo lo
que teníamos que hacer y nos subimos en el avión. Naiara estaba al
lado de la ventana, yo en medio y Bady a mi lado.
-¿Lista?
-Creo que sí.- Dijo agarrando mi
mano.
Llegamos a nuestro
destino. Por fin.
-¿Dónde vamos?
-Al Hotel.
-¿Dónde duermo?
-Conmigo, Bady tiene otra
habitación.
-Ah. Guay.- Dijo sonriendo.
Llegamos al Hotel.
-A las tres nos vemos para almorzar,
¿vale?
-Vale.- Dijimos los dos a la vez.
Naiara se quitó
los zapatos y dio vueltas por toda la habitación, le encantaba por
lo visto.
-Que bonita.
-Sí.- Dije quitándome los zapatos
y poniéndome cómodo.
Se asomó al
balcón, yo fui tras ella.
-¿Te gustan las vistas?- Dije
agarrándola de la cintura.
-Sí. Son bonitas.- Dijo dándose la
vuelta y mirándome.
Nos miramos, esta
sonrió.
-¿Qué?
-Nada.
-Sonreíste.
-Ya. Es que esto es surrealista.
-Lo es, es bastante surrealista.
-Pienso que me pueden pillar y...
-No lo pienses, simple.
-Claro, que fácil decirlo.
-Pues sí.
Acercó más su
cara, me miró y me besó.
-Jáh.- Dijo yéndose para dentro.
Se tiró en la
cama y cogió su móvil.
-¿Qué haces?
-Twitear, que tengo Twitter
abandonado.
-Deberías seguirme.
-No.
-Sí.
-No.
-Que sí, jo.- Dije poniendo
pucheros.
-Que no.
Le quité el
móvil, esta gritó.
-Ya me seguí.
-¡Que tramposo!
-¡Sí, vivo al límite!- Grité.
Naiara comenzó a
reír.
-Oye, ¿Y si te duchas? Te duchas,
me ducho y vemos alguna película en el portátil. ¿Te parece?
-Me parece.- Dijo bajándose de la
cama y cogiendo algo de ropa.
Busqué alguna
película, y la puse a que cargase. El internet no iba rápido, la
verdad.
Puse el portátil
en la mesa y me tiré en la cama. Mis ojos se fueron cerrando poco a
poco.
-
Entré en la
ducha. Estaba feliz. Tenía miedo por una parte, porque si mi madre
se entera estoy muerta pero estaba feliz de estar con él. Me hacía
feliz. Nos llevábamos mejor y todo. Ante esta frase me reí de mi
misma. Era tan estúpida.
Me puse unos
pitillos y una sudadera color rosa fucsia. En los pies unos
calcetines de color rosa y ¡Lista!
Salí del baño.
Vi el portátil, seguramente se estuviese cargando la película. Me
fijé en Cristian, estaba en la cama totalmente dormido. Parecía un
ángel. Me senté en la cama y lo desperté.
-Eh. ¡Eh!- Le susurraba.
-¿Que pasa?
-Dúchate.
-Voy...
-
Me metí en la
ducha. Mientras me duchaba pensé en todo lo que estaba sucediendo.
Sonreí. Me volvía loco, estaba consiguiendo cosas que ninguna otra
persona había conseguido. Era lo más increíble que me había
pasado en mucho tiempo.
Salí de la ducha,
me até la toalla en la cintura. Tenía la ropa fuera.
-
Miraba al techo.
Esperaba que Cristian saliese para poder ver la película. Escuché
unos pasos, por ahí venía ¡Por fin! Este salió con la toalla en
su cintura, mi corazón latía a mil por hora. Mierda. Mierda.
Mierda.
-¿Qué haces?
-Coger mi ropa, ¿que voy hacer?
Cogió unos
calzoncillos amarillos.
-Espera espera, ¿te los vas a poner
delante mía?
-Hombre, no voy a volver otra vez a
el baño solo para ponerme unos calzoncillos.
-Cristian.- Dije tragando saliva.
Quitó su toalla y
yo le miré a la cara, pero no por mucho tiempo. Mis ojos recorrieron
todo su cuerpo. Sinceramente, me lo comí con los ojos.
-No me mires que me vas a gastar,
muchacha.- Rió.
Al escuchar eso me
puse colorada y tapé mis ojos.
-Pontelos ya, joder.- Grité.
Este reía.
-Ya me los puse.
Lo miré.
-Cristian, joder.- Dije acostándome
bocabajo en la cama para así no mirar.-Que poca vergüenza.
-¿De qué voy a tener vergüenza?
Es tontería, vamos.
-Dios Santo.- Grité.
Este reía.
-En serio, ya me los puse.
Lo miré, tragué
saliva. Era tan jodidamente sexy. Este me miró, rió y se agachó en
busca de un pantalón.
-Se que te pongo.
-Enferma. Me pones enferma.
-Sí sí, lo que digas.
Cogí una almohada
y se la tiré, esta le dio en la cabeza y yo reí.
-Que buena puntería tengo, vaya
crack soy.
Este me miró,
levantó una ceja, dejó los pantalones en la maleta otra vez y vino
hacia mí.
-Te vas arrepentir.
Mi corazón
comenzó a latir muy fuerte. Se subió encima mía y comenzó a
morderme.
Espera, espera.
¡Estaba encima mía, en calzoncillos, mordiéndome!
Mi respiración se
aceleró, y el corazón se me iba a salir por la boca. Contrólate
Naiara, me decía a mí misma.
-Quita de encima, anda.
-No, por tirarme la almohada.
Nos miramos a los
ojos, este rió yo levanté una ceja.
-Te veo agitada, ¿estás nerviosa?
-Sigues creyéndotelo mucho.
-Que va, que va. Es que te noto
nerviosa, no sé.
Se acercó a mí,
pensé que me iba a besar pero se retiró rápidamente.
-Pensabas que te besaría, eh.- Dijo
riendo.
-Serás estúpido.- Dije quitándolo
de encima mía.
Se tiró a mi
lado, yo me di la vuelta. Estaba enfada. Era imbécil.
Este acarició con
sus dedos mi espalda haciendo que me entrase un leve escalofrío. La
piel se me puso de gallina. Metió sus manos por debajo de mi
sudadera y escuché como soltó una floja risa.
Me di la vuelta y
lo miré. Levanté una ceja en señal “¿De qué vas?”. Se acercó
a mi más y me besó. Nuestras juegas jugaron, se unieron una vez
más. Este quitó mi sudadera y luego, mi camiseta.
Espera, espera
¿Qué estaba haciendo?
Se puso encima mía
y mientras me besaba acariciaba cada parte de mi cuerpo haciéndome
sentir miles de cosas mágicas.
No Naiara, para.
Comencé a ponerme
nerviosa, muy nerviosa. Abrí los ojos y lo separé.
-Para, por favor.
Este me miró
asombrado. Se quitó de encima mía. Rápidamente me puse la
camiseta, los zapatos y salí de aquella habitación. No me sentía
nada bien. Escuché un “Naiara, espera”. Pero yo seguí hacia
delante. Bajé las escaleras de aquel hotel a toda marcha, por el
camino me choqué con alguien. Era Bady.
-Eh, ¿Qué pasa?
-Nada, no pasa nada.
Lo esquivé y
seguí mi camino hacia no sé donde.
-
Grité que
esperase, pero esta siguió. Maldije. La había cagado.
Bady entró en mi
habitación.
-¿Qué haces así?
Lo miré fijamente
y le conté rápidamente mientras me vestía.
-¿Sabes dónde ha ido?
-No joder, no.
-Pues sal a toda hostia porque esto
es muy grande y como se pierda, joder. Vamos.
-No.
-¿Qué?
-Déjame solo, por favor.
-Ten cuidado.
Salí de allí a
toda hostia, ¿Dónde estaría?
Comencé a
mandarle mensajes directos y ninguno contestaba, no tenía su número.
Joder. Joder. No podría estar muy lejos.
Al lado de nuestro
Hotel había un mercadillo, quizás esté por ahí. Miré por todos
los rincones y no estaba. Comencé a ponerme muy nervioso, la había
cagado joder. Siempre igual.
Comenzó a llover.
-VENGA YA, JODER. ¡ENCIMA!- Grité.
Seguí en su
busca. Miraba y no daba con ella. ¿Dónde estás, tonta?
Miré por todos
los rincones y ahí estaba. Sentada en una esquina, en la acera. Un
lugar con poca gente. Tenía la cabeza agachada y estaba temblando.
-Eh, eh.- Dije llamándola.- ¿Qué
pasa?
Me miró fijamente
y comenzó a llorar más.
-Vamos, enfermarás.
Esta negó.
Estaba en manga
corta, se le olvidó la sudadera. Me quité mi chaquetón y se lo
puse a ella por encima, con gorro incluido.
-No lo quiero, póntelo tú.
-No, no quiero que enfermes. Y
ahora, vamos.
-No.
-Sí, vamos al Hotel.
Esta me miró y
volvió agachar la cabeza. ¿Qué mierdas le había pasado?
De repente me miró
y me abrazó fuerte. Cada vez estábamos más empapados pero
realmente no nos importaba.
-Perdón.- Dijo en mi oído.
-¿Perdón?
-Sí.
-Mira, levántate. Vamos al Hotel y
me cuentas ¿Vale? Venga vamos...
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