sábado, 30 de noviembre de 2013

Capítulo 12. - Te encontré en New York. {T1}


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Fui hasta la habitación con cuidado. Miré la alfombra. Decidí levantarla para ver que había. Había unas llaves. Ya comprendí todo. Abrí la puerta cuidadosamente, enfrente de mí me encontré con una cama, esta estaba hecha. Supongo que sería de alguna de las chicas. La verdad que la habitación no estaba muy limpia. Peluches por el suelo, las maletas de viaje abiertas, ropa en la silla, pinturas de maquillarse tiradas por diferentes partes de la habitación... Y así. A la izquierda de la habitación habían tres camas, en una de ellas dormía Naiara. Me acerqué a ella cuidadosamente. La miré. Me senté en la cama de al lado y la volví a mirar. Sonreía como un tonto. Ella abrió los ojos y pegó un grito, yo me asusté. Del susto me subí por completo a la cama. Nos miramos fijamente. Yo sonreí. Esta me miró con cara de no entender nada.

-¿Qué haces tú aquí?
-Concierto. ¿Y tú?
-Intercambio. ¿Cantabas tú hoy?
-Sí.
-Ah. No tenía ganas de ir.
-Ya veo, estás dormida y no son ni las doce.- Reí.
-Ya no estoy dormida, un imbécil se coló en mi habitación.
-Ah. Gracias. Yo también te eché de menos.- Dije con fastidio.
-No entiendo que haces aquí, no quiero verte.
-Pero yo sí.- Dije levatandome y sentándome en su cama.
-¿Qué haces?- Dijo intentando irse.
-No te escaparás.- Dije agarrándola y mirándola fijamente. Estábamos a centímetros.
-Cristian, en serio. Déjame.
-Naiara, te quiero. De verdad que te quiero.
-¿Y la mierda que soltaste aquel día?
-¿Mierda? ¿a caso era mentira? ¿Eh?
-Por tu culpa ahora no estoy con él.
-¿Perdona? Ni se lo dijiste, se enteró por mí. No me eches la culpa. Recuerda que tú me seguiste el rollo.
-Déjame en paz y vete de mi habitación. Si alguien te ve aquí mueres tú y yo.
-Cállate y vamos arreglar esto.
-Tú y yo no tenemos nada que arreglar, tío. Déjame, no quiero verte joder. NO QUIERO VERTE.
-Vamos a ver Naiara, tranquila joder. ¿Qué pasa? ¿Qué no puedes hablar como una persona civilizada? ¡Deja de ser Leona por una vez!
-Imbécil.- Dijo dándome un golpe en el pecho.
-Ui sí, que daño.- Dije irónicamente.
-Cállate estúpido. Vete, en serio.

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El corazón me iba a mil, tenía muchísimas ganas de llorar. Casi no podía respirar. Todo me superaba ya. La situación me superaba. Tapé mi cara con mis manos y respiré profundamente, le miré a los ojos y le susurré un “Vete...”.

-Oye... ¿Estás bien?- Dijo preocupado.

No, no estoy bien. ¿Que voy a estar bien, eh? Intento olvidarte y apareces, así, de la nada. Por arte de magia. Te sientas en mi cama y quieres que hablemos, como si nada. ¿Cómo coño voy a estar bien si te tengo a escasos kilómetros? ¿Eh? Quiero besarte, abrazarte y llorar. También quiero llorar. Desahogarme y echar todo lo que llevo dentro desde hace mucho.

-Estoy bien.- Dije con un nudo en la garganta.
-Naiara.- Dijo acercándose y agarrando mis manos.- Eh, perdón.
-¿Por qué?
-Te estás poniendo mal por mi culpa, lo siento.
-¿Desde cuando pides tú perdón?
-He cambiado pero como no me dejas decirte nada pues...
-¿Cambiaste?
-Sí. No bebo. No fumo. Y eh, ya no soy un mujeriego. Soy distinto y me siento mejor conmigo mismo.
-Me alegro mucho. Me alegro de que todo te vaya bien.- Dije suspirando.
-No me va. No me va todo bien porque me falta algo.
-¿Algo?
-Sí. Me faltas tú.
-Cristian...- Dije comenzando a llorar.

No quería llorar delante de él, no quería ser la débil una vez más. No quería hundirme como hace meses. No. Otra vez no. Me levanté de la cama bruscamente y comencé a gritar.

-VETE POR FAVOR, VETE DE AQUÍ.- Dije temblando.
-Naira, no grites. Nos van a oír y vamos a perder los dos. Tranquila.
-CRISTIAN, QUE TE VAYAS JODER. ¡FUERA!
-Naiara...

Perdí los papeles y le di una fuerte cachetada.

-FUERA.

Cristian me miró mientras tenía su mano en la mejilla derecha. Suspiró y se marchó de allí. Sin fuerzas me tiré al suelo, y una vez más acabé siendo débil. Imbécil. Tonta. Acabé llorando por un tío, por el mismo tío del que hace unos meses me enamoré. Por el mismo tío que apareció hace un año y las mariposas volvieron a crecer dentro de mí. Lloraba por algo que no tenía solución. Por algo que jamás nacería. Alguien como él jamás podría estar con una inútil como yo.

-

Me fui de allí. Estaba echa una fiera... Bueno, quizás estuviese mal. ¿Por qué? Le di miles de oportunidades para estar conmigo, para estar juntos. ¿Por qué no quiere dar el maldito paso? ¿Eh?

-

Dos horas después yo seguía llorando como una estúpida en el mismo sitio. No podía respirar. Casi no podía hablar.

-Ya llegamos.- Gritó alguien.- ¿Qué ha pasado?
-Nada. Nada.- Dije casi sin poder articular las palabras.
-¿Que ha pasado?- Volvió a repetir Conso.

Le conté a ella y a todas como pude lo sucedido, no paraba de llorar. Estaba temblando. Creo que me iba a entrar algo.
Las chicas se miraron, hicieron un gesto.

-Conso y yo ahora venimos, ¿Vale?- Dijo Lau levantándose del suelo.
-Vale...

Las chicas se marcharon sabrá Dios donde, algo tramaban.

-Tía, ¿Por qué no aceptas? Le quieres.- Dijo Diana.
-No puedo, de verdad. No puedo.- Dije llorando.

-

Estaba tirado en la cama mirando al techo. Bady de vez en cuando me hablaba pero yo no le respondía, no quería hablar. Mi mente solo pensaba en Naiara, ¿Cómo estará? ¿Y si sigue llorando? Estaba demasiado preocupado.

En la puerta sonaron varios golpes, yo miré y luego, seguí mirando el techo. Bady se levantó y cuidadosamente la abrió. La seguridad es lo primero.

-Hola.
-Hola.- Escuché las voces de dos niñas muy conocidas.- Somos amigas de Naiara, queremos ver a Cristian.
-Cristian no está.- Mintió.
-Por favor, Naiara está muy mal. Hemos llegado y estaba en el suelo, llorando. Casi no puede hablar.
-No puede salir más de la habitación, lo siento.
-¡Naiara!- Grité acercándome a la puerta.- ¿Le pasa algo? ¿Está mal?
-Fatal. Nos contó por encima y algo entendimos, no puede casi hablar.
-No puedes salir, tío.- Dijo Bady mirándome.
-Déjame, por favor.
-Rápido, eh. Y yo voy contigo.
-Tío...
-No te preocupes, que se quede en nuestra habitación.
-Vale. Vale.

-

Llegamos a la habitación de Naiara. Tanto Bady como las chicas se fueron a la otra habitación, dos de ellas salieron de la de Naiara. Miré la puerta y decidí entrar de una vez por todas, era el momento. Abrí la puerta y la vi, estaba tirada en el suelo. Su cabeza agachada y llorando sin parar. Soy un estúpido.

-Eh...- Dije muy bajito.- Hola.

Me acerqué a ella y me senté con ella en el suelo.

-¿Qué pasó, eh? Contesta.

Esta me miró y me abrazó fuerte. No entendí nada, solo se que le correspondí el abrazo. Yo también necesitaba uno de sus abrazos.

-Perdón.
-Soy yo, no tú. Soy yo la imbécil.- Dijo dejando de abrazarme y mirándome.- Soy yo la que está enamorada de alguien imposible.
-¿Imposible? Yo te quiero.
-Pero vendrá otra mejor que yo, ¿entiendes? Tienes a miles detrás tuyas, sucederá.
-No.
-Sí.
-Sinceramente, no sé. No sé que pasará en el futuro, pero si se que siento ahora.
-¿Qué sientes?
-Que te quiero. Que quiero estar contigo de una puta vez. Llevamos un año así, joder. Ya es hora de abrazarnos sin miedo, de besarnos sin tener que estar a escondidas, de ser felices JUNTOS.
-Puede que sí. No sé.
-¿Quieres que quedemos mañana?
-No sé.
-Ahora estás muy nerviosa, creo que deberías descansar.
-Vale pero con una condición.
-Dime.
-Quédate a mi lado hasta que me duerma.
-Vale.

Nos acostamos juntos, ella nos tapó. Decía que hacía mucho frío y que nos pondríamos enfermos. La verdad es que hacía bastante calor, pero bueno, me da igual. Mientras esté con ella todo me da igual. Nos acostamos mirándonos el uno al otro, esta me miraba y todavía con sus ojos llenos de agua, sonreía. Yo le devolvía la sonrisa. Poco a pocos sus ojos se fueron cerrando hasta que se quedó profundamente dormida. Yo seguía mirándola, como si de una obra de arte se tratase. Era perfecta. Sus labios, su nariz, sus ojos, su pelo, ella. Era perfecta corriendo, andando, enfadándose menos llorando de tristeza, llorando de tristeza estaba fea ¡Horrorosa! No me gustaba que llorase y mucho menos por mí, mucho menos sabiendo que yo era el culpable de cada lágrima derramada.
Llamaron a la puerta, con cuidado me levanté. Eran las chicas, hora de irse. Les hice una señal, la miré por última vez y me fui con Bady.
Llegamos a la habitación nuestra y nos tiramos en la cama, estábamos cansados. Me acosté y no paraba de dar vueltas y más vueltas, necesitaba verla. Abrazarla. Escuchar un “Te quiero y voy a darte una oportunidad” de sus labios. Lo necesitaba.
Me quedé mirando el techo fijamente y recordando cosas, bueno, mejor dicho imaginaba. ¿Como sería correr detrás de ella, o abrazarla tan fuerte que consiga levantarla del suelo? ¿Como sería desayunar churros o cenar pizza, ver una película, enfadarnos, picarnos, besarnos, tocarnos? ¿Como sería convivir con ella?

-

Un nuevo día. Me desperté. Las chicas no estaban, se habrían ido con sus parejas de intercambio supongo. Alguien llamó a mi puerta. Era mi compañera de intercambio, le expliqué si me podía dejar la mañana libre, que había quedado con alguien. Esta aceptó y se fue tan feliz a yo no sé donde. Subí al piso de arriba y me lavé la cara. Me miré al espejo y sonreí con pesadez. Estaba tan cansada de todo. Me vestí y bajé al piso de abajo. Mientras me echaba mi mejor colonia, miré el calendario. Dejé el frasco en la mesa y taché el día de ayer, como siempre hacíamos. Quedaba un mes para la graduación, y tres meses para mis 18 años. Estaba nerviosa y no sé por qué. La puerta volvió a sonar, dejé el rotulador en la mesita y abrí.

-Hola.
-Buenos días.- Dijo besándome.

Me besó. Me quedé pillada., sin saber que decir. No me lo esperaba.

-¿Salimos?
-Claro.

Dimos una vuelta por el césped de la universidad. Nos sentamos en un rincón y hablamos de todo.

-He cambiado, ¿Sabes?
-Eso dices.
-De verdad, joder. Ayer te fui sincero, en serio.
-¿Por qué cambiaste?

-

La miré fijamente. Quizás contándole todo...

-Por mi padre.- Dije mirando al frente y luego mirándola a los ojos.
-¿Tu padre?
-Sí. Mi madre se marchó. Tenía nueve años, era un niño. Me encantaba jugar al fútbol, correr por el pasillo, tirarle bolas de papel a mis compañeros de clase, cantar. Era un niño como otro cualquiera. Era nervioso, no me estaba quieto y esto a mi madre le ponía de los nervios pero me quería mucho y sabía pararme. Me entendía ¿Sabes? Cuando no me estaba quieto y la mareaba, me cogía y me decía “Vamos a hacer un concierto” Y nos poníamos a cantar en mitad del salón. Siempre nos levantábamos cantando.
-¿Os levantabais cantando?
-Sí. Y por la tarde, y por la noche. Siempre había un momento en el día que cantábamos, nos montábamos un musical solos.- Dije riendo.
-¿Estás de coña?
-No. Es todo cierto. Ella me quería mucho, o eso parecía. Y yo a ella. La adoraba. Me enseñó tantas cosas. Decía que yo iba a ser cantante, y yo siempre le decía que sí porque me encantaba cantar. Ella me dijo que nunca me rindiese. Es más me escribió una carta pero...Pero nunca la llegué a leer.
-¿Por qué?
-Tengo miedo. Mucho miedo. Miedo de saber el verdadero por qué, el por qué de su “huida”, por qué se marcho de repente y sin decirme adiós.
-Deberías leerla...
-Está en mi casa. Escondida por ahí. Algún día, cuando me sienta preparado quizás la lea. Total, de repente, un día desapareció. Me levanté un Sábado y grité “Mami, ¿Que canción cantamos hoy?” pero no obtuve respuesta. Volví a repetir la frase y nadie contestó. Me bajé de la cama y fui al pasillo, estaba solo. Bajé la escaleras repitiendo una y otra vez “Mami.” y ella no estaba. Había desaparecido. Comencé a ponerme nervioso, mi madre no estaba y ella prometió estar siempre conmigo. Fui rumbo a la cocina y choqué con alguien, un hombre sucio, gordo, grasiento y borracho. Lo miré fijamente y me asusté. “¿Y mami?” dije, este rió y dijo “Mami se ha ido.” Así de simple. Lloré muchísimo, no sabes cuanto... Mi madre se había ido.
-Joder.

Comencé a llorar. ¿Yo llorando? Sí. Esta historia me destrozaba poco a poco, y nunca la había contado a gente... Solo a Bady. Me sentía libre, y quizás el llorar me hiciese sentir aún mejor.

-No sigas, anda.- Dijo Naiara agarrando mi mano.
-Sí.
-Bueno.. ¿Y quien era?
-Mi padre. Se separó de mi madre nada más yo nacer, o eso me dijo ella. Tampoco entendía mucho, como ya dije era un niño. La verdad que no tengo momentos buenos con él, ninguno. Él apareció cuando cumplí los 7 años, y desapareció. Aquel día lo vi y era otra persona distinta, había cambiado. Con el paso del tiempo me di cuenta de que era un borracho, un drogadicto, no me quería lo mas mínimo. Me trataba mal y, me decía lo que tenía que hacer. ¿Lo peor? Que comencé a ser como él, pero un día Bady me ayudó. Un día estaba jodido y él me abrió los ojos. Me estaba convirtiendo en él y no quería ser como él, ¿Sabes?

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