jueves, 21 de noviembre de 2013

Capítulo 9. - Te encontré en New York. {T1}


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Todavía quedaba una hora de viaje. Estaba cansado pero no tenía sueño. Volví a mirar sus fotos, y volví a sonreír como un estúpido. No sé que pollas me pasa. En tan poco tiempo ella ha producido cosas grandes en mí. Es algo extraño pero bonito. Algo que me asusta bastante pero también que me emociona. Quizás esto tenga sus contras, es más tiene muchísimos contras pero bueno, yo he descubierto que cuando quieres a alguien los contras desaparecen y eres capaz hasta de hacerlo “pros”. Es más, recuerdo que cuando la conocí, al día siguiente o así, cuando hablé con ella hice una lista de “pros y contras”. Había muchos contras, pero los acabé tachando y añadiendo un “Esto lo arreglo yo”, y algunos los tachaba sabiendo que no podría arreglarse. Miré por la ventana. Desde arriba todo se ve muy bonito. Ojalá pudiese salir y darme una vuelta por las nubes, no sé, saltar de nube en nube. Sería divertido. O hacer un concierto en un nube, y que todas mis fans estén en otra nube. Creo que hay un episodio de Doraemon que va de eso. Doraemon consigue hacer algo chachi encima de una nube gigante.
Al pensar en esto comencé a reírme a carcajadas. La gente comenzó a mirarme, incluido Bady que me dijo que por favor guardara silencio. Me calmé un poco.

-Tío, ¿En qué piensas?
-Nada, nada cosas mías.- Dije tosiendo falsamente para así no reírme.

Por fin llegamos a Canadá. Un sitio precioso por cierto. Llegamos al Hotel, dejé las cosas y decidí darme una ducha caliente. Después de esto fui en busca de Bady que sabrá Dios donde estaba. Bajé las escaleras a gran velocidad y lo busqué por la planta baja.

-Eh, ¿Me dejas que me de una vuelta?
-Vamos juntos.

Me puse las gafas del sol, la gorra plana de LA hacia atrás y una bufanda. Frío no pasaría.
Pasamos por el teatro Avon. Precioso. En el suelo había una estrella, “Justin Bieber”.

-Como mola. ¿Algún día tendré alguna estrella de estas?
-Pues no sé...
-Yo quiero...- Dije aganchandome y tocándola.
-La tendrás, venga, sigamos.

Caminamos y nos paramos en un parque. Bady fue a comprar algo para picar, decía que estaba muerto de hambre. Vi a una chica, guapísima por cierto. Pasó por enfrente mía y me guiñó un ojo. Esta vez no silbé ni nada por el estilo. Los minutos pasaban y yo seguía en aquel banco sentado, las manos el los bolsillos y mirando a la nada. La chica de antes volvió a pasar, pero esta vez se paró.

-Hola guapo.
-Hola.
-¿Eres de aquí?
-No, no soy de aquí.
-¿Estás solo?
-No. Con un amigo.
-Bueno, tu amigo puede esperar.- Se sienta a mi lado.- Quiero verte los ojos.

Dudé pero me acabé quitando las gafas de sol.

-Sabía que eras tú.- Dijo riendo.
-¿Eh?
-Hola XRIZ.
-Hola, ¿Quién eres?
-Una chica que te desea.- Dijo lanzándose a mí.
-¿Qué haces?

Estaba encima mía.

-Quita, estamos en mitad de un parque. Quítate, por favor.- Dije apartándola.

Me levanté de allí y me fui. Por el camino llamaría a Bady, esa tipa me estaba acosando. Estaba perdido, así que fui por un callejón. Escuché unos pasos. Muerto de miedo me di la vuelta.

-¿Otra vez?
-Te quiero.

No sé por qué. No entendí nada. Yo no quería pero lo hice. En aquel callejón nos enrollamos. Así de fácil. Como si nada. Como si hubiese olvidado todo.

-Me tengo que ir ya. Nos vemos.
-Iré a tu concierto.
-Allí nos vemos.- Dije desapareciendo.

Caminé por las calles de Canadá en busca de mi Hotel. Creo que estaba llegando. Me puse las gafas de sol aunque el cielo estuviese oscuro, luego, metí las manos en mis bolsillos. Tenía ganas de llorar, de gritar. Sentía miles de cosas ahora. Llegué al Hotel. Me senté en la cama con la cabeza agachada. Respiré y solté el aire poco a poco.

-Eh tío, ¿Dónde estabas? Dijiste que venías para el Hotel y has tardado bastante. Me asustaste.
-Ya. Es que me vio una y me acosó. Me fui de allí pero me siguió. Y nos enrollamos. Y me siento imbécil.
-¿Por qué? ¿Sentirte así? ¿Tú? Raro. Cuéntame.- Dijo sentándose a mi lado.
-Porque sí. Porque en el fondo no quería besar a aquella chica, pero lo hice. Y me siento imbécil, estúpido, cabrón. Hace unas horas estaba besando a Naiara y diciéndole que la echaría de menos. ¿De qué voy?
-Eres así de cabrón. Siempre lo has sido. En unos días olvidarás a Naiara, te lo aseguro. Dúchate y descansa, mañana será un día muy duro.

-

Dos horas después me levanté. Era de noche ya. Me senté en el sofá, vi el mando de la televisión todavía en el suelo y abierto por la mitad. Me levanté y decidí arreglarlo, luego, lo dejé en la mesa. Me quedé pensativa. ¿Qué podía hacer ahora? Opté por una ducha y un poco de estudio. Mañana había clases. Otra vez comenzaba la semana, la pesadilla. Que asco.

-

Un nuevo día. Me desperté y fui a la ducha. Me vestí con un chandal y unas deportivas, desayunaría y ensayaría luego volvería al Hotel, descansaría y concierto. Ese era mi día de hoy.
Llegamos al recinto. Era grande y al aire libre. Maldecí. Hacía frío y esto afectaba a mi voz. Tosí. Ya comenzaba a toser. Joder. Dos horas ensayando y a almorzar.

-Pues ya ves.- Dijo Bady finalizando el tema del que estábamos hablando.
-Hola.- Dijo una chica acercándose a la mesa.

Los dos la miramos fijamente, Bady no sabía quién era pero yo sí.

-Hola. ¿Qué quieres?- Dije.
-Tú y yo tenemos algo pendiente.- Dijo guiándome un ojo.

Miré a Bady. La miré a ella. Me levanté y la llevé a un sitio apartado.

-¿Qué te pasa a ti?
-Tenemos algo pendiente.
-Tú y yo no tenemos nada. Nos enrollamos en un callejón e historia acabada. Fin. Punto final.
-Yo creo que no. Vente a mi casa.
-A ver chica, que me dejes en paz ¿Entiendes?
-Mi número.- Dijo depositando una tarjeta en el bolsillo de mi chaqueta.
-Que pesada eres, eh. Fuera de aquí, déjame.
-Esta noche nos vemos, guapo.

Esa tipa estaba como una cabra, era una pesada, una lapa, una mosca. Era un incordio.

-

Última hora por fin. Era hora libre. Me encontraba en un lugar escondido del patio del instituto, estaba escondido pero yo podía ver todo. Los de mi clase jugaban al fútbol con una lata de KAS de naranja, otros optaban por sentarse en el suelo y mirar a las niñas de mi clase. Algunas chicas jugaban al fútbol también, bueno, si se le podía llamar fútbol porque con una lata de KAS poco podrían hacer. Otras chicas estaban sentadas en un banco hablando de belleza. Típico. Me fijé en los del fútbol, me gustaba el fútbol. Me gustaría jugar también, pero me daba vergüenza. No quería molestarles, es más, creo, que ni sabían mi nombre. Las chicas corrían para que los chicos no metiesen el KAS en su portería, uno de ellos cogió a una chica de pelo moreno por la cintura haciendo que esta se quejase y gritase.

-¡Que tramposo, eso no se vale!- Gritó esta.
-Anda que no.- Dijo este riendo.
-Eres un tramposo.
-Pero si no te hice nada, ha sido hasta bonito.

La chica lo miró, rió y depositó un beso en sus labios. Ah. Eran novios. Sinceramente, me acababa de enterar. Yo sonreí al verlos, era bonito. De repente recordé a Cristian, sonreí. Era una estúpida.

-

Acabé el concierto. Estaba agotado. Hoy no había meet&greet, por un lado era mejor estaba destrozado. Me sequé con una toalla, cogí mis cosas y me marché de aquel sitio.

-¿Dónde vamos a cenar?- Dijo Bady mirando el reloj.- Son las doce.
-A Mcdonal's.- Dije colocando mis gafas de sol.
-Hecho.

Camino a Mcdonal's hablamos de todo un poco.

-¿Y la tipa esa qué?
-Yo que sé, tampoco quiero verla. Es un incordio, ush.

Bady fue a no sé dónde, la verdad que no me enteré. Me dejó en el Hotel y se marchó, sólo se eso. Yo, sin embargo, me quedé en el Hotel y no volví a salir a escondidas. Subí las escaleras y en dos puertas anteriores a la de mi habitación vi a una joven dejada caer en la pared.

-Mierda.- Susurré.- ¿Qué haces aquí?- Dije acercándome a ella.
-Vine a buscarte, bebé.- Dijo esta besándome.
-Quita, en serio.
-Eh, vamos a pasarlo bien.

Me volvió a besar y como un imbécil me dejé llevar.

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Un nuevo día. Desperté con dolor de cabeza, casi no había descansado. Miré a mi lado, ahí estaba. Joder. Me sentí la peor mierda del mundo.

-Eh.- Dije llamándola para que despertase.- EHHHH.- Grité.
-Dime amor, dime.- Dijo asustada.
-Vete.
-¿Qué?
-Que te vayas.
-¿Perdona?
-Fuera.
-A mí no me trates así.
-Tu culpa es, me comiste la cabeza y mira como estamos. Fuera de aquí antes de que me ponga peor.
-Adiós.- Dijo vistiéndose y marchándose lo antes posible.

Salí al balcón. Cogí aire. Lo expulsé. Fui dentro, abrí mi mochila y saqué un paquete de tabaco. Hacía tiempo que no fumaba pero lo hice. Cogí un cigarro, lo encendí y tiré el mechero y el paquete de tabaco a la cama. Salí al balcón, otra vez. Di una calada y miré el cielo. Me sentía fatal. Me llevé una hora así. Me fumé tres cigarros. No decía nada. No me hablaba a mí mismo. No pensaba.
Algo me sacó de mis pensamientos. El teléfono vibró. Lo cogí. Miré la hora “10:30 de la mañana”. Tenía un mensaje directo. Lo leí “Eh pequeño, espero que te acuerdes de mí.” Noté un pinchazo en mi corazón, le había fallado, mentido. Era lo peor. Joder. Decidí no contestar.

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Le mandé un mensaje directo hace media hora, no me ha contestado. Ya me olvidó. Era un maldito imbécil. Tenía unas enormes ganas de llorar, así que levanté la mano para así pedirle permiso a la profesora para poder salir, está aceptó y yo salí del aula lo más rápido posible. Me fui a mi sitio, aquel sitio apartado donde nadie podía verme pero yo a ellos sí. No había nadie, el patio estaba desierto. Miré el cielo, suspiré y miles de gotas de desplazaron por mis mejillas hasta perderse. Era una estúpida por creerle, por quererle, y por besarle. Era una estúpida por volver a empezar a sentir cosas fuertes por él, por imaginar cada noche una historia, por querer volver a intentar algo que nunca creció. Era una estúpida, una imbécil.

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