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Todavía
quedaba una hora de viaje. Estaba cansado pero no tenía sueño.
Volví a mirar sus fotos, y volví a sonreír como un estúpido. No
sé que pollas me pasa. En tan poco tiempo ella ha producido cosas
grandes en mí. Es algo extraño pero bonito. Algo que me asusta
bastante pero también que me emociona. Quizás esto tenga sus
contras, es más tiene muchísimos contras pero bueno, yo he
descubierto que cuando quieres a alguien los contras desaparecen y
eres capaz hasta de hacerlo “pros”. Es más, recuerdo que cuando
la conocí, al día siguiente o así, cuando hablé con ella hice una
lista de “pros y contras”. Había muchos contras, pero los acabé
tachando y añadiendo un “Esto lo arreglo yo”, y algunos los
tachaba sabiendo que no podría arreglarse. Miré por la ventana.
Desde arriba todo se ve muy bonito. Ojalá pudiese salir y darme una
vuelta por las nubes, no sé, saltar de nube en nube. Sería
divertido. O hacer un concierto en un nube, y que todas mis fans
estén en otra nube. Creo que hay un episodio de Doraemon que va de
eso. Doraemon consigue hacer algo chachi encima de una nube gigante.
Al
pensar en esto comencé a reírme a carcajadas. La gente comenzó a
mirarme, incluido Bady que me dijo que por favor guardara silencio.
Me calmé un poco.
-Tío,
¿En qué piensas?
-Nada,
nada cosas mías.- Dije tosiendo falsamente para así no reírme.
Por fin
llegamos a Canadá. Un sitio precioso por cierto. Llegamos al Hotel,
dejé las cosas y decidí darme una ducha caliente. Después de esto
fui en busca de Bady que sabrá Dios donde estaba. Bajé las
escaleras a gran velocidad y lo busqué por la planta baja.
-Eh,
¿Me dejas que me de una vuelta?
-Vamos
juntos.
Me puse
las gafas del sol, la gorra plana de LA hacia atrás y una bufanda.
Frío no pasaría.
Pasamos
por el teatro Avon. Precioso. En el suelo había una estrella,
“Justin Bieber”.
-Como
mola. ¿Algún día tendré alguna estrella de estas?
-Pues
no sé...
-Yo
quiero...- Dije aganchandome y tocándola.
-La
tendrás, venga, sigamos.
Caminamos y nos paramos en un parque.
Bady fue a comprar algo para picar, decía que estaba muerto de
hambre. Vi a una chica, guapísima por cierto. Pasó por enfrente mía
y me guiñó un ojo. Esta vez no silbé ni nada por el estilo. Los
minutos pasaban y yo seguía en aquel banco sentado, las manos el los
bolsillos y mirando a la nada. La chica de antes volvió a pasar,
pero esta vez se paró.
-Hola guapo.
-Hola.
-¿Eres de aquí?
-No, no soy de aquí.
-¿Estás solo?
-No. Con un amigo.
-Bueno, tu amigo puede esperar.- Se
sienta a mi lado.- Quiero verte los ojos.
Dudé pero me acabé quitando las gafas
de sol.
-Sabía que eras tú.- Dijo riendo.
-¿Eh?
-Hola XRIZ.
-Hola, ¿Quién eres?
-Una chica que te desea.- Dijo
lanzándose a mí.
-¿Qué haces?
Estaba encima mía.
-Quita, estamos en mitad de un
parque. Quítate, por favor.- Dije apartándola.
Me levanté de allí y me fui. Por el
camino llamaría a Bady, esa tipa me estaba acosando. Estaba perdido,
así que fui por un callejón. Escuché unos pasos. Muerto de miedo
me di la vuelta.
-¿Otra vez?
-Te quiero.
No sé por qué. No entendí nada. Yo
no quería pero lo hice. En aquel callejón nos enrollamos. Así de
fácil. Como si nada. Como si hubiese olvidado todo.
-Me tengo que ir ya. Nos vemos.
-Iré a tu concierto.
-Allí nos vemos.- Dije
desapareciendo.
Caminé por las calles de Canadá en
busca de mi Hotel. Creo que estaba llegando. Me puse las gafas de sol
aunque el cielo estuviese oscuro, luego, metí las manos en mis
bolsillos. Tenía ganas de llorar, de gritar. Sentía miles de cosas
ahora. Llegué al Hotel. Me senté en la cama con la cabeza agachada.
Respiré y solté el aire poco a poco.
-Eh tío, ¿Dónde estabas? Dijiste
que venías para el Hotel y has tardado bastante. Me asustaste.
-Ya. Es que me vio una y me acosó.
Me fui de allí pero me siguió. Y nos enrollamos. Y me siento
imbécil.
-¿Por qué? ¿Sentirte así? ¿Tú?
Raro. Cuéntame.- Dijo sentándose a mi lado.
-Porque sí. Porque en el fondo no
quería besar a aquella chica, pero lo hice. Y me siento imbécil,
estúpido, cabrón. Hace unas horas estaba besando a Naiara y
diciéndole que la echaría de menos. ¿De qué voy?
-Eres así de cabrón. Siempre lo
has sido. En unos días olvidarás a Naiara, te lo aseguro. Dúchate
y descansa, mañana será un día muy duro.
-
Dos horas después me levanté. Era de
noche ya. Me senté en el sofá, vi el mando de la televisión
todavía en el suelo y abierto por la mitad. Me levanté y decidí
arreglarlo, luego, lo dejé en la mesa. Me quedé pensativa. ¿Qué
podía hacer ahora? Opté por una ducha y un poco de estudio. Mañana
había clases. Otra vez comenzaba la semana, la pesadilla. Que asco.
-
Un nuevo día. Me desperté y fui a la
ducha. Me vestí con un chandal y unas deportivas, desayunaría y
ensayaría luego volvería al Hotel, descansaría y concierto. Ese
era mi día de hoy.
Llegamos al recinto. Era grande y al
aire libre. Maldecí. Hacía frío y esto afectaba a mi voz. Tosí.
Ya comenzaba a toser. Joder. Dos horas ensayando y a almorzar.
-Pues ya ves.- Dijo Bady finalizando
el tema del que estábamos hablando.
-Hola.- Dijo una chica acercándose
a la mesa.
Los dos la miramos fijamente, Bady no
sabía quién era pero yo sí.
-Hola. ¿Qué quieres?- Dije.
-Tú y yo tenemos algo pendiente.-
Dijo guiándome un ojo.
Miré a Bady. La miré a ella. Me
levanté y la llevé a un sitio apartado.
-¿Qué te pasa a ti?
-Tenemos algo pendiente.
-Tú y yo no tenemos nada. Nos
enrollamos en un callejón e historia acabada. Fin. Punto final.
-Yo creo que no. Vente a mi casa.
-A ver chica, que me dejes en paz
¿Entiendes?
-Mi número.- Dijo depositando una
tarjeta en el bolsillo de mi chaqueta.
-Que pesada eres, eh. Fuera de aquí,
déjame.
-Esta noche nos vemos, guapo.
Esa tipa estaba como una cabra, era una
pesada, una lapa, una mosca. Era un incordio.
-
Última hora por fin. Era hora libre.
Me encontraba en un lugar escondido del patio del instituto, estaba
escondido pero yo podía ver todo. Los de mi clase jugaban al fútbol
con una lata de KAS de naranja, otros optaban por sentarse en el
suelo y mirar a las niñas de mi clase. Algunas chicas jugaban al
fútbol también, bueno, si se le podía llamar fútbol porque con
una lata de KAS poco podrían hacer. Otras chicas estaban sentadas en
un banco hablando de belleza. Típico. Me fijé en los del fútbol,
me gustaba el fútbol. Me gustaría jugar también, pero me daba
vergüenza. No quería molestarles, es más, creo, que ni sabían mi
nombre. Las chicas corrían para que los chicos no metiesen el KAS en
su portería, uno de ellos cogió a una chica de pelo moreno por la
cintura haciendo que esta se quejase y gritase.
-¡Que tramposo, eso no se vale!-
Gritó esta.
-Anda que no.- Dijo este riendo.
-Eres un tramposo.
-Pero si no te hice nada, ha sido
hasta bonito.
La chica lo miró, rió y depositó un
beso en sus labios. Ah. Eran novios. Sinceramente, me acababa de
enterar. Yo sonreí al verlos, era bonito. De repente recordé a
Cristian, sonreí. Era una estúpida.
-
Acabé el concierto. Estaba agotado.
Hoy no había meet&greet, por un lado era mejor estaba
destrozado. Me sequé con una toalla, cogí mis cosas y me marché de
aquel sitio.
-¿Dónde vamos a cenar?- Dijo Bady
mirando el reloj.- Son las doce.
-A Mcdonal's.- Dije colocando mis
gafas de sol.
-Hecho.
Camino a Mcdonal's hablamos de todo un
poco.
-¿Y la tipa esa qué?
-Yo que sé, tampoco quiero verla.
Es un incordio, ush.
Bady fue a no sé dónde, la verdad que
no me enteré. Me dejó en el Hotel y se marchó, sólo se eso. Yo,
sin embargo, me quedé en el Hotel y no volví a salir a escondidas.
Subí las escaleras y en dos puertas anteriores a la de mi habitación
vi a una joven dejada caer en la pared.
-Mierda.- Susurré.- ¿Qué haces
aquí?- Dije acercándome a ella.
-Vine a buscarte, bebé.- Dijo esta
besándome.
-Quita, en serio.
-Eh, vamos a pasarlo bien.
Me volvió a besar y como un imbécil
me dejé llevar.
-
Un nuevo día. Desperté con dolor de
cabeza, casi no había descansado. Miré a mi lado, ahí estaba.
Joder. Me sentí la peor mierda del mundo.
-Eh.- Dije llamándola para que
despertase.- EHHHH.- Grité.
-Dime amor, dime.- Dijo asustada.
-Vete.
-¿Qué?
-Que te vayas.
-¿Perdona?
-Fuera.
-A mí no me trates así.
-Tu culpa es, me comiste la cabeza y
mira como estamos. Fuera de aquí antes de que me ponga peor.
-Adiós.- Dijo vistiéndose y
marchándose lo antes posible.
Salí al balcón. Cogí aire. Lo
expulsé. Fui dentro, abrí mi mochila y saqué un paquete de tabaco.
Hacía tiempo que no fumaba pero lo hice. Cogí un cigarro, lo
encendí y tiré el mechero y el paquete de tabaco a la cama. Salí
al balcón, otra vez. Di una calada y miré el cielo. Me sentía
fatal. Me llevé una hora así. Me fumé tres cigarros. No decía
nada. No me hablaba a mí mismo. No pensaba.
Algo me sacó de mis pensamientos. El
teléfono vibró. Lo cogí. Miré la hora “10:30 de la mañana”.
Tenía un mensaje directo. Lo leí “Eh pequeño, espero que te
acuerdes de mí.” Noté un pinchazo en mi corazón, le había
fallado, mentido. Era lo peor. Joder. Decidí no contestar.
-
Le mandé un mensaje directo hace media
hora, no me ha contestado. Ya me olvidó. Era un maldito imbécil.
Tenía unas enormes ganas de llorar, así que levanté la mano para
así pedirle permiso a la profesora para poder salir, está aceptó y
yo salí del aula lo más rápido posible. Me fui a mi sitio, aquel
sitio apartado donde nadie podía verme pero yo a ellos sí. No había
nadie, el patio estaba desierto. Miré el cielo, suspiré y miles de
gotas de desplazaron por mis mejillas hasta perderse. Era una
estúpida por creerle, por quererle, y por besarle. Era una estúpida
por volver a empezar a sentir cosas fuertes por él, por imaginar
cada noche una historia, por querer volver a intentar algo que nunca
creció. Era una estúpida, una imbécil.
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