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Entré
en el aeropuerto. Por fin. Mis piernas y mis manos no dejaban de
temblar. Estaba demasiado nerviosa, joder. De repente vi como un
chico de gorra plana se acercaba a mí. No era Cristian. ¿Bady? Sí,
creo que era él. Sinceramente no veía bien, ya que de lejos no veo
nada. Cosas que pasan.
-Hola
¿Naiara?
-Eso
dice mi madre.- Bromeé. Este rió.
-Vamos.-
Dijo agarrándome del brazo.
Fuimos a
paso ligero. Sabía que venía a verle, pero sinceramente parecía
que íbamos a traficar droga o a asaltar el aeropuerto.
Llamó
varias veces a la puerta del baño, alguien abrió y Bady me dijo que
pasase. Yo pasé y él se marchó. La persona volvió a cerrar la
puerta con pestillo y yo ya tuve el valor de mirarle.
-Hola.-
susurró.- Pensé que no vendrías.
-Hola.
Yo también pensé que no vendría pero...- Dije dando un paso firme
y poniéndome más cerca de él.- Por una vez seguí a mi corazón.
-Eso
esta muy bien.- Dijo agarrándome.
-¿A
que sí?- Dije mordiendo su labio.
Espera.
Espera. ¿Naiara qué haces? ¿QUÉ HACES? Tú no eres así. Cada vez
estoy cambiando más, esto se está yendo de las manos.
-
Mordió
mi labio. Mi corazón comenzó a palpitar más fuerte. O sea, vale.
Tranquilo. Respira. No, no respires. Déjala a ella sin respiración.
Luego de esto, la besé. La subí al mueble del lavabo y esta puso
sus brazos alrededor de mi cuello. Rió. Mordí su labio. Volví a
besarla más salvajemente. Mordí su cuello. Y esta mordió el mio.
La volví a besar. Y otra. Y otra. Y otra.
-Uh
¿Cómo estás hoy no?
-Ya
ves.- Dijo guiñándome un ojo.
-Me
gustas así también.- Dije riendo y volviendo a besarla.
Me senté
a su lado. La miré. Nos sonreímos y miramos hacia el frente. Nos
estábamos despidiendo en unos baños de aeropuerto. Nos quedaban
minutos para separarnos y estábamos en absoluto silencio después de
aquel momento de locura. Ella suspiró. Luego suspiré yo. No
sabíamos que decir, no sabíamos que pasaría después de esto.
-¿Cuándo
vuelves?- Preguntó.
-No
sé. Seis o siete meses e incluso más.
-Ah.
-¿Por
qué? No me he ido y ya me echas de menos, lo sé.
-No,
no te lo creas tanto.
-Sí.
Se que me echas de menos.
-Estoy
a tu lado, no puedo echarte de menos.- Dijo algo cabreada.
-Te
enfadas muy rápido. Muerdes con nada, eh.
-Imbécil.
-Sí
pero te gusto.
-No.
-Sabes
que sí.
-Que
no.
-Que
sí.
-Mira,
calla.
Pensé
que se iría pero después de ese “Mira, calla” me cogió la cara
y me besó.
-Joder.
Joder.- Reí.
-Ni
así te callas, niño.
Tocaron
la puerta. Miré a Naiara. Era el baño de hombres.
-¿Quién?
-Un
minuto.
Me bajé
del mueble y Naiara hizo lo mismo.
-Pues...
Nada.
-Todo
acaba.- Dijo esta.
-No.
Ni ha empezado.
-No
te olvides de...
-Que
me da igual tu novio, joder.
-Vale,
vale.
-Bueno,
me tengo que ir. Me han encantado estos días eh.- Dije besándola.
-Y a
mí.- Dijo regalándome una bonita sonrisa.
Me di la
vuelta para así marcharme pero noté como agarró mi sudadera.
-¿Que
pasa?
-Ven.
-Estoy
aquí.
-No,
acércate.
-Naiara,
estoy a tu lado.
-No,
estás lejos.
Suspiré.
Me puse en frente suya. Estábamos cerca. Muy cerca.
-¿Que
pasa? ¿eh?
-Yo
quería pedirte algo.
-Dime.
Esta
suspiró. No sé que quería pedirme pero le estaba costando bastante
decírmelo.
-No me olvides, por
favor.
Aquella
frase hizo que el corazón se me parase. Creo que hasta el mundo se
paró. Estoy seguro que las horas de todos los relojes se quedaron
muertas. Tan muertas como yo en estos instantes. Me quedé
observándola fijamente. No pestañeaba, no tenía ni fuerzas para
pestañear ahora mismo. La miraba fijamente a los ojos, le brillaban
muchísimo. Y de repente, me entró unas ganas insoportables de salir
corriendo de allí con ella y no volver jamás. ¿Que le contestaba?
¿Eh? No sabía que contestarle. Estaba inmóvil. Era una piedra.
-Bueno,
vete ya. Es tarde y perderás el avión.- Dijo esta algo desganada.
-Em...Sí.
-Adiós.
Salí
del baño. Me coloqué bien la gorra y las gafas. Era temprano así
que no había tanta gente y paparazzis cero. Me puse al lado de Bady,
este me saludó y yo le ignoré.
-¿Qué
pasa?
Le conté
la última conversación. La de “No me olvides, por favor.”
-¿No
le respondiste?
-No.
-¿No?
-No.
-¿Es
broma?
-Que
no.
Entre
esta pelea nos quedamos callados al verla salir del baño.
-
Hoy me
había comportado tal y como yo sentía. Aunque, sinceramente, la
última frase no sirvió de nada. Soy tonta. ¿Cómo no me va a
olvidar? Tiene a mil tías encima suya. Soy imbécil. Quería volver
a casa y dormir. Tenía sueño. O quizás eran ganas de llorar. Me
abrigué bien ya que hacía frío. Iba a pedir un taxi pero no tenía
dinero. Me tocaba volver andando. Perfecto.
De
repente escuché unos pasos detrás de mí. Me volví. Ahí estaba
él. Medio asfixiado y riendo. No sé por qué reía.
-No
sé por qué me río, pero bueno, será de los nervios.
-¿Que
haces? Perderás el avión.
-Quería
decirte algo.- Dijo poniéndose frente a mí.
-¿Qué?
-No
voy a olvidarte pero por favor, tú tampoco me olvides.
-Cristian.-
Dije sonriendo.- Ven aquí.- Dije abrazándole fuerte.
Este me
cogió en peso y me abrazó aún más fuerte. Era inexplicable lo que
sentía por él. Era algo increíble, mágico. Con él era feliz. Me
bajó y chocó nuestras frentes. Me sonrió. Y me susurró un “Te
voy a echar de menos” luego, me besó. El beso de la despedida. Me
acarició la cara y se marchó.
-
Llegué
a tiempo para subirme al avión. Minutos después este despegó.
Suspiré. Agarré mi móvil y me puse a mirar fotos. Volví a
suspirar. Sonreí. Ya la echaba de menos.
-No
vayas todo el viaje con los suspiros, eh.
-¿Puedes
dejar de quejarte, por favor?
-Me
quejo cuando pares de molestar.
-El
próximo viaje que te pongan lejos de mí.
-Trato
hecho.- Dijo dándome la mano.
-
Después
de aquello me llevé como unos diez minutos mirando a la nada, hasta
que un hombre se chocó conmigo. Normal, estaba en toda la puerta.
Interrumpía el paso.
-Perdón.
Perdón.- Dije recogiendo sus cosas.
-Señorita,
ten cuidado donde se pone.
Yo
comencé a reír. Este suspiró.
-Una
adolescente más enamorada.
-¿Qué?
No. No.
-¿Cómo
que no? Soy psicólogo y noto estas cosas.
-Sí
claro. Y mago.
Este
rió.
-Hombre,
y también vi como besaba a un joven antes.
Yo volví
a reír.
-Anda,
tenga cuidado señorita. Pase un buen día y que le vaya bien.- Dijo
marchándose.
-¡Igualmente,
mago!
Ante eso
aquel hombre rió y movió su cabeza en forma de “Estos jóvenes de
hoy en día...”.
Después
de llevarme más de media hora andando, llegué a casa. Se que dije
que estaba al lado, pero bueno, me paré hablar con la vecina. Luego,
me distraje viendo como unos perros se peleaban por una pequeña
pelota con el dibujo de Homer Simpson y por último, fui andando como
una tortuga.
Llegué
a casa y me tiré en el sofá. Así de simple. Ni me senté, yo me
tiré. A lo bruto. Tanto que me hinqué el mando de la televisión en
todas las costillas. Y grité fuerte. Me había dolido. Mucho. Cogí
el mando y lo tiré al suelo, haciendo que se abriese por la mitad.
Ya lo recogería cuando me despertase, ahora estaba cansada. Muy
cansada.
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