lunes, 18 de noviembre de 2013

Capítulo 8. - Te encontré en New York. {T1}


------


Entré en el aeropuerto. Por fin. Mis piernas y mis manos no dejaban de temblar. Estaba demasiado nerviosa, joder. De repente vi como un chico de gorra plana se acercaba a mí. No era Cristian. ¿Bady? Sí, creo que era él. Sinceramente no veía bien, ya que de lejos no veo nada. Cosas que pasan.

-Hola ¿Naiara?
-Eso dice mi madre.- Bromeé. Este rió.
-Vamos.- Dijo agarrándome del brazo.

Fuimos a paso ligero. Sabía que venía a verle, pero sinceramente parecía que íbamos a traficar droga o a asaltar el aeropuerto.
Llamó varias veces a la puerta del baño, alguien abrió y Bady me dijo que pasase. Yo pasé y él se marchó. La persona volvió a cerrar la puerta con pestillo y yo ya tuve el valor de mirarle.

-Hola.- susurró.- Pensé que no vendrías.
-Hola. Yo también pensé que no vendría pero...- Dije dando un paso firme y poniéndome más cerca de él.- Por una vez seguí a mi corazón.
-Eso esta muy bien.- Dijo agarrándome.
-¿A que sí?- Dije mordiendo su labio.

Espera. Espera. ¿Naiara qué haces? ¿QUÉ HACES? Tú no eres así. Cada vez estoy cambiando más, esto se está yendo de las manos.

-

Mordió mi labio. Mi corazón comenzó a palpitar más fuerte. O sea, vale. Tranquilo. Respira. No, no respires. Déjala a ella sin respiración. Luego de esto, la besé. La subí al mueble del lavabo y esta puso sus brazos alrededor de mi cuello. Rió. Mordí su labio. Volví a besarla más salvajemente. Mordí su cuello. Y esta mordió el mio. La volví a besar. Y otra. Y otra. Y otra.

-Uh ¿Cómo estás hoy no?
-Ya ves.- Dijo guiñándome un ojo.
-Me gustas así también.- Dije riendo y volviendo a besarla.

Me senté a su lado. La miré. Nos sonreímos y miramos hacia el frente. Nos estábamos despidiendo en unos baños de aeropuerto. Nos quedaban minutos para separarnos y estábamos en absoluto silencio después de aquel momento de locura. Ella suspiró. Luego suspiré yo. No sabíamos que decir, no sabíamos que pasaría después de esto.

-¿Cuándo vuelves?- Preguntó.
-No sé. Seis o siete meses e incluso más.
-Ah.
-¿Por qué? No me he ido y ya me echas de menos, lo sé.
-No, no te lo creas tanto.
-Sí. Se que me echas de menos.
-Estoy a tu lado, no puedo echarte de menos.- Dijo algo cabreada.
-Te enfadas muy rápido. Muerdes con nada, eh.
-Imbécil.
-Sí pero te gusto.
-No.
-Sabes que sí.
-Que no.
-Que sí.
-Mira, calla.

Pensé que se iría pero después de ese “Mira, calla” me cogió la cara y me besó.

-Joder. Joder.- Reí.
-Ni así te callas, niño.

Tocaron la puerta. Miré a Naiara. Era el baño de hombres.

-¿Quién?
-Un minuto.

Me bajé del mueble y Naiara hizo lo mismo.

-Pues... Nada.
-Todo acaba.- Dijo esta.
-No. Ni ha empezado.
-No te olvides de...
-Que me da igual tu novio, joder.
-Vale, vale.
-Bueno, me tengo que ir. Me han encantado estos días eh.- Dije besándola.
-Y a mí.- Dijo regalándome una bonita sonrisa.

Me di la vuelta para así marcharme pero noté como agarró mi sudadera.

-¿Que pasa?
-Ven.
-Estoy aquí.
-No, acércate.
-Naiara, estoy a tu lado.
-No, estás lejos.

Suspiré. Me puse en frente suya. Estábamos cerca. Muy cerca.

-¿Que pasa? ¿eh?
-Yo quería pedirte algo.
-Dime.

Esta suspiró. No sé que quería pedirme pero le estaba costando bastante decírmelo.

-No me olvides, por favor.

Aquella frase hizo que el corazón se me parase. Creo que hasta el mundo se paró. Estoy seguro que las horas de todos los relojes se quedaron muertas. Tan muertas como yo en estos instantes. Me quedé observándola fijamente. No pestañeaba, no tenía ni fuerzas para pestañear ahora mismo. La miraba fijamente a los ojos, le brillaban muchísimo. Y de repente, me entró unas ganas insoportables de salir corriendo de allí con ella y no volver jamás. ¿Que le contestaba? ¿Eh? No sabía que contestarle. Estaba inmóvil. Era una piedra.

-Bueno, vete ya. Es tarde y perderás el avión.- Dijo esta algo desganada.
-Em...Sí.
-Adiós.

Salí del baño. Me coloqué bien la gorra y las gafas. Era temprano así que no había tanta gente y paparazzis cero. Me puse al lado de Bady, este me saludó y yo le ignoré.

-¿Qué pasa?

Le conté la última conversación. La de “No me olvides, por favor.”

-¿No le respondiste?
-No.
-¿No?
-No.
-¿Es broma?
-Que no.

Entre esta pelea nos quedamos callados al verla salir del baño.

-

Hoy me había comportado tal y como yo sentía. Aunque, sinceramente, la última frase no sirvió de nada. Soy tonta. ¿Cómo no me va a olvidar? Tiene a mil tías encima suya. Soy imbécil. Quería volver a casa y dormir. Tenía sueño. O quizás eran ganas de llorar. Me abrigué bien ya que hacía frío. Iba a pedir un taxi pero no tenía dinero. Me tocaba volver andando. Perfecto.
De repente escuché unos pasos detrás de mí. Me volví. Ahí estaba él. Medio asfixiado y riendo. No sé por qué reía.

-No sé por qué me río, pero bueno, será de los nervios.
-¿Que haces? Perderás el avión.
-Quería decirte algo.- Dijo poniéndose frente a mí.
-¿Qué?
-No voy a olvidarte pero por favor, tú tampoco me olvides.
-Cristian.- Dije sonriendo.- Ven aquí.- Dije abrazándole fuerte.

Este me cogió en peso y me abrazó aún más fuerte. Era inexplicable lo que sentía por él. Era algo increíble, mágico. Con él era feliz. Me bajó y chocó nuestras frentes. Me sonrió. Y me susurró un “Te voy a echar de menos” luego, me besó. El beso de la despedida. Me acarició la cara y se marchó.

-

Llegué a tiempo para subirme al avión. Minutos después este despegó. Suspiré. Agarré mi móvil y me puse a mirar fotos. Volví a suspirar. Sonreí. Ya la echaba de menos.

-No vayas todo el viaje con los suspiros, eh.
-¿Puedes dejar de quejarte, por favor?
-Me quejo cuando pares de molestar.
-El próximo viaje que te pongan lejos de mí.
-Trato hecho.- Dijo dándome la mano.

-

Después de aquello me llevé como unos diez minutos mirando a la nada, hasta que un hombre se chocó conmigo. Normal, estaba en toda la puerta. Interrumpía el paso.

-Perdón. Perdón.- Dije recogiendo sus cosas.
-Señorita, ten cuidado donde se pone.

Yo comencé a reír. Este suspiró.

-Una adolescente más enamorada.
-¿Qué? No. No.
-¿Cómo que no? Soy psicólogo y noto estas cosas.
-Sí claro. Y mago.

Este rió.

-Hombre, y también vi como besaba a un joven antes.

Yo volví a reír.

-Anda, tenga cuidado señorita. Pase un buen día y que le vaya bien.- Dijo marchándose.
-¡Igualmente, mago!

Ante eso aquel hombre rió y movió su cabeza en forma de “Estos jóvenes de hoy en día...”.
Después de llevarme más de media hora andando, llegué a casa. Se que dije que estaba al lado, pero bueno, me paré hablar con la vecina. Luego, me distraje viendo como unos perros se peleaban por una pequeña pelota con el dibujo de Homer Simpson y por último, fui andando como una tortuga.

Llegué a casa y me tiré en el sofá. Así de simple. Ni me senté, yo me tiré. A lo bruto. Tanto que me hinqué el mando de la televisión en todas las costillas. Y grité fuerte. Me había dolido. Mucho. Cogí el mando y lo tiré al suelo, haciendo que se abriese por la mitad. Ya lo recogería cuando me despertase, ahora estaba cansada. Muy cansada.

-------
Si has leído este capítulo dale retwit a este tweet.

No hay comentarios:

Publicar un comentario