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Un nuevo día; Estiré cada músculo de
mi cuerpo y fui a la ducha. Me llevé como una media hora, salí con
deportivas y un chandal. Quería ir cómodo todo el viaje.
-¿Listo?- Dijo Bady.
-Listísimo.
-Allá vamos.- Dijo Bady cogiendo
todo lo necesario.
Montamos en el avión rumbo a New York,
volvería a pisar otra vez esa hermosa ciudad. Y espero, volver a
verla.
-Tío.
-Dime.- Dijo Bady mirándome.
-Ayer decidí luchar por ella.
-A ver... ¿Cómo te lo digo?
-¿El qué?
-Cristian, que está enamorada de
otro. Que no va a cambiar sus sentimientos ¿entiendes?
-Algo dentro de mí dice que ella
también quiere besarme.
-No, Cristian. No te equivoques. Eso
sólo lo quieres tú, mira, voy a ser directo; A ella se la sudas.
-Gracias, eh.
-Siempre te he sido sincero y hoy
voy a volver a serlo. No le importas, ¿vale? Es como si ahora cruzas
la carretera de New York y te atropella un coche, ¿tu crees que se
preocuparía?
-No sé...
-Pues NO, no lo haría. Porque sabes
que te odia, que no le caes bien, ella no tiene el mínimo interés
por ti ¡Entiéndelo y deja de hacerte daño! ¡Olvídala!
Después de esto, volvió a mirar su
móvil. En todo el viaje, bastante largo por cierto, no hablamos más.
Nos mirábamos y poco más. Eran momentos incómodos, por lo menos
para mí.
-
Me desperté más temprano de lo normal
y me puse a recoger la casa y hacer la comida. Carlos vendría
también a comer.
-Buenas.
-¡Carlos!- Gritó mi hermana.
-Hola cariño.- Dije yo besándolo.
-Enana, te traigo una sorpresa.
-¿Sí? ¿Cuál?- Dijo ella
nerviosa.
-Ábrelo.
Mi hermana se tiró al suelo para abrir
el regalo que Carlos le traía, estaba nerviosa. Lo habría con tanto
nerviosismo que partía el papel en trozos pequeños. Carlos y yo
reíamos ante esto. Cuando terminó de abrirlo gritó fuerte.
-¡Es una camiseta de XRIZ!
¡GRACIAS!- Dijo abrazándole fuerte.
-Para que te la pongas hoy, enana.
-¿Se enamorará de mí?
-Pues seguramente.- Dijo Carlos con
una bonita sonrisa.
-Anda, déjala ahí y vamos a comer.
Comimos entre risas, bromas y nervios
de mi hermana. Por decir que tiró el vaso de zumo, el tenedor y el
Yogurt. Cristian la hacía ponerse insoportable.
-La que ha liado tu hermana.- Rió
Carlos.
-Los nervios, menos mal que se ha
dormido si no... Ni recoger nos deja.
Después de unas horas, fuimos rumbo al
sitio donde se haría el concierto. Nosotros compramos entrada VIP,
por tanto, entrábamos a verlo ensayar.
-Vamos, vamos.- Dijo Amada mientras
corría.
-Eh, eh. Para, para.- Dije
riñéndole.
-Ai, ¿Entramos ya?
-Claro.- Reí.- Buenas, somos
nosotros tres.- Le dije al seguridad aportándole las entradas.
-Pasen dentro, espero que lo paséis
genial.- Dijo con una sonrisa.
-Muchas gracias.- Dijimos Carlos y
yo.
-Gracias, señor.- Dijo mi hermana.
Mi hermana corrió a coger sitio,
Carlos y yo intentábamos alcanzarla.
-¡Primera fila!
-Sí, sí pero
quieta ya. Ahora a mirar como ensaya.
-¿Podré
cantar?
-Claro, amor.
Cristian salió al escenario junto a su
mánager, Bady. Se colocaron en sus posiciones y Cristian saludó a
las pocas personas que había allí. Para ser tan famoso, había
pocas. Miró fijamente al público y paró su mirada en mí, luego me
sonrió, noté como mi corazón se aceleraba más y más, casi no
podía respirar. De repente, miles de recuerdos casi olvidados
invadieron mi mente.
-
Salí al escenario, debía ensayar ya.
Por lo que me habían dicho no había mucha gente, raro pero cierto.
Bady y yo nos colocamos en las posiciones para comenzar el ensayo.
Como siempre, miré a el público y para mi sorpresa mis ojos
chocaron con los de Naiara.
Estaba preciosa, como siempre. Esta era
mi oportunidad. Fui hasta Bady y le dije algo al oído.
-
Después de aquella mirada que hizo que
temblase, fue hacia Bady y le susurró algo. Una canción comenzó a
sonar, era movida y mi hermana comenzaba a bailar ya.
-¿Cuál es?- Le pregunté.
-Es nueva, hermana.- Dijo mi hermana
riendo.
“Oye niña te digo una cosita y es
que se te ve linda y quiero conocerte...” decía la primera
parte de la canción. Y claro, ¿para que mentir? La canción sería
perfecta si él no estuviese frente a mí mirándome fijamente a los
ojos, casi no pestañeaba. No paraba de mirarme, de señalarme, de
sonreírme. Creo que iba a volverme loca.
-¿Te la canta a mí o estoy
soñando?
-Estás soñando.- Le dije a Carlos.
-Te la está cantando a ti.
-Que no Carlos, que estás soñando
joder. Pareces tonto, eh.
El ensayo terminó y yo di un suspiro
de alivio al ver que se iba alejando poco a poco. Después de una
hora el concierto comenzó. Lo pasé mal, la verdad. Miles de niñas
gritaban y saltaban y yo cada vez estaba más aplastada. Fue lo peor.
Aunque Cristian actuó muy bien, la verdad. Después de eso, fuimos
dirección al M&G. Carlos se quedó fuera, sentado en una silla.
Yo, entré con mi hermana. Mi hermana corrió a Cristian dándole un
gran abrazo, y este, le dijo algo al oído. Un fotógrafo comenzó a
echarles foto, mi hermana estaba muy feliz.
-¿Me firmas el brazo?- Dijo mi
hermana emocionada.
-Claro, peque.
Le firmó el brazo y luego me acerqué
a mi hermana ya que nos teníamos que ir.
-Vamos, enana. Que hay más niñas.
Cristian me miró y sonrió. Yo no.
Aunque por dentro tenía unas enormes ganas de devolverle la sonrisa.
-Quedaros aquí a ver como firmo si
queréis...
-No, lo siento. Vamos, Amada.
-Jo. ¿Por qué? Yo quiero quedarme
aquí.
-No, Amada. Es tarde, debemos
volver.
-NO QUIERO VOLVER, QUIERO QUEDARME
CON CRISTIAN.- Dijo la pequeña agarrándose a él.
-AMADA, VAMOS.- Dije, cogiéndola
del brazo.
-NO ES MI PROBLEMA QUE TÚ LE ODIES.
YO NO LE ODIO, YO LE QUIERO Y QUIERO QUEDARME AQUÍ.
Una niña de siete años me acababa de
dejar de piedra, sinceramente, tenía razón aunque no... No del
todo, yo ya no odiaba a Cristian.
-Déjala conmigo, yo la cuido.
Confía en mi equipo. Ahora vamos fuera.
-Vale.- Dije marchándome de allí.
-
-Voy al baño, Carlos.
-Vale. Cuidado.
Fui al baño, me lavé la cara y volví
a maquillarme. Sentía como me faltaba la respiración. Me miré en
el espejo, ¿lo quiero? ¿Siento cosas por él? Mis sentimientos se
contradecían demasiado. ¿Qué me estaba pasando?
De repente la puerta del baño se abrió
bruscamente, yo asustada miré.
-Hola.
-Hola.
-Siento si te asusté, no me
encuentro muy bien.
-Serán los flashes.- Le dije en
tono de burla.
-No, no son los flashes.- Dijo
mientras se echaba agua en la cara y suspiraba.
-Bueno, yo me voy. ¿Y mi hermana?
-Con Bady. Están jugando a un
juego, cosas de ellos.
-Ya. Gracias. Adiós.- Dije con la
intención de marcharme.
-Oye, espera.
-Dime.
-Yo... Mira, te voy a ser claro.
Déjame ser claro, aunque sea la última vez que me escuches por
favor.
-Cuéntame.
-Yo te quiero, ¿Vale? Eres especial
para mí. Se que no nos conocemos de nada, pero, el destino me puso
ante ti el día que llegué a New York. Recuerdo el momento, aunque
tú no. Estábamos en los pisos ese con miles de plantas. Y digo
estábamos porque tú estabas. Y bueno, tu te paraste a mi lado y te
peleaste con tu madre y dijiste que no querías verme porque era un
niñato y yo me reí, y obviamente no sabía que iba por mí. La
razón es que en las próximas horas me sentí extraño, y cuando
llegué al Hotel para comer, Bady, como siempre y en tono borde, me
preguntó “¿Con quién?” Y esta vez no tenía número de
habitación, ni color de coche, ni calle donde estaba aquel baño. No
tenía nada. Y le dije que vi a una niña que estaba buena, pero que
no me acerqué a ella, y ¿sabes? En ese momento no entendí nada, no
sabía porque no me había acercado a ti... Pero, hoy en día sí,
ahora lo sé. Yo creo, que mi interior me dijo “No intentes
conquistarla, no podrás porque no querrá y por qué quizás en un
futuro sea la indicada” y...
-¡CÁLLATE, CRISTIAN!
-Déjame terminar, por favor.
-No, no quiero oírte. Simplemente
no quiero.- Dije llorando.
-Pues si no me oyes me vas a sentir.
-¿Qué?- Dije sin entender nada.
Cristian avanzó un paso hacía mí y
me besó, me agarró tan fuerte que casi no podía moverme. Sus
labios estaban unidos a los míos y nuestras lenguas luchaban por ver
quien daba más. Y no, no intenté quitarme. Simplemente porque me
tenía bien agarrada y porque no quería. Y ahora diréis que soy una
bipolar, pero es que no quería, ya dije antes que mis sentimientos
se contradecían una y otra vez.
-¿Qué haces?
-Besarte.
-Yo...Yo me voy.- Dije saliendo de
allí.
-
-¿Pasa algo?- Me preguntó Carlos.
-No, nada.- Dije sonriendo.- Voy a
por la niña y nos marchamos.
-Vale.
Fui a por Amada, ella se despidió de
todos y nos fuimos. Desde el beso no había vuelto a ver a Cristian,
y ahora mismo, mi cabeza era un lío.
-Si os da miedo me quedo a dormir,
¿Vale?- Dijo Carlos con una bonita sonrisa.
Y toda chica diría que sí encantada,
¿A quién no le gusta dormir con su novio? Bueno, pues yo dije que
no. No quería. No me apetecía.
-No cariño, estamos bien. Buenas
noches.- Dije besando su mejilla.
Acosté a Amada, me di una ducha y me
tiré en la cama. Cogí mi portátil y entré en Twitter. Comencé a
leer mi TL, todos ponían lo mismo. Que si tengo sueño, que si mi
vida es una mierda, que si pepe está feliz... Y así. Me estaba
aburriendo, y cuando decidí cerrarlo vi un tweet bastante curioso.
XRIZ - #OyeNiña.
@OfficialXriz
Ni te imaginas cuanto
te quiero, ni te imaginas cuanto me ha gustado probar tus labios.
Me quedé mirando el tweet
fijamente, y no sé por qué pero lo marqué favorito. Sentí la
necesidad de hacerlo. Apagué el portátil y cerré los ojos. No
paraba de recordar el puto beso. De repente se escuchó un ruido
abajo. Me asusté muchísimo ya que en casa solo estaba Amada y yo.
Bajé las escaleras deprisa, estaba asustada. No vi nada. Con miedo,
me di la vuelta para volver a subir.
-Hola, hija.- Dijo mi
madre.
-JODER.- Grité.
-Silencio, tu hermana
duerme.
-Que susto mamá.
Llegaste temprano.
-Sí, me dejaron salir
antes. ¿Y Carlos?
-En casa, ¿Para que se
iba a quedar?
-Ah. Entiendo. ¿Lo
pasaste bien?
-Sí, sí. Bueno, voy a
dormir.
Me tiré en la cama, y me
tapé hasta el cuello. Tenía frío. Cerré los ojos y de repente, se
me vino a la cabeza recuerdos del momento clave. Sus labios sabían
muy bien. De repente, me entró unas enormes ganas de volverme y
verle ahí, a mi lado, y que me abrace y que.. ¿Que coño estoy
diciendo?
Comenzó a dolerme la
cabeza. Miré el reloj en mi mesita de noche, las tres de la mañana.
No podía dormir y la cabeza me iba a explotar, genial. Baje las
escaleras en busca de pastillas para el dolor de cabeza. Mi madre
estaba en la cocina, estaba terminando de poner todo en condiciones
antes de irse a dormir.
-Hola, hija. ¿Que pasa,
amor?- Me dijo dulcemente.
-Me duele la cabeza.
-No te preocupes, yo te
busco la pastilla. Siéntate.
-Vale, gracias.
Me senté en una de las
sillas de la cocina, vi como mi madre buscaba la pastilla, luego, la
introducía en un vaso de agua para que así se disolviese. Se sentó
frente a mí poniéndome el vaso al lado.
-¿Qué pasa?
-Nada.
-Cuéntame.
-Nada.
-Dime.- Insistió.
Suspiré. Como ya dije mi
madre era mi mejor amiga. Siendo sincera, yo no tenía amigas. Tenía
compañeras de clase que me pasaban las tareas o yo se las pasaba a
ellas. No tenía amigas con quien salir, con quien hablar. A veces,
eso era duro. Nunca os lo había dicho, pero, desde pequeña ha sido
así. Nunca me he integrado del todo, o sea, yo me hablaba con toda
mi clase siempre pero jamás, con ninguna niña he tenido el feeling
que se ha necesitado para sobrellevar una bonita amistad. Por tanto,
con la única persona que me desahogo es con mi madre. Ella me
entiende, me aconseja y nunca me juzga.
-Pues, yo estoy con
Carlos. Lo sabes ya, y bueno...Yo quiero a Carlos pero ahora mismo no
sé que siento. En el concierto, fui al baño, y Cristian fue
también. ¡Al mismo! Y bueno, me besó y lo peor de todo es que no
hice nada para detenerle mamá y ahora mismo soy la más cabrona del
mundo porque le he fallado a Carlos.
-Hija, no has sido
cabrona solo has seguido a tu corazón.
-No, mamá. Se supone que
lo odiaba...
-Pues no demostraste eso.
Te ha besado, y te has dejado. ¿Le pegaste después de hacerlo?
¿Sigues sintiendo el beso? ¿Quieres que vuelva hacerlo? Se sincera,
cariño. Esto es por ti.
-No le pegué. Si. Y
claro que quiero que lo haga.- Dije sincera.
-¿Ves? Tú no odias a
ese chico, a ti no te cae mal, y mucho menos tú por el no sientes
nada. Tu le quieres, no te digo que estés enamorada pero se que le
quieres y Naiara, no, no le has olvidado. Quizás se te haya pasado
ese amor que sentías, pero te aseguro de que tú le quieres. Dejaste
de amarlo, porque conseguiste tanto odio en tu corazón que el amor
se quedó a un lado tan solo que murió pero te aseguro, que cuando
lo viste, algo dentro de ti volvió a nacer. No era el “te amo”
pero sí el “te quiero”, porque tú nunca llegaste a olvidarle
del todo. Ah, por cierto. Recuerdo muchos días en los que tu hermana
contaba ciertas cosas y tú sonreías como una tonta, pero luego, lo
insultabas o despreciabas. Y no te voy a mentir, pero me quedaba muy
trabada. No entendía el por qué exacto de aquel odio que querías
llegar a sentir.
-Porque era un mujeriego,
un cabrón, un chulo.
-Quizás lo ha sido
porque estuvo al lado de alguien que lo era, quizás la persona que
ha tenido a su lado era un mujeriego y un cabrón. Hay muchas cosas
que nadie sabe, solo él. Y ¿sabes que pienso?
-¿Qué?- Dije intrigada
mientras me bebía el vaso con la pastilla ya disuelta.
-Que yo creo que tú eres
esa persona a la que le contaría todo, porque te quiere, y porque
confía en ti a pesar del poco tiempo que lleva conociéndote.
Después de esto comencé a
llorar, tanto, que notaba como la respiración me faltaba.
-Hija, tranquila. Piensa
bien lo que haces y lo que sientes, y si no quieres a Carlos déjale.
No vivas una mentira como la viví yo con tu padre.
-Mamá, no sé que hacer
de verdad.
-Hija. Me he llevado 18
años de mi vida perdidos con tu padre. No destroces tu vida, no
pierdas tu vida, no hagas de tu vida una mentira, ni estés con
alguien al que no quieres ni te sientes bien.
Mi madre comenzó con mi
padre a los 18 años, a los 20 años se quedó embarazada de mí y
aquí estoy. Ella me ha contado que realmente fuimos inesperadas. O
sea, que vinimos al mundo porque sí. Mi padre no la trataba muy
bien, y ella no le quería. Ella siempre me dice que no destroce mi
vida como lo hizo ella, que si ella está feliz ahora es porque me
tiene a mí, a mi hermana y porque no está con mi padre. Hace cuatro
años que no veo a mi padre, ni una simple llamada. Supongo que ni en
mis 18 años estará aquí. Es triste, pero así son las cosas y no
puedo hacer nada para cambiarlas.
-Hija, te lo estoy
diciendo en serio.- Volvió a decirme.
-Te haré caso mamá,
buenas noches.- Dije besando su mejilla y yéndome a dormir.
Subí a la habitación, no
tenía nada de sueño y eran casi las cuatro. Cogí mi móvil y entré
en Twitter, comencé a escribir tweets. Necesitaba desahogarme de una
manera y esta era la forma correcta. Así que iba a tener una noche
bastante ajetreada escribiendo sin parar.
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