jueves, 14 de noviembre de 2013

Capítulo 5. - Te encontré en New York. {T1}


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Un nuevo día; Estiré cada músculo de mi cuerpo y fui a la ducha. Me llevé como una media hora, salí con deportivas y un chandal. Quería ir cómodo todo el viaje.

-¿Listo?- Dijo Bady.
-Listísimo.
-Allá vamos.- Dijo Bady cogiendo todo lo necesario.

Montamos en el avión rumbo a New York, volvería a pisar otra vez esa hermosa ciudad. Y espero, volver a verla.

-Tío.
-Dime.- Dijo Bady mirándome.
-Ayer decidí luchar por ella.
-A ver... ¿Cómo te lo digo?
-¿El qué?
-Cristian, que está enamorada de otro. Que no va a cambiar sus sentimientos ¿entiendes?
-Algo dentro de mí dice que ella también quiere besarme.
-No, Cristian. No te equivoques. Eso sólo lo quieres tú, mira, voy a ser directo; A ella se la sudas.
-Gracias, eh.
-Siempre te he sido sincero y hoy voy a volver a serlo. No le importas, ¿vale? Es como si ahora cruzas la carretera de New York y te atropella un coche, ¿tu crees que se preocuparía?
-No sé...
-Pues NO, no lo haría. Porque sabes que te odia, que no le caes bien, ella no tiene el mínimo interés por ti ¡Entiéndelo y deja de hacerte daño! ¡Olvídala!

Después de esto, volvió a mirar su móvil. En todo el viaje, bastante largo por cierto, no hablamos más. Nos mirábamos y poco más. Eran momentos incómodos, por lo menos para mí.

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Me desperté más temprano de lo normal y me puse a recoger la casa y hacer la comida. Carlos vendría también a comer.

-Buenas.
-¡Carlos!- Gritó mi hermana.
-Hola cariño.- Dije yo besándolo.
-Enana, te traigo una sorpresa.
-¿Sí? ¿Cuál?- Dijo ella nerviosa.
-Ábrelo.

Mi hermana se tiró al suelo para abrir el regalo que Carlos le traía, estaba nerviosa. Lo habría con tanto nerviosismo que partía el papel en trozos pequeños. Carlos y yo reíamos ante esto. Cuando terminó de abrirlo gritó fuerte.

-¡Es una camiseta de XRIZ! ¡GRACIAS!- Dijo abrazándole fuerte.
-Para que te la pongas hoy, enana.
-¿Se enamorará de mí?
-Pues seguramente.- Dijo Carlos con una bonita sonrisa.
-Anda, déjala ahí y vamos a comer.

Comimos entre risas, bromas y nervios de mi hermana. Por decir que tiró el vaso de zumo, el tenedor y el Yogurt. Cristian la hacía ponerse insoportable.

-La que ha liado tu hermana.- Rió Carlos.
-Los nervios, menos mal que se ha dormido si no... Ni recoger nos deja.

Después de unas horas, fuimos rumbo al sitio donde se haría el concierto. Nosotros compramos entrada VIP, por tanto, entrábamos a verlo ensayar.

-Vamos, vamos.- Dijo Amada mientras corría.
-Eh, eh. Para, para.- Dije riñéndole.
-Ai, ¿Entramos ya?
-Claro.- Reí.- Buenas, somos nosotros tres.- Le dije al seguridad aportándole las entradas.
-Pasen dentro, espero que lo paséis genial.- Dijo con una sonrisa.
-Muchas gracias.- Dijimos Carlos y yo.
-Gracias, señor.- Dijo mi hermana.

Mi hermana corrió a coger sitio, Carlos y yo intentábamos alcanzarla.

-¡Primera fila!
-Sí, sí pero quieta ya. Ahora a mirar como ensaya.
-¿Podré cantar?
-Claro, amor.

Cristian salió al escenario junto a su mánager, Bady. Se colocaron en sus posiciones y Cristian saludó a las pocas personas que había allí. Para ser tan famoso, había pocas. Miró fijamente al público y paró su mirada en mí, luego me sonrió, noté como mi corazón se aceleraba más y más, casi no podía respirar. De repente, miles de recuerdos casi olvidados invadieron mi mente.

-

Salí al escenario, debía ensayar ya. Por lo que me habían dicho no había mucha gente, raro pero cierto. Bady y yo nos colocamos en las posiciones para comenzar el ensayo. Como siempre, miré a el público y para mi sorpresa mis ojos chocaron con los de Naiara.
Estaba preciosa, como siempre. Esta era mi oportunidad. Fui hasta Bady y le dije algo al oído.

-

Después de aquella mirada que hizo que temblase, fue hacia Bady y le susurró algo. Una canción comenzó a sonar, era movida y mi hermana comenzaba a bailar ya.

-¿Cuál es?- Le pregunté.
-Es nueva, hermana.- Dijo mi hermana riendo.

“Oye niña te digo una cosita y es que se te ve linda y quiero conocerte...” decía la primera parte de la canción. Y claro, ¿para que mentir? La canción sería perfecta si él no estuviese frente a mí mirándome fijamente a los ojos, casi no pestañeaba. No paraba de mirarme, de señalarme, de sonreírme. Creo que iba a volverme loca.

-¿Te la canta a mí o estoy soñando?
-Estás soñando.- Le dije a Carlos.
-Te la está cantando a ti.
-Que no Carlos, que estás soñando joder. Pareces tonto, eh.

El ensayo terminó y yo di un suspiro de alivio al ver que se iba alejando poco a poco. Después de una hora el concierto comenzó. Lo pasé mal, la verdad. Miles de niñas gritaban y saltaban y yo cada vez estaba más aplastada. Fue lo peor. Aunque Cristian actuó muy bien, la verdad. Después de eso, fuimos dirección al M&G. Carlos se quedó fuera, sentado en una silla. Yo, entré con mi hermana. Mi hermana corrió a Cristian dándole un gran abrazo, y este, le dijo algo al oído. Un fotógrafo comenzó a echarles foto, mi hermana estaba muy feliz.

-¿Me firmas el brazo?- Dijo mi hermana emocionada.
-Claro, peque.

Le firmó el brazo y luego me acerqué a mi hermana ya que nos teníamos que ir.

-Vamos, enana. Que hay más niñas.

Cristian me miró y sonrió. Yo no. Aunque por dentro tenía unas enormes ganas de devolverle la sonrisa.

-Quedaros aquí a ver como firmo si queréis...
-No, lo siento. Vamos, Amada.
-Jo. ¿Por qué? Yo quiero quedarme aquí.
-No, Amada. Es tarde, debemos volver.
-NO QUIERO VOLVER, QUIERO QUEDARME CON CRISTIAN.- Dijo la pequeña agarrándose a él.
-AMADA, VAMOS.- Dije, cogiéndola del brazo.
-NO ES MI PROBLEMA QUE TÚ LE ODIES. YO NO LE ODIO, YO LE QUIERO Y QUIERO QUEDARME AQUÍ.

Una niña de siete años me acababa de dejar de piedra, sinceramente, tenía razón aunque no... No del todo, yo ya no odiaba a Cristian.

-Déjala conmigo, yo la cuido. Confía en mi equipo. Ahora vamos fuera.
-Vale.- Dije marchándome de allí.

-

-Voy al baño, Carlos.
-Vale. Cuidado.

Fui al baño, me lavé la cara y volví a maquillarme. Sentía como me faltaba la respiración. Me miré en el espejo, ¿lo quiero? ¿Siento cosas por él? Mis sentimientos se contradecían demasiado. ¿Qué me estaba pasando?
De repente la puerta del baño se abrió bruscamente, yo asustada miré.

-Hola.
-Hola.
-Siento si te asusté, no me encuentro muy bien.
-Serán los flashes.- Le dije en tono de burla.
-No, no son los flashes.- Dijo mientras se echaba agua en la cara y suspiraba.
-Bueno, yo me voy. ¿Y mi hermana?
-Con Bady. Están jugando a un juego, cosas de ellos.
-Ya. Gracias. Adiós.- Dije con la intención de marcharme.
-Oye, espera.
-Dime.
-Yo... Mira, te voy a ser claro. Déjame ser claro, aunque sea la última vez que me escuches por favor.
-Cuéntame.
-Yo te quiero, ¿Vale? Eres especial para mí. Se que no nos conocemos de nada, pero, el destino me puso ante ti el día que llegué a New York. Recuerdo el momento, aunque tú no. Estábamos en los pisos ese con miles de plantas. Y digo estábamos porque tú estabas. Y bueno, tu te paraste a mi lado y te peleaste con tu madre y dijiste que no querías verme porque era un niñato y yo me reí, y obviamente no sabía que iba por mí. La razón es que en las próximas horas me sentí extraño, y cuando llegué al Hotel para comer, Bady, como siempre y en tono borde, me preguntó “¿Con quién?” Y esta vez no tenía número de habitación, ni color de coche, ni calle donde estaba aquel baño. No tenía nada. Y le dije que vi a una niña que estaba buena, pero que no me acerqué a ella, y ¿sabes? En ese momento no entendí nada, no sabía porque no me había acercado a ti... Pero, hoy en día sí, ahora lo sé. Yo creo, que mi interior me dijo “No intentes conquistarla, no podrás porque no querrá y por qué quizás en un futuro sea la indicada” y...
-¡CÁLLATE, CRISTIAN!
-Déjame terminar, por favor.
-No, no quiero oírte. Simplemente no quiero.- Dije llorando.
-Pues si no me oyes me vas a sentir.
-¿Qué?- Dije sin entender nada.

Cristian avanzó un paso hacía mí y me besó, me agarró tan fuerte que casi no podía moverme. Sus labios estaban unidos a los míos y nuestras lenguas luchaban por ver quien daba más. Y no, no intenté quitarme. Simplemente porque me tenía bien agarrada y porque no quería. Y ahora diréis que soy una bipolar, pero es que no quería, ya dije antes que mis sentimientos se contradecían una y otra vez.

-¿Qué haces?
-Besarte.
-Yo...Yo me voy.- Dije saliendo de allí.

-

-¿Pasa algo?- Me preguntó Carlos.
-No, nada.- Dije sonriendo.- Voy a por la niña y nos marchamos.
-Vale.

Fui a por Amada, ella se despidió de todos y nos fuimos. Desde el beso no había vuelto a ver a Cristian, y ahora mismo, mi cabeza era un lío.

-Si os da miedo me quedo a dormir, ¿Vale?- Dijo Carlos con una bonita sonrisa.

Y toda chica diría que sí encantada, ¿A quién no le gusta dormir con su novio? Bueno, pues yo dije que no. No quería. No me apetecía.

-No cariño, estamos bien. Buenas noches.- Dije besando su mejilla.

Acosté a Amada, me di una ducha y me tiré en la cama. Cogí mi portátil y entré en Twitter. Comencé a leer mi TL, todos ponían lo mismo. Que si tengo sueño, que si mi vida es una mierda, que si pepe está feliz... Y así. Me estaba aburriendo, y cuando decidí cerrarlo vi un tweet bastante curioso.
XRIZ - #OyeNiña. @OfficialXriz
Ni te imaginas cuanto te quiero, ni te imaginas cuanto me ha gustado probar tus labios.

Me quedé mirando el tweet fijamente, y no sé por qué pero lo marqué favorito. Sentí la necesidad de hacerlo. Apagué el portátil y cerré los ojos. No paraba de recordar el puto beso. De repente se escuchó un ruido abajo. Me asusté muchísimo ya que en casa solo estaba Amada y yo. Bajé las escaleras deprisa, estaba asustada. No vi nada. Con miedo, me di la vuelta para volver a subir.

-Hola, hija.- Dijo mi madre.
-JODER.- Grité.
-Silencio, tu hermana duerme.
-Que susto mamá. Llegaste temprano.
-Sí, me dejaron salir antes. ¿Y Carlos?
-En casa, ¿Para que se iba a quedar?
-Ah. Entiendo. ¿Lo pasaste bien?
-Sí, sí. Bueno, voy a dormir.

Me tiré en la cama, y me tapé hasta el cuello. Tenía frío. Cerré los ojos y de repente, se me vino a la cabeza recuerdos del momento clave. Sus labios sabían muy bien. De repente, me entró unas enormes ganas de volverme y verle ahí, a mi lado, y que me abrace y que.. ¿Que coño estoy diciendo?
Comenzó a dolerme la cabeza. Miré el reloj en mi mesita de noche, las tres de la mañana. No podía dormir y la cabeza me iba a explotar, genial. Baje las escaleras en busca de pastillas para el dolor de cabeza. Mi madre estaba en la cocina, estaba terminando de poner todo en condiciones antes de irse a dormir.

-Hola, hija. ¿Que pasa, amor?- Me dijo dulcemente.
-Me duele la cabeza.
-No te preocupes, yo te busco la pastilla. Siéntate.
-Vale, gracias.

Me senté en una de las sillas de la cocina, vi como mi madre buscaba la pastilla, luego, la introducía en un vaso de agua para que así se disolviese. Se sentó frente a mí poniéndome el vaso al lado.

-¿Qué pasa?
-Nada.
-Cuéntame.
-Nada.
-Dime.- Insistió.

Suspiré. Como ya dije mi madre era mi mejor amiga. Siendo sincera, yo no tenía amigas. Tenía compañeras de clase que me pasaban las tareas o yo se las pasaba a ellas. No tenía amigas con quien salir, con quien hablar. A veces, eso era duro. Nunca os lo había dicho, pero, desde pequeña ha sido así. Nunca me he integrado del todo, o sea, yo me hablaba con toda mi clase siempre pero jamás, con ninguna niña he tenido el feeling que se ha necesitado para sobrellevar una bonita amistad. Por tanto, con la única persona que me desahogo es con mi madre. Ella me entiende, me aconseja y nunca me juzga.

-Pues, yo estoy con Carlos. Lo sabes ya, y bueno...Yo quiero a Carlos pero ahora mismo no sé que siento. En el concierto, fui al baño, y Cristian fue también. ¡Al mismo! Y bueno, me besó y lo peor de todo es que no hice nada para detenerle mamá y ahora mismo soy la más cabrona del mundo porque le he fallado a Carlos.
-Hija, no has sido cabrona solo has seguido a tu corazón.
-No, mamá. Se supone que lo odiaba...
-Pues no demostraste eso. Te ha besado, y te has dejado. ¿Le pegaste después de hacerlo? ¿Sigues sintiendo el beso? ¿Quieres que vuelva hacerlo? Se sincera, cariño. Esto es por ti.
-No le pegué. Si. Y claro que quiero que lo haga.- Dije sincera.
-¿Ves? Tú no odias a ese chico, a ti no te cae mal, y mucho menos tú por el no sientes nada. Tu le quieres, no te digo que estés enamorada pero se que le quieres y Naiara, no, no le has olvidado. Quizás se te haya pasado ese amor que sentías, pero te aseguro de que tú le quieres. Dejaste de amarlo, porque conseguiste tanto odio en tu corazón que el amor se quedó a un lado tan solo que murió pero te aseguro, que cuando lo viste, algo dentro de ti volvió a nacer. No era el “te amo” pero sí el “te quiero”, porque tú nunca llegaste a olvidarle del todo. Ah, por cierto. Recuerdo muchos días en los que tu hermana contaba ciertas cosas y tú sonreías como una tonta, pero luego, lo insultabas o despreciabas. Y no te voy a mentir, pero me quedaba muy trabada. No entendía el por qué exacto de aquel odio que querías llegar a sentir.
-Porque era un mujeriego, un cabrón, un chulo.
-Quizás lo ha sido porque estuvo al lado de alguien que lo era, quizás la persona que ha tenido a su lado era un mujeriego y un cabrón. Hay muchas cosas que nadie sabe, solo él. Y ¿sabes que pienso?
-¿Qué?- Dije intrigada mientras me bebía el vaso con la pastilla ya disuelta.
-Que yo creo que tú eres esa persona a la que le contaría todo, porque te quiere, y porque confía en ti a pesar del poco tiempo que lleva conociéndote.

Después de esto comencé a llorar, tanto, que notaba como la respiración me faltaba.

-Hija, tranquila. Piensa bien lo que haces y lo que sientes, y si no quieres a Carlos déjale. No vivas una mentira como la viví yo con tu padre.
-Mamá, no sé que hacer de verdad.
-Hija. Me he llevado 18 años de mi vida perdidos con tu padre. No destroces tu vida, no pierdas tu vida, no hagas de tu vida una mentira, ni estés con alguien al que no quieres ni te sientes bien.

Mi madre comenzó con mi padre a los 18 años, a los 20 años se quedó embarazada de mí y aquí estoy. Ella me ha contado que realmente fuimos inesperadas. O sea, que vinimos al mundo porque sí. Mi padre no la trataba muy bien, y ella no le quería. Ella siempre me dice que no destroce mi vida como lo hizo ella, que si ella está feliz ahora es porque me tiene a mí, a mi hermana y porque no está con mi padre. Hace cuatro años que no veo a mi padre, ni una simple llamada. Supongo que ni en mis 18 años estará aquí. Es triste, pero así son las cosas y no puedo hacer nada para cambiarlas.

-Hija, te lo estoy diciendo en serio.- Volvió a decirme.
-Te haré caso mamá, buenas noches.- Dije besando su mejilla y yéndome a dormir.


Subí a la habitación, no tenía nada de sueño y eran casi las cuatro. Cogí mi móvil y entré en Twitter, comencé a escribir tweets. Necesitaba desahogarme de una manera y esta era la forma correcta. Así que iba a tener una noche bastante ajetreada escribiendo sin parar.
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