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Decidí buscarla. Estaba sola,
bailando. A su rollo. Busqué a su novio, este entraba en los baños.
Perfecto.
Me acerqué a ella por detrás, agarré
su cintura. Esta agarró mis manos y las acarició. Minutos después
notó que yo no era su novio, se giró y me miró fijamente. Intentó
huir pero la agarré fuerte.
-Eh eh. Quieta.
-Suelta.- Gritó.
-No. Quiero hablar.
-No, Cristian. Suelta. No soy ningún
juguete.
-Déjame decirte algo y
tranquilízate.
-Cristian, suelta.
-Shhh.
-CRISTIAN.
-
De repente, alguien agarró a Cristian
dándole un puñetazo en la boca. Este comenzó a sangrar. Yo grité.
Comenzaron a pelearse como auténticos animales, yo gritaba que
parasen. Daniel, intentó separarlos pero solo le regalaron un bonito
puñetazo en el ojo.
-JODER.- Gritó.
De repente la música paró y toda la
discoteca les miraba.
-Carlos, para ya.- Dije intentando
quitarle de encima de Cristian.- Carlos, joder.
Carlos se levantó, Cristian también.
Se miraron fijamente.
-Niñato, no vuelvas a tocar a mi
novia. ¿No te das cuenta de que no te quiere?
Cristian rió irónicamente.
-¿Ah no? Pues hace unos meses sí.
Bien que mordía mis labios y mi cuello en aquel puto baño de
aeropuerto, eh. Bien que salió de madrugada a un parque y me besó
durante horas. Pero eeeh, no me quiere.- Después de esto se marchó
de allí.
Carlos también. Yo le perseguí.
-Espera, espera.
-¿Es cierto?
-Sí. Lo es. Fue una locura.
-Naiara, dime la verdad joder.
-Es la verdad.
-¿Le quieres?
Le miré fijamente. No aguantaba más.
-Sí.- Dije siendo sincera.
-¿Él era?
-Sí.
Hace unos meses le conté a Carlos que
un día me llegué a enamorar de un imposible, que todas las noches
soñaba con él. Le dije, que sus labios y los míos se habían
unido, que nos habíamos comido a besos, y nos habíamos reído a
carcajadas. Le dije, que a veces nos llevábamos mal pero que en el
fondo nos queríamos. Por último le dije, que este me acabó
olvidando. Carlos pensaba que todo eso había ocurrido antes de estar
con él.
-Esto ha terminado.
-Carlos...
-No Naiara. No quiero hablar más.
-Escúchame.
-No Naiara, no. Se sincera por una
vez en tu vida, joder. Deja de mentirte.
-Carlos...
-Naiara, corre.
-¿Qué?
-Te quiero ¿Vale? Te quiero
muchísimo. Se que te aburría hacer conmigo las mismas cosas
siempre, por ello, corre y ve a por él. Le quieres.
-Me olvidó.
-No, no te ha olvidado.
-Carlos.
-Naiara, se sincera.
-Vale. Me aburrías, te quiero pero
esta relación me aburre. Y, quizás algunas veces mientras te besaba
a ti pensaba en él. Yo le quiero y siento que jamás podré dejar de
quererlo ¿entiendes? Haga lo que haga él siempre estará en mí.
-Gracias por estos meses. Que te
vaya bien, adiós.- Dijo marchándose de allí.
Alguien detrás de mí apareció.
-Tía.
-Dime.
-¿Estás bien?
-No sé Conso. Me siento mejor, no
sé por qué.
-Porque no le quieres, joder. Se por
donde cogió Cristian, ve a por él.
-No. Él me olvidó, pues yo le
olvidaré a él.
-Fue a por ti.
-Conso...
-Vale, vale.
-Voy a casa, es tarde.
Fui de camino a casa. Me sentía rara,
extraña. Quizás debería haber ido a por él, pero no lo he hecho y
no hay marcha atrás.
Escuché unos pasos y un “espera”
en susurro. Me paré en seco y con cierto miedo, me giré.
-¿Qué haces?
-Quería decirte algo.
-Vale...
Cruzamos la carretera y nos sentamos en
un banco de un parque.
-Bueno que... Perdón.
-Ya.
-Te he fallado. Te he engañado. He
jugado contigo. Me acosté con otras, te ignoré. Mi vida es un
desastre, ¡hasta comencé a fumar!
-¿Fumas?
-Sí.
-Tu vida es un caos, como la mía
vamos.
-Bueno, si nos juntamos puede ser un
caos chachi.- Dijo riendo.
-Cristian, yo... Yo te dejaré de
seguir ¿Vale? No quiero saber nada de ti.
-Naiara, por favor.
-Cristian, necesito olvidarte. Lo
necesito. Pero ahora en serio. Me besaste, dijiste que me querías y
vas y te acuestas con otras y encima me ignoras ¿De qué vas?
-Naiara.
-No joder, no. Me has demostrado
como eres y no quiero darte ni una puta oportunidad más. Ahí te
quedas, tema zanjado. Buenas noches.
-
Llegué al Hotel. Quité mis zapatos y
fui descalzo hasta el balcón. Saqué un cigarro de mi bolsillo, y lo
encendí. Joder. La había perdido para siempre, por ser un estúpido,
por no apreciar lo que tengo.
-Hola.
Le conté todo lo ocurrido a Bady.
-¿Y si cambias? Creo que ganarías
más siendo diferente. A veces eres un tío bueno, de puta madre, y
hasta más cariñoso de lo normal pero siempre llega tu chulería y
te vuelves borde, mujeriego y estúpido. Quizás deberías de dejar
de ser así y comportarte como tú te sientes, no como te enseñó
ese cabrón. Eres así porque te hicieron así, porque viviste al
lado de alguien así.
-Es mi padre.
-Si, lo es. Pero te ha destrozado
poco a poco y lo sabes.
-Voy a cambiar. Por mí y por ella,
porque es la única persona que me quiere, porque se que me quiere.
-Te ayudaré.
- - -
Estaba montado en el avión, iba a
Roma. Había pasado un año desde que conocí a Naiara. Me había
dejado de seguir en Twitter, y por lo visto no tiene novio ya. He
cambiado. Solo quiero recuperarla y hacer las cosas bien, como al
principio era. Yo era un niño bueno, un niño estudioso, el que
luchaba siempre, así me enseñó a ser mi madre pero...Ella se
marchó y me dejó con él, mi padre. Un alcohólico, un bruto, un
chulo, un mujeriego. Me convertí en alguien como él y en estos
meses me he dado cuenta de todo. No, no quiero ser como él. No
quiero acabar como él. No fumo ya. Y eso de mujeriego, desapareció.
Creo que soy un Cristian nuevo.
Llegué a Roma, pegué un salto del
avión y la contemplé. Era preciosa.
-Vamos, hoy no estamos en un Hotel.
-¿Cómo qué no?
-No. Vamos a una universidad.
-¿Y eso?
-Cantarás allí.
-Ah. Mola.
Llegamos a la universidad. Nos pusieron
en una habitación libre.
-Como mola esto ¿no?
-Pues sí. Lo normal.
-Encima tiene dos plantas, viven
como Reyes joder.
-Tampoco te pases, eh.- Dijo Bady
riendo.- Voy a darme una ducha, anda.
-¿Puedo dar una vuelta? Creo que
son civilizados y no se me echarán encima.
-Vale, cuidado.- Dijo mientras subía
el primer escalón de la escalera.
Salí de la habitación y decidí dar
una vuelta por aquella gran universidad. Salí fuera, había unos
jardines increíbles. Las vistas eran preciosas. Escuché gritos y me
alarmé. Me di la vuelta buscando de donde procedían, luego, suspiré
aliviado. No eran por mí. Unas universitarias gritaban.
-Tías, que tramposas.
-Venga, toma.
-Dame, pásala.
-A mí ahora. No la coges, no la
coges.
Estaban jugando a un juego, supongo que
la de en medio tenían que conseguir alcanzar la pelota que las
demás se estaban pasando. Reí. De repente algo hizo que mi corazón
se parase, había conocido a alguien. Alguien era familiar. La
contemplé sin a penas pestañear. Me fijé en las demás. También
eran familiares. Y de repente, clavé mi mirada en ella. ERA ELLA.
NAIARA. ¿Qué hacía aquí?
Ellas eran las chicas de Twitter,
Naiara subía muchas fotos con ellas.
Llevaba unos pantalones cortos y una
sudadera con la bandera de Inglaterra. Estaba preciosa, como siempre.
Saqué mi teléfono móvil y busqué su
Twitter. Ella no me seguía pero yo a ella sí. Leí sus tweets, en
uno de ellos ponía “Ya en Roma”.
De repente, comencé a creer en eso del
destino.
Vi como una de ellas agarró un balón,
creo que se iban a ir. Venían hacia mí y decidí esconderme.
Necesitaba hablar con ella, lo necesitaba. Vi que se acercaba, saqué
mi mano del escondite y agarré su brazo.
-AH. SOCORRO.- Gritó.
Esta intentó safarse y corrió.
-Tía, ¿que pasa?
-Algo me agarró.
Yo decidí salir corriendo. No sé por
qué, pero corrí.
-Eh tío, menos mal que llegas.-
Dijo Bady apartando el móvil de su cara
Me duché y luego le conté a Bady lo
sucedido.
-En el concierto la pillas y ya
está.
El concierto. Por fin. Canté cinco
canciones y bailé como nunca. Hoy no había fotos, ni firmas. Cosas
de la Universidad. Bady dijo que se quedaría un rato allí, yo
decidí volver. No había visto a Naiara. La Universidad era bastante
grande y estaba perdido. De repente, me encontré con un cartel
blanco gigante que ponía “Habitaciones de chicas; todo recto”.
Miré a los lados, creo que estaba prohibido que los chicos entrasen
en las habitaciones de las chicas. Caminé por el pasillo, de repente
escuché unas risas. Fui a la izquierda, ¿Cuántas habitaciones
había aquí? ¡Dios Santo!. Me asomé, estaban todas en una de las
puertas de las miles de habitaciones que había, ahí estaba ella.
-¿Entonces no vienes?- Decía una
chica morena y bajita.
-No tía, no tengo ganas.
-Bueno, pues hasta mañana.
Descansa.
-Vale, adiós.
Naiara entró en aquella habitación y
las chicas se fueron. Venían hacía mí, me puse nervioso y no sabía
que hacer. En vez de ir en la otra dirección, fui en la de ellas,
haciendo que me vieran.
-¿Tú eres el que cantaste ahora,
no?- Preguntó la morena de antes.
-¿Que haces aquí?- Preguntó otra.
-Yo...
-Viene a por Naiara.- Dijo una
bordemente.
-Sí, la verdad es que sí.
-Ah, por lo de... Bueno, vale. Te
dejamos.
-¿Ah sí?
-Sí. Porque te quiere, y quizás se
enfadará con nosotras cuando le digamos que te hemos visto y no le
hemos dicho nada, pero creo que le hará bien... En el fondo.
-Gracias.
-La 214, por si no viste bien el
número.- Dijo una chica bajita.
-Gracias, chicas.
-¡Cuidado!- Gritaron a la vez.
-Por cierto, debajo de la
alfombra...- No terminó la frase y se marchó.
¿Debajo de la alfombra qué? Dios.
Idiomas de tías.
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