sábado, 6 de septiembre de 2014

Capítulo 9. - Te volví a encontrar. {T2}

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Conso seguía enfada, había preguntando ya cinco veces y nadie contestaba. “Cobardes, cobardes todos” pensó.

-¿QUÉ DIGÁIS QUIEN HA SIDO?- Dijo Naiara levantándose de golpe.- Quiero golpearle la cara ahora mismo.
-Naiara, hija. Relájate, ¿Vale?
-No mamá, no. Todos los presentes saben que yo he roto con Cristian, ¿Por qué hacen esto? Quiero saber quien ha sido, y no se va nadie hasta que lo sepa. ¿Quién ha sido?
-Yo. He sido yo.- Dijo una voz firme

Naiara no sabía donde mirar hasta que su vista chocó con el chico que estaba encima del escenario agarrando el micrófono negro.

-¿Qué?- Susurró llorando otra vez
-He sido yo. Todo lo de las cartas, las rosas, el álbum. Todo. Me ayudó un amigo de New York. Lo empecé hace cien días, Naiara. Seguíamos juntos, queriéndonos pero todo se torció... Me aconsejaron que parase, que no serviría de nada pero yo decidí acabar lo que empecé para que te des cuenta de cuanto te amo y para que, ahora que no estamos juntos, volvamos a retomar lo que decidiste acabar.

Naiara no sabía que decir, no sabía como interpretar todo lo sucedido. El chico de las cartas, de la rosa y del álbum era Cristian. Su Cristian. Era aquella persona que había amado y que sabe que no podrá quitarse de la cabeza. Ella en estos 100 días no se le había ocurrido que fuese él.

-Si quieres puedes subir aquí, necesito cantarte algo y si quieres me dejas raptarte; Tengo algo para ti.

Naiara caminó como pudo y subió al escenario, cada parte de su cuerpo temblaba. Era él, era él. Estaba delante de él, después de tanto tiempo. Subió la cabeza mirándole a los ojos y vio lo que jamás pudiese imaginado. Estaba llorando, Cristian estaba llorando.

-Hola.- Dijo mirándole a los ojos y limpiándose las lágrimas.
-Hola.- Dijo ella en susurro
-Ven.- Dijo agarrando su mano.- Necesito cantarte algo, ¿Me dejas, verdad?- Naiara asintió

Comenzó a cantarle una canción nueva compuesta por él, ella lloraba como una estúpida enamorada. Y ahora que le tenía en frente, que estaba agarrada de su mano y que le cantaba mirándole a los ojos supo que le amaba de verdad. Que no era un amor adolescente, que no era algo pasajero, que era algo totalmente verdadero, que le había pasado a ella, le había tocado a ella y que debía estar orgullosa de tener a alguien tan maravilloso en su vida.

La canción acabó, Cristian miró fijamente a Naiara a los ojos y apretó su mano.

-¿Puedo raptarte? Por favor, déjame. Aunque no me quieras ver luego, pero déjame.. Déjame explicarte, déjame hablarte... Déjame.
-Vale, te dejo. Puedes hacerlo.

Cristian sonrió y agarró su mano más fuerte, se puso el micrófono en la boca para avisar de lo que iba a ocurrir.

-Espero que os lo paséis genial esta noche pero tendrá que ser sin la cumpleañera, la rapto. Hasta otra, familia.- Dijo dejando el micrófono en el suelo

Bajaron corriendo del escenario y de la mano, sinceramente Naiara no sabía donde iba Cristian.

-Por aquí, por aquí.

La llevó hasta un coche negro y bonito.

-¿Y esto?
-Un coche.
-¿Y tu famosa moto?
-Hace tiempo que no monto, al menos, hoy pega coche ¿No?
-Bueno, si tú lo dices.

Cristian ayudó a Naiara a montarse en el coche, no tenía ni idea de donde la llevaría.
Por el camino no paraban de mirarse y sonreírse.
Naiara lo había echado mucho de menos, y Cristian también la había echado de menos.

Llegaron al sitio, Cristian ayudó a Naiara a bajar del coche.

-¿Lo recuerdas? - Dijo Cristian poniéndose atrás de ella y agarrando su cintura
-Bueno, se supone que aquí nos conocimos.
-Más bien yo te encontré a ti.
-Sí, algo así.- Susurró Naiara aguantándose las ganas de llorar
-Subamos, ¿No? Hoy es todo nuestro.
-¿Qué? ¿Cómo mierdas has alquilado el sitio?
-Todo esto es un secreto, no pienses nada. Te dejas llevar y ya está ¿Prometido?
-Prometido, prometido.

Él la miro y le sonrió y ella sintió que el mundo se le caía encima. ¿Cómo podía producir tantas cosas en ella?
Le agarró de la mano y subió a la preciosa torre, donde todo comenzó.

-Aquí estabas tú peleando con tu madre, me odiabas.
-¿Y quién dice que ahora no?- Dijo Naiara sin pensarlo

Cristian la miró, puso sus brazos en la barra y miro al frente. Suspiró.

-Cristian.
-Dime.
-Era...Era broma.
-No sé. El problema es que no lo sé.- Dijo mirándola.- Me está matando esto, Naiara. He vuelto a recuperarte, y no me iré hasta que seas mía de nuevo.
-Te volverás a ir.
-Si me voy, te juro que no me iré solo.
-No podré ir.
-Sí, de una forma u otra vendrás conmigo.

Naiara suspiró. Estaba confusa, no sabía que hacer.

-Lo de la chica esa...
-Ella me contó todo.
-¿Ella?
-Sí, te quitó el teléfono y pilló mi número. Sois mejores amigos, o eso dice ella.
-Es cierto, no voy a quitarle la razón. La tiene. Y es la realidad, pero los periodistas le han dado la vuelta a la tortilla...Y es algo injusto, Naiara.
-¿Por qué se te ocurrió las cartas?
-No sé. Un día lo pensé, y decidí hacerlo a partir de los 100 días. Ilusión mía.
-Ya, bueno.- Dijo Naiara con media sonrisa
-¿Te gustó?
-Sí, no me esperaba que fueses tú.
-¿Quieres comer algo?
-Vale.
-Ven.

En una parte de la torre había una sábana celeste junto a otra roja, se sentaron y comieron las clases de frutas que había allí.

-Mira, fresa con chocolate. Abre la boca.

Naiara abrió la boca y él introdujo una trozo de fresa con chocolate.

-Está rica.
-Mucho, mucho.

Cristian sonrió y a Naiara se le erizó la piel.

-¿Tienes frío?
-No.
-¿Y tú piel?
-Bueno. Nada.
-¿Qué?- No entendía nada
-Hace tiempo que no veía tu sonrisa, no sé. Me ha pasado algo raro.- Dijo con una risita

Cristian quitó todo poniéndolo fuera de la manta para así acercarse más a Naiara. Agarró su mano y la acarició. Pasó sus dedos por su mano y por medio de sus dedos. Naiara lo miró a los ojos mientras la piel se le volvía a erizar.

-Para, anda.
-No. Me gusta.
-Me estás poniendo nerviosa.
-Buena señal, ¿no?

Naiara se acerco a Cristian poniendo frente contra frente, esto Cristian no lo esperaba para nada.

-Ei, ¿Qué haces?
-Cállate.

Cristian acarició la espalda descubierta de Naiara y Naiara se acercó un poco más consiguiendo que sus narices chocasen.

-Naiara.
-¿Qué?
-Voy a besarte, ¿Vale? Voy hacerlo. No aguanto más. Me da igual lo que opines...

Cristian cortó la poca distancia que quedaba entre ellos. Era un beso lento y dulce. A Cristian le iba el corazón a mil por hora, había soñado tantos días con volver a sentir esto. A Naiara se le volvió a erizar la piel, junto a él no paraba de hacerlo esa noche. No sabía que le pasaba. Se había dejado llevar, se había guiado por su corazón y tenía claro de que aquella noche quería besarle hasta el cansancio.

-Voy a besarte por todos los días que no has estado a mi lado, estúpido.- Dijo Naiara con una sonrisa
-Me parece correcto, señorita.

Naiara volvió a besarle, él le acarició la espalda. Naiara se subió encima de él, y él comenzó a besar su cuello.

-Naiara...
-¿Qué?- Dijo mirándole a los ojos
-Te quiero mucho.
-Yo también.- Dijo volviéndolo a besar

Cristian comenzó a quitar la cremallera de su vestido celeste y lo quitó por completo, ella quitó su camiseta y Cristian comenzó a besar cada parte de su cuerpo hasta quitarle el sujetador del mismo color de su vestido. Él encima de ella comenzó a besarla de nuevo, pero esta vez se centró más en sus pechos. Echaba tanto de menos poder olerla y sentirla así de cerquita. Naiara le quitó el pantalón y Cristian se quedó en calzoncillos.

-Me toca a mí, creo.- susurró

Beso desde su boca hasta su barriga y comenzó a quitarle los calzoncillos. Tenía tantas ganas de probarle de nuevo, de saborear cada centímetro de su piel como meses atrás...

Horas después...

Cristian abrió los ojos y miró a su alrededor, Naiara no estaba. El corazón le dio un vuelco. Se miró, estaba tapado con una sábana roja. Miró a todos sitios y encontró por fin sus pantalones y sus calzoncillos. Se los colocó y decidió buscar a Naiara. “Por favor que no se haya ido, por favor...”
Se la encontró en una esquina de aquella torre, miraba como amanecía. Se veía demasiado sexy. Iba en braguitas, con aquel sujetador celeste y su camisa puesta pero abrochada a la mitad. Apareció por detrás y le agarró de la cintura.

-Buenos atardeceres, Tabletita.
-Hola mi amor. ¿Eso lo inventaste tú no?
-Quizás.- Dijo riendo

Naiara se volvió y le miró fijamente a los ojos.

-Se me había olvidado.
-¿El qué?- Preguntó ella confusa
-Se me había olvidado lo sexy que te pones después de hacer el amor.
-Que tonto eres.- Dijo ella tapándose la cara

Él besó su mejilla repetidas veces y la abrazó.

-Naiara, ¿Quieres volver conmigo? ¿Puedes darme otra oportunidad?
-Sí. Y no voy a pensarlo, quiero hacerlo Cristian. Me gusta confiar en ti, y quizás me diga que soy una estúpida pero siento que debo creer todo lo que me has contado, y además, se que jamás encontraré a un chico como tú.
-Eso debería decirlo yo. Eres la única persona que me ha visto como persona en vez de como personaje público.
-Te quiero mucho, ¿Lo sabes?
-Espero que tú sepas que yo te quiero más.- Dijo besándola

Volvieron a casa, Cristian besó a Naiara y le dijo que luego se verían. Naiara entró en su casa, cerró la puerta y gritó mientras saltaba.

-¿Qué pasa?- Gritaron Conso y Lara
-¿Quién te hizo daño?- Dijo Daniel saliendo de la habitación con un palo verde
-Nadie, ¿Y ese palo?
-Nada, cosas mías. Déjame.
-¿Qué pasa? ¿Por qué gritas? ¿Estás loca, drogada?- Dijo Conso asustada y mirándole a los ojos para ver si había consumido algo
-¿Qué haces? Que no. He vuelto con Cristian.
-Naiara, ¿Eres tonta?- Dijo Daniel serio
-No. Siento que debo hacerlo y siento que esta vez nada va a romperlo...
-Si piensas así, adelante.- Dijo Conso
-Voy a ducharme y descansar, bye amores.

Después de dormir ocho horas y de la buena ducha, Naiara se cambió de ropa y fue hacia el salón.

-¿Os vais?
-Sí, me quedo con Irene esta noche.- Dijo Lara cogiendo las llaves
-Nosotros nos vamos...No vendremos esta noche...- Dijo Conso agarrando a Daniel de la mano
-Ejem..- Dijo Naiara intentando no reír.- No voy a decir que lo paséis bien porque se que lo haréis.
-Ya tenías que hablar, hombre.
-No dije nada, tú has sacado tus conclusiones.
-Bye, Naiara. Bye.
-Adiós, chicos. Adiós.

Estiró su mano y agarró su teléfono.

-Hola.
-Hola amor.
-¿Te vienes a mi casa esta noche?
-Claro, ¿Y las demás?
-Por ahí, no volverán.
-Vale, voy para allá.

Media hora después Naiara y Cristian hablaban de todo un poco.

-Lo pasé fatal pero me gustó mucho ver a la señora y seguramente su hija sería amiga de Amada.
-Algún día se conocerán, ¡Verás, verás!
-¿Hacemos la cena?
-Prefiero cenarte a ti, pero bueno, vale.
-Sigues igual de tonto que siempre, eh.

Hicieron pizza para cenar, aunque Naiara acabo con harina en la cara al igual que Cristian.

-Me has pringado.
-Te aguantas.

El horno dio señal de que la pizza había acabado, Naiara lo apagó.

-Voy a darme una ducha, señorito.
-Vale.
-Luego entras tú, anda.
-Sí, sí.

Naiara se metió en la ducha y comenzó a jabonarse el cuerpo, Cristian se la había liado y echaba de menos todo eso. Escuchó una puerta y de repente vio como Cristian apareció entre las cortinas de flores que colgaban de la bañera.

-Que susto, ¿Qué haces?
-Me he desnudado en tu habitación, así que voy a ducharme. Hay que ahorrar agua, ¿Sabes?
-Te dije que no.
-Ya. Pero yo quiero ducharme contigo.- Dijo metiéndose en la bañera
-Pues toma, ayúdame con la espalda.- Dijo dándole la esponja amarilla

Cristian comenzó a jabonar su espalda dulcemente, y a Naiara se le volvió a erizar la piel. Debía controlar aquello y no podía. Su piel se había olvidado de su contacto y no podía evitar erizarse.
Naiara se dio la vuelta y beso a Cristian en los labios. Con sus manos le quitó la harina que le quedaba en la cara, luego la agarró y volvió a besarle.

-Eres lo más cuqui del mundo.
-Soy como tú.- Dijo besando su hombro.- No volveré a ser más estúpido, ¿vale?
-Vale, confío en ti.

Salieron de la ducha y se comieron aquella pizza tan rica que hicieron. Naiara se tiró en el sofá después de la comida y se quedó dormida. Cristian se levantó y cogió una manta en tono pastel y se la echó encima. Se sentó en el suelo mientras tomaba una Coca-Cola y comenzó a observarla. La había echado de menos, mucho de menos. Miró sus ojos, totalmente cerrados. Su nariz. Sus labios entreabiertos, como le encantan sus labios. Como le encanta besarla.
A veces seguía sin creerse que se había enamorado, él que era todo un mujeriego. Él que jugaba día sí y día también. Él que no sabía que era echar de menos, ni que le rompieran el corazón.
Había descubierto como las cosas cambian, y lo mejor es que a veces cambian para bien. Esta vez había sido así.
La amaba, la amaba muchísimo y sabía que lo haría hasta el fin de sus días.
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Este es el último capítulo PEEEERO todavía queda el epílogo, así que espero que FAVeéis mucho o RETWUTEÉIS mucho para así poder subirlo.
Hasta la próxima y...

¡Besines de colores!

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