viernes, 20 de diciembre de 2013

Capítulo 15. - Te encontré en New York. {T1}




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Llegamos al Hotel, nos duchamos y nos cambiamos de ropa. Sentados en la cama comenzamos hablar.

-Me siento mal por no haber seguido, pero es que algo me impulsó a no hacerlo ¿Entiendes?
-¿Y por eso te fuiste?
-Sí, es que me puse muy nerviosa.
-Que tonta eres, jo. No te preocupes, anda.- Dije abrazándola.
-¿No te enfadas?
-¿Cómo me voy a enfadar por eso?
-No sé.
-Tonta tonta tonta, eres una tableta de chocolate tonta.

Esta rió y eso me tranquilizó. Me miró y me abrazó fuerte.

-Te quiero mucho.
-Yo también, tabletita mía.

Esta río a carcajadas.

-Dios cállate, que eso me hace reír mucho.
-Tonta.
-Ya peeeero me quieres.- Dijo alargando la vocal.
-Mucho.

Después de almorzar nos fuimos a la habitación, estábamos cansados. Vimos la película, y luego, nos duchamos y nos pusimos el pijama. Hacía bastante frío y no queríamos salir a la calle. Naiara encendió la televisión, estaba en chino y esta reía sin pasar. Yo solo la miraba y sonreía como un tonto. Era tan perfecta.

-Gordo, míralos.
-Sí, sí. Los miro.
-¿Entiendes algo?
-No.- Reí.
-¿Cómo hablaras en el concierto?
-Pues en mi idioma.
-Pobres.

Reí. Esta cambió de canal y puso un canal de dibujos animados, puso una cara super graciosa.

-¿Qué te pasa?
-Mira que amor, oh Dios mío.
-No los entiendes, tabletita.
-Pero los dibujos son muy amor, gordo.

Yo reí. A veces era como una niña pequeña. Esta se sentó y se llevo bastante tiempo mirándolos apenas sin pestañear, luego se volvió acostar y dejó su cabeza encima de mi pecho. Yo la abracé fuerte y le di un beso en la frente.

-¿Tienes sueño?- Susurré.
-Sí.

Apagué la luz.

-¿Me cantas?
-¿Qué te cante?
-Sí.
-No, anda. Es tarde.
-Por favor, un trozo. Para que me duerma, venga venga.- Dijo poniendo pucheros.
-Cuando te vi, así, tan bonita como si fuera un ángel me enamoré y pude ver en su mirada que ella sintió más...

Vi como cerraba los ojos. Poco a poco. Suspiró. Yo la miré mientras seguía cantando. Minutos después se quedó totalmente dormida. Dejé de abrazarla, la mano se me estaba durmiendo. Con cuidado la tapé bien y me levanté en busca del mando de la televisión, debía apagar la tele. La apagué. Escuché un ruido, alguien llamó a la puerta. Abrí intentando no hacer ruido.

-¿Qué pasó?
-Nada, quería ver como estabais.
-Bien, estamos bien.
-¿Tomamos algo?
-Estoy en pijama.
-Da igual, compré algo. Venga, y así hablamos y me cuentas.

Miré a Naiara.

-Estará bien.
-Tío.
-De verdad.

Cogí la llave de la habitación y salí de allí. Me tiré en la cama de Bady y mientras él cogía el vodka yo le contaba lo sucedido. Me dio la bebida y se sentó a mi lado.

-Raro que no te enfades por eso, eh.- Rió.- Cambiaste de verdad.
-Está claro.
-¿La quieres?
-Pues sí. Muchísimo. Más de lo que yo imaginaba, tío. Y tengo miedo.
-¿Miedo?

Bebí. No decía lo que sentía y esto era muy raro.

-Sí.
-¿De qué?
-No sé. De volver a decaer, de volver a ser un gilipollas y perderla. Tengo tanto miedo de tantas cosas.
-¿De qué mas?
-De que venga otro, la enamore y me olvide.
-¿Olvidarte? No creo que lo haga.
-Sí. Hay miles mejores que yo.
-¿Desde cuando Cristian desconfía de sí mismo?
-Desde que empecé a quererla.

Bady me miró sorprendido. Hasta yo me sorprendí de mí mismo.

-Tío, me voy mejor. Estoy cansado.

Puse el vaso en la mesa y me fui a mi habitación.

Abrí con cuidado, ella seguí durmiendo. Quité mis zapatillas y me acosté a su lado. Me quedé observándola. No la veía bien ya que la luz estaba apagada, la luna era la única luz en aquel momento. Sus ojos cerrados, su boca entreabierta, una mano en la almohada y otra estirada. Sonreí.

-¿Cómo has conseguido esto, imbécil?- Susurré.-Has conseguido engancharme a ti, a tus besos. Has conseguido que te quiera solo a ti, que en mi puta vida no haya otra tía más. ¿Cómo coño has conseguido que te quiera como te quiero? Has conseguido volverme un sensible, un niño bueno, un niño que daría todo por las personas que quiere. Te conozco desde hace un año y no muy bien, pero siento que te conozco desde toda mi vida, aunque ojalá te hubieses interpuesto en mi camino. Ojalá pudieses haber estado ahí cuando mi madre se fue, ojalá hubieses estado ahí cuando comencé a volverme un gilipollas, ojalá hubieses estado ahí, como ahora, haciéndome saber que me quieres a pesar de todos mis fallos, de todos mis errores, de todas mis cagadas. Ojalá nuestros caminos se hubieses cruzado en algún momento de nuestra vida, ojalá nos hubieses encontrado antes. Te aseguro que sería mejor persona de lo que soy ahora, que no sería un mierda, que no sería un chulo que rompe corazones y juega con las tías como si fuesen juguetes. Ojalá, mi niña. Ojalá no te vayas nunca, porque te quiero ¿vale? Te quiero mucho y creo que puedo decir que me estoy...
-¿Cristian?
-Naiara.

Esta me miró. Sonrió.

-¿Estás qué?
-Nada. Estoy nervioso.
-No, ya termina el discurso ¿no?
-Nada, no era nada.
-Sigue.- Dijo acercándose a mí y sentándose en la cama.

Me senté y la miré. No, no iba a decírselo. No era capaz.

-No es nada, duérmete.
-¿Pretendes que me duerma después de eso? Nunca me habían dicho nada tan bonito, niño. Dime.
-Creo que puedo decir que me estoy... A ver...Pf.
-Cristian, no. Dilo como lo sientas ¿vale? Que no te cueste decirlo. Como si yo estuviese dormida.
-Creo que puedo decir que me estoy enamorando de ti.
-Cristian...
-Y quizás tú no, y quizás venga otro mejor y te olvides de mí ¿Quién sabe? Hay miles mejor que yo pero...
-Para pequeño saltamontes.- Dijo interrumpiéndome.- ¿Y esa desconfianza cuando nació?

Hoy el mundo se había puesto de acuerdo en hacerme la misma pregunta.

-Cuando comencé a quererte.
-Soy la culpable de ella entonces, perdón.
-Quizás sea bueno, ¿sabes?
-¿Bueno?
-Desde que se fue mi madre creo que dejé de creer en las cosas, dejé de tener miedo, de querer a la gente que me rodeaba. Comencé a pensar que la gente venía y se iba en algún momento, que no volverían. Que así era la vida. Y ¿sabes? Quizás sea así, y lo es. Las personas entran a tu vida y se van en cualquier momento pero, hay veces que conoces a gente que nunca quieres que se vaya, que quieres que se quede ahí, para siempre. A tu lado. Como Bady, yo quiero que Bady esté siempre a mi lado, él es parte de mi familia. Y ahora tú. Cuando apareciste en mi vida comprendí muchísimas cosas y volví a creer, a tener miedo de las cosas, a querer y apreciar lo que tengo ¿Entiendes? Comencé a desconfiar en mí porque comencé a tener algo que dejé de tener, se llama miedo. A veces tengo miedo de que te vayas, de que te olvides de mí y de quedarme jodido. Aunque yo eso lo he hecho muchas veces, y si me pasara me lo merecería.
-Cristian, escúchame ¿Vale? Comienzo desde el principio. No eres un mierda, sí antes eras un poco estúpido pero en el fondo sabías que seguías siendo el XRIZ que yo conocí, el buenazo.
-Ante las cámaras decía ser algo que no era, hasta que me cansé.
-Fuiste tu mismo, y ahora has cambiado. Y a mejor. Y ojalá el destino me hubieses hecho conocerte antes, en serio, porque eres increíble. Y te quiero, y no voy a olvidarte. ¡Nunca! Eres parte de mi vida, no tengas miedo pequeño. ¿Vale?
-Eres genial, joder.
-¿Y sabes qué? Yo llevo demasiado tiempo enamorada de ti, y un día te odié tanto que comencé a olvidarte. Aunque quizás, no te odiase, si no que intentaba odiarte. Pero volviste, la vida me puso ante ti para que comprendiese que tú eras el indicado, para hacerte cambiar, para que veas las cosas de diferente manera. Me puso ante ti para que me diese cuenta de que no puedo odiar a la persona de la cual estoy enamorada.

La miré fijamente, sonreí y la besé.

-Te quiero.
-Yo también.

Volví a besarla, esta vez con más pasión. Después de eso, nos quedamos dormidos.

-

Nuevo día. Despertamos en China y salimos a desayunar junto a Bady.

-Que cosas tan raras hay aquí.
-Sí pero son guays.

Desayunamos y fuimos a unos mercadillos que se encontraban en mitad de la calle. Había cosas para probar super extrañas, y como no, ahí estaba Cristian probando todo.

-Saltamontes.- Dijo el Chino que despachaba.

Cristian cogió un pequeño saltamontes y se lo metió en la boca, yo puse mis manos en mi cara para no ver la horrible escena.

-Eh, esta bueno.- Dijo mirándome.- Esta muy bueno.- Dijo lentamente mirando al Chino.

Este sonrió y le ofreció un grillo, sí un grillo. Pobres animales, en serio.

-A ver.- Dijo cogiéndolo.

Se lo metió en la boca, escuché como el animal crujía dentro de su boca. Era asqueroso.

-Sabe a chuchería.
-¿Cómo va a saber a chuchería?
-Prueba uno.
-La llevas clara, vamos.

Bady probó también, yo solo moría de asco.

-¿Dónde vamos?
-A almorzar y a los ensayos, mañana es el concierto.
-¡Guay!

Después de almorzar fuimos al sitio donde Cristian actuaba, era grandísimo. Yo flipé. Me senté en una de las butacas a mirar como ensayaba.
Bady se puso en su sitio correspondiente, y Cristian comenzó a cantar. Paraba para decir que subiese o bajase la música, que las luces estaban demasiado fuertes o que no sabía donde colocarse.

Lo miraba sonriente, estaba orgullosa de él. Hace unos años lo veía cantar delante de poca gente, hace unos años cuando comencé a quererlo. Era increíble. Se movía de un lugar a otro, cantaba, bailaba, reía. Llevaba un chandal azul marino y una camiseta blanca. Hoy estaba muy sexy, demasiado sexy. Comencé a reírme sola y este me miró, lo miré y agaché la cabeza. Hoy estaba fatal.

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