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Llegamos al Hotel,
nos duchamos y nos cambiamos de ropa. Sentados en la cama comenzamos
hablar.
-Me siento mal por no haber seguido,
pero es que algo me impulsó a no hacerlo ¿Entiendes?
-¿Y por eso te fuiste?
-Sí, es que me puse muy nerviosa.
-Que tonta eres, jo. No te
preocupes, anda.- Dije abrazándola.
-¿No te enfadas?
-¿Cómo me voy a enfadar por eso?
-No sé.
-Tonta tonta tonta, eres una tableta
de chocolate tonta.
Esta rió y eso me
tranquilizó. Me miró y me abrazó fuerte.
-Te quiero mucho.
-Yo también, tabletita mía.
Esta río a
carcajadas.
-Dios cállate, que eso me hace reír
mucho.
-Tonta.
-Ya peeeero me quieres.- Dijo
alargando la vocal.
-Mucho.
Después de
almorzar nos fuimos a la habitación, estábamos cansados. Vimos la
película, y luego, nos duchamos y nos pusimos el pijama. Hacía
bastante frío y no queríamos salir a la calle. Naiara encendió la
televisión, estaba en chino y esta reía sin pasar. Yo solo la
miraba y sonreía como un tonto. Era tan perfecta.
-Gordo, míralos.
-Sí, sí. Los miro.
-¿Entiendes algo?
-No.- Reí.
-¿Cómo hablaras en el concierto?
-Pues en mi idioma.
-Pobres.
Reí. Esta cambió
de canal y puso un canal de dibujos animados, puso una cara super
graciosa.
-¿Qué te pasa?
-Mira que amor, oh Dios mío.
-No los entiendes, tabletita.
-Pero los dibujos son muy amor,
gordo.
Yo reí. A veces
era como una niña pequeña. Esta se sentó y se llevo bastante
tiempo mirándolos apenas sin pestañear, luego se volvió acostar y
dejó su cabeza encima de mi pecho. Yo la abracé fuerte y le di un
beso en la frente.
-¿Tienes sueño?- Susurré.
-Sí.
Apagué la luz.
-¿Me cantas?
-¿Qué te cante?
-Sí.
-No, anda. Es tarde.
-Por favor, un trozo. Para que me
duerma, venga venga.- Dijo poniendo pucheros.
-Cuando te vi, así, tan bonita como
si fuera un ángel me enamoré y pude ver en su mirada que ella
sintió más...
Vi como cerraba
los ojos. Poco a poco. Suspiró. Yo la miré mientras seguía
cantando. Minutos después se quedó totalmente dormida. Dejé de
abrazarla, la mano se me estaba durmiendo. Con cuidado la tapé bien
y me levanté en busca del mando de la televisión, debía apagar la
tele. La apagué. Escuché un ruido, alguien llamó a la puerta. Abrí
intentando no hacer ruido.
-¿Qué pasó?
-Nada, quería ver como estabais.
-Bien, estamos bien.
-¿Tomamos algo?
-Estoy en pijama.
-Da igual, compré algo. Venga, y
así hablamos y me cuentas.
Miré a Naiara.
-Estará bien.
-Tío.
-De verdad.
Cogí la llave de
la habitación y salí de allí. Me tiré en la cama de Bady y
mientras él cogía el vodka yo le contaba lo sucedido. Me dio la
bebida y se sentó a mi lado.
-Raro que no te enfades por eso,
eh.- Rió.- Cambiaste de verdad.
-Está claro.
-¿La quieres?
-Pues sí. Muchísimo. Más de lo
que yo imaginaba, tío. Y tengo miedo.
-¿Miedo?
Bebí. No decía
lo que sentía y esto era muy raro.
-Sí.
-¿De qué?
-No sé. De volver a decaer, de
volver a ser un gilipollas y perderla. Tengo tanto miedo de tantas
cosas.
-¿De qué mas?
-De que venga otro, la enamore y me
olvide.
-¿Olvidarte? No creo que lo haga.
-Sí. Hay miles mejores que yo.
-¿Desde cuando Cristian desconfía
de sí mismo?
-Desde que empecé a quererla.
Bady me miró
sorprendido. Hasta yo me sorprendí de mí mismo.
-Tío, me voy mejor. Estoy cansado.
Puse el vaso en la
mesa y me fui a mi habitación.
Abrí con cuidado,
ella seguí durmiendo. Quité mis zapatillas y me acosté a su lado.
Me quedé observándola. No la veía bien ya que la luz estaba
apagada, la luna era la única luz en aquel momento. Sus ojos
cerrados, su boca entreabierta, una mano en la almohada y otra
estirada. Sonreí.
-¿Cómo has conseguido esto,
imbécil?- Susurré.-Has conseguido engancharme a ti, a tus besos.
Has conseguido que te quiera solo a ti, que en mi puta vida no haya
otra tía más. ¿Cómo coño has conseguido que te quiera como te
quiero? Has conseguido volverme un sensible, un niño bueno, un niño
que daría todo por las personas que quiere. Te conozco desde hace un
año y no muy bien, pero siento que te conozco desde toda mi vida,
aunque ojalá te hubieses interpuesto en mi camino. Ojalá pudieses
haber estado ahí cuando mi madre se fue, ojalá hubieses estado ahí
cuando comencé a volverme un gilipollas, ojalá hubieses estado ahí,
como ahora, haciéndome saber que me quieres a pesar de todos mis
fallos, de todos mis errores, de todas mis cagadas. Ojalá nuestros
caminos se hubieses cruzado en algún momento de nuestra vida, ojalá
nos hubieses encontrado antes. Te aseguro que sería mejor persona de
lo que soy ahora, que no sería un mierda, que no sería un chulo que
rompe corazones y juega con las tías como si fuesen juguetes. Ojalá,
mi niña. Ojalá no te vayas nunca, porque te quiero ¿vale? Te
quiero mucho y creo que puedo decir que me estoy...
-¿Cristian?
-Naiara.
Esta me miró.
Sonrió.
-¿Estás qué?
-Nada. Estoy nervioso.
-No, ya termina el discurso ¿no?
-Nada, no era nada.
-Sigue.- Dijo acercándose a mí y
sentándose en la cama.
Me senté y la
miré. No, no iba a decírselo. No era capaz.
-No es nada, duérmete.
-¿Pretendes que me duerma después
de eso? Nunca me habían dicho nada tan bonito, niño. Dime.
-Creo que puedo decir que me
estoy... A ver...Pf.
-Cristian, no. Dilo como lo sientas
¿vale? Que no te cueste decirlo. Como si yo estuviese dormida.
-Creo que puedo decir que me estoy
enamorando de ti.
-Cristian...
-Y quizás tú no, y quizás venga
otro mejor y te olvides de mí ¿Quién sabe? Hay miles mejor que yo
pero...
-Para pequeño saltamontes.- Dijo
interrumpiéndome.- ¿Y esa desconfianza cuando nació?
Hoy el mundo se
había puesto de acuerdo en hacerme la misma pregunta.
-Cuando comencé a quererte.
-Soy la culpable de ella entonces,
perdón.
-Quizás sea bueno, ¿sabes?
-¿Bueno?
-Desde que se
fue mi madre creo que dejé de creer en las cosas, dejé de tener
miedo, de querer a la gente que me rodeaba. Comencé a pensar que la
gente venía y se iba en algún momento, que no volverían.
Que así era la vida. Y ¿sabes? Quizás sea así, y lo es. Las
personas entran a tu vida y se van en cualquier momento pero, hay
veces que conoces a gente que nunca quieres que se vaya, que quieres
que se quede ahí, para siempre. A tu lado. Como Bady, yo quiero que
Bady esté siempre a mi lado, él es parte de mi familia. Y ahora tú.
Cuando apareciste en mi vida comprendí muchísimas cosas y volví a
creer, a tener miedo de las cosas, a querer y apreciar lo que tengo
¿Entiendes? Comencé a desconfiar en mí porque comencé a tener
algo que dejé de tener, se llama miedo. A veces tengo miedo de que
te vayas, de que te olvides de mí y de quedarme jodido. Aunque yo
eso lo he hecho muchas veces, y si me pasara me lo merecería.
-Cristian, escúchame ¿Vale?
Comienzo desde el principio. No eres un mierda, sí antes eras un
poco estúpido pero en el fondo sabías que seguías siendo el XRIZ
que yo conocí, el buenazo.
-Ante las cámaras decía ser algo
que no era, hasta que me cansé.
-Fuiste tu mismo, y ahora has
cambiado. Y a mejor. Y ojalá el destino me hubieses hecho conocerte
antes, en serio, porque eres increíble. Y te quiero, y no voy a
olvidarte. ¡Nunca! Eres parte de mi vida, no tengas miedo pequeño.
¿Vale?
-Eres genial, joder.
-¿Y sabes qué? Yo llevo demasiado
tiempo enamorada de ti, y un día te odié tanto que comencé a
olvidarte. Aunque quizás, no te odiase, si no que intentaba odiarte.
Pero volviste, la vida me puso ante ti para que comprendiese que tú
eras el indicado, para hacerte cambiar, para que veas las cosas de
diferente manera. Me puso ante ti para que me diese cuenta de que no
puedo odiar a la persona de la cual estoy enamorada.
La miré
fijamente, sonreí y la besé.
-Te quiero.
-Yo también.
Volví a besarla,
esta vez con más pasión. Después de eso, nos quedamos dormidos.
-
Nuevo día.
Despertamos en China y salimos a desayunar junto a Bady.
-Que cosas tan raras hay aquí.
-Sí pero son guays.
Desayunamos y
fuimos a unos mercadillos que se encontraban en mitad de la calle.
Había cosas para probar super extrañas, y como no, ahí estaba
Cristian probando todo.
-Saltamontes.- Dijo el Chino que
despachaba.
Cristian cogió un
pequeño saltamontes y se lo metió en la boca, yo puse mis manos en
mi cara para no ver la horrible escena.
-Eh, esta bueno.- Dijo mirándome.-
Esta muy bueno.- Dijo lentamente mirando al Chino.
Este sonrió y le
ofreció un grillo, sí un grillo. Pobres animales, en serio.
-A ver.- Dijo cogiéndolo.
Se lo metió en la
boca, escuché como el animal crujía dentro de su boca. Era
asqueroso.
-Sabe a chuchería.
-¿Cómo va a saber a chuchería?
-Prueba uno.
-La llevas clara, vamos.
Bady probó
también, yo solo moría de asco.
-¿Dónde vamos?
-A almorzar y a los ensayos, mañana
es el concierto.
-¡Guay!
Después de
almorzar fuimos al sitio donde Cristian actuaba, era grandísimo. Yo
flipé. Me senté en una de las butacas a mirar como ensayaba.
Bady se puso en su
sitio correspondiente, y Cristian comenzó a cantar. Paraba para
decir que subiese o bajase la música, que las luces estaban
demasiado fuertes o que no sabía donde colocarse.
Lo miraba
sonriente, estaba orgullosa de él. Hace unos años lo veía cantar
delante de poca gente, hace unos años cuando comencé a quererlo.
Era increíble. Se movía de un lugar a otro, cantaba, bailaba, reía.
Llevaba un chandal azul marino y una camiseta blanca. Hoy estaba muy
sexy, demasiado sexy. Comencé a reírme sola y este me miró, lo
miré y agaché la cabeza. Hoy estaba fatal.
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