domingo, 10 de noviembre de 2013

Capítulo 3. - Te encontré en New York. {T1}


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Un nuevo día en New York. Estiré cada músculo de mi cuerpo y miré a mi lado. Ahí estaba él. Durmiendo como un jodido ángel. Que bueno se veía durmiendo, y que cabrón era a veces en la realidad eh.
Queridas personas, no fiarse nunca de la gente que parece un ángel durmiendo a veces suelen ser lo contrario.

-Buenos días, Leona.
-Buenos días, mujeriego.
-Ah. No cambias de opinión.
-Para nada.
-¿Ni un poco?
-Sigues siendo un mujeriego.
-En realidad me quieres.
-Nada. Bueno, me voy.
-¿A dónde?
-¡A mi casa!
-Yo te llevo, y si me dejas, veo a tu hermana.
-Vale... Pero esto por mi hermana, eh.
-Lo haces porque te gusta agarrarme de la cintura.
-Imbécil.
-Ya, claro.
-Dios, no te soporto.- Dije mientras me levantaba.

Después de una hora, fuimos rumbo a mi casa.

-Llegamos, espera un momento.- Dije entrando en casa.
-Vale.
Entré en casa, mi hermana estaba con un pijama azul con la cara de XRIZ; Su pijama preferido. Estaba frente a la televisión mientras bebía zumo de naranja en una taza con la cara de XRIZ.

-Eh, enana.
-Hola hermana, ¿Lo pasaste bien?
-Sí...- Dije pensando en todo.- Te traigo una sorpresa.
-¿Sí?
-Sí.
-¿Qué es?
-Espera.
-¿Que has hecho?- Dijo mi madre apareciendo.
-Nada malo, mamá.- Dije saliendo de casa.- Mira quién está aquí.- Dije apareciendo con XRIZ.
-¡Eres el XRIZ real, eres el XRIZ real! ¡Ah! ¡Te amo!- Dijo saltando a sus brazos.
-Buenos días, pequeña.- Dijo riendo.- Bonito pijama.
-Mira mi taza.- Dijo saltando de sus brazos y agarrando la taza.
-Guau, perfecta.
-Ahora vengo; Voy a mi habitación.- Dije saliendo de allí.

-

La pequeña me dijo que me agachase, y así lo hice. Me puse a su altura y me susurró algo que me hizo gracia aunque me rayó.

-¿Ya no te odia; te vuelve a querer?
-Está en proceso de no odiarme, creo... ¿Volver a quererme?
-Mmm... nada nada.- Dijo tapando su boca con sus manitas.
-¿Me quería?
-Antes era tu fan.
-Ah ¿Sí?
-Sí. Pero ella dice que las cosas cambian, y que yo ahora soy muy pequeña y no puedo ver ciertas cosas... Pero shhh, que viene por ahí.- Dijo riendo y dándome un fuerte abrazo.
-¿Has desayunado? ¿Quieres desayunar?- Preguntó la madre de Naiara.

-

Bajé las escaleras y miré a mi madre con cara de asesina, ¿Enserio lo había invitado?. Él me miró, le hice una negación pero este hizo lo contrario.

-Claro, con mucho gusto.- Dijo con una sonrisa.

¿Enserio se quedará a desayunar? No me jodas, mamá. Mi madre fue dirección a la cocina para preparar el desayuno, yo la seguí.

-Ah, te cambiaste.
-Claro, para eso subí.- Dije sentándome.- ¿Por qué lo invitas?
-Porque quiero, para eso es mi casa.
-Mamá, sabes que lo odio.
-Pero tu hermana lo quiere mucho, hija. Hazlo por ella.
-Mamá, no lo soporto. Es un imbécil, un mujeriego.
-Pero pasaste la noche con él, ¿Verdad?
-No.
-¿Ah, no? ¿Entonces que ha pasado? Ah claro, te lo encontraste por la calle y ya lo trajiste a casa.
-Claro.
-Naiara...
-Vale, sí. Pasé la noche con él pero ¿que mas da? ¿Eh?
-Si lo odiases no querrías ni tocarle.
-No lo he tocado.
-Pero estuviste con él, hija. Cuando se vaya, tírate en la cama y piensa las cosas. Pon tu corazón en orden, lo necesitas.- Dijo mientras salía de la cocina con una bandeja de comida en la mano.

Me quedé pensativa. Mirando a un rincón de la cocina. Estaba totalmente liada. Como al principio de conocerle, cuando no dejaba de pensarle, cuando lo soñaba cada noche, cuando veía vídeos suyos para así sentirme más cerca de él.

-A desayunar, Naiara.- Gritó mi madre.

Fui al salón, Cristian estaba sentado al lado de mi hermana, esta le contaba la aventura que estaba teniendo Doraemon junto a Novita. Cristian solo la miraba y reía mientras le daba buches a su zumo de naranja. Cogí mi vaso de ColaCao y comencé a beber. Bebía mientras los miraba. Cristian no paraba de reír, y siempre le seguía el juego a mi hermana y eso, a mi hermana le encantaba. Cuando me contaba las cosas y la ignoraba, se enfadaba mucho. Es una niña, quiere que la escuchen y la entiendan. Cristian me miró y yo giré la cabeza y miré el televisor, escuche como este rió al pillarme mirándolo.

-Mamá, salgo fuera un momento.
-Hija, hace frío.
-Da igual, estoy agobiada.- Dije saliendo de allí.

Me senté en una hamaca mientras me balanceaba. Cerré los ojos y comencé a pensar en todo. Debía hacerle caso a mi madre, sinceramente, mi madre era una de mis mejores amigas. Le contaba todo. Me entendía a la perfección. Y ella sabía todo lo que una vez sentí por él.
No sé que hacer. Yo quiero odiarlo, yo no quiero volver a joderme como me jodí. Sentí como alguien se sentaba a mi lado.

-Hola leona.- Dijo riendo.
-Hola.
-Te faltó el “mujeriego”.
-Vete.
-Tranquila, eh.
-No tengo ganas de hablar enserio, vete.
-¿Que te pasa? ¿Estás nerviosa? ¿Ya te vas rindiendo a mis pies?
-¿Que dices, chaval? ¡Ni que yo fuese una de esas zorras!- Dije enfadada.
-Era broma, joder. Quiero hablar contigo.
-Pero yo no, ¿vale?- Dije levantándome.- Me voy de aquí.

Subí a mi cuarto y me encerré en la habitación, me tiré en la cama y comencé a llorar. Mi cabeza estaba hecha un lío, quizás debiese escuchar al corazón. No, no puedo escuchar al maldito corazón. Él suele equivocarse. A veces, escuchar al corazón solo te trae problemas y más problemas. Mi cabeza dice que lo odie, pero también que lo bese. Mi cabeza está hecha un lío, no aguanto más.

-

Fui al salón y después de un rato decidí irme.

-Bueno, me voy.- Dije con una sonrisa.- Ven aquí, enana.- Dije cogiéndola en brazos.
-¿Te vas?- Dijo poniendo pucheros.
-Sí, pero volveré.- Reí.
-Espero.- Dijo mientras me abrazaba fuerte.
-Hasta otro día, peque.- Dije poniéndola en el suelo.- Adiós, señora.

Miré hacia arriba y me dispuse a irme.

-Espera.- Dijo la madre de Naiara.
-¿Qué pasa?
-¿Quieres despedirte de Naiara?
-No creo que ella quiera, me odia.
-Yo te doy permiso a subir a su habitación, si quieres...
-Vale.

Decidí subir, Amada vino detrás mía para así encerrarse en su habitación a jugar con sus muñecas. Miré fijamente la puerta, y pensé en algo.

-¿Puedo entrar?
-Sí.- Gritó desde el otro lado.
-¿Tienes un folio y un lápiz?
-Claro.- Dijo la pequeña mientras me los daba.
-Gracias.
-¿Que harás?
-No voy a entrar, le escribo algo y me voy ¿vale?
-¿Por qué no?
-No sé, creo que no quiero verme y no quiero que se ponga como antes...
-Da miedo enfadada, lo sé.
-Mucho.- Reí.

Escribí la nota, la pegué a la puerta y me fui de allí.

-Hasta otra. Pasa un buen día.- Me dijo la madre de Naiara.
-Adiós, señora.- Dije saliendo de allí.

Me subí en la moto y conduje hasta el Hotel, allí me esperaba Bady.

-

Me desperté. La cabeza me dolía muchísimo, así que decidí bajar a por una pastilla. Al abrir la puerta, me di cuenta de que había un papel pegado. Lo despegué, y me volví a encerrar para leerlo.

Espero que volvamos a encontrarnos, Leona. No todos los días se encuentra a una Leona como tú por los conciertos, eh. Gracias por ser diferente al resto.
Besos.

Miré aquella nota y luego, miré por la ventana. Se fue. ¿Volveríamos a encontrarnos?

-

Llegué al Hotel y decidí darme una ducha. Bady me había dejado una nota en la que decía que a las dos estaría esperándome para irnos de aquí. Próxima parada: Canadá.

-

-¿Como lo pasaste con esa chica?- Me preguntó mientras íbamos rumbo al aeropuerto.
-Bien. Lo pasé bien.
-Estás muy raro, eh.- Dijo riendo.
-Sólo se me hace raro no habérmela llevado a la cama, pero bueno, lo conseguiré. Pronto tengo otro concierto por aquí y se que volverá.
-¿Por qué estas tan seguro?
-Porque está loca por mí, tío.

Nos montamos una vez más en aquel avión; en el de siempre. Rumbo a Canadá.

-


Me encontraba en un parque de la ciudad, miraba como los niños pequeños jugaban y como las parejas paseaban. Me encontré a una pareja peculiar; Era diferente. El chico llevaba una gorra plana morada, una camiseta blanca y unos vaqueros pitillos. En sus pies tenía unas VANS. La chica llevaba un gorro de lana color miel, una camiseta con un león dibujado y unos pitillos del color del gorro. En sus pies también estaban colocadas aquellas VANS. Paseaban, como una pareja de enamorados pero eran diferentes. No iban agarrados de la mano, ni se besaban todo el tiempo. Iban sueltos, cada uno a su rollo. Este le decía cosas y la chica ponía cara de enfado, luego, le pegaba un puñetazo en el brazo. El chico reía y volvía a picarle, luego, le daba un abrazo. Era una pareja guay, ¿Para que mentir?. Odiaba las parejas que se besaban y no se despegaban el uno del otro, todas las parejas son iguales pero lo que se ve ya no, hay excepciones en este mundo. Eso me recordó a Cristian, no sé por qué pero pensé en el. Suspiré y miré el cielo; ¿Que estará haciendo ahora?, seguramente estuviese con alguna tía. Que putas son, joder. Volví a cerrar los ojos y a pensar en estos días, pensé en aquel momento que me invitaron a pasar al camerino o cuando me tiró a el agua ¡La madre que lo parió, como me puso! Pensar en esto me hizo reír. Quizás no sea tan mal chico, que sí, que es un mujeriego pero no es mala persona.
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