sábado, 4 de enero de 2014

Capítulo 19. - Te encontré en New York. {T1}


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Estaba terminando de ducharme, salí de la ducha y me sequé. Me puse unos leggins y una camiseta en la cual ponía “I ♥ New York”. Salí fuera y le hice una señal a Cristian para que así se pudiese meter en la ducha. Encendí la televisión, minutos después mi móvil comenzó a sonar con una canción de Justin Bieber. “Mamá”. Suspiré.

-Hola mami.- Dije alegre.
-Cariño, lo sé todo.
-¿Todo?
-¿Dónde está hoy Cristian de gira?
-¿A qué viene eso?
-Te han expulsado, Naiara. Me han llamado y me lo han dicho, el por qué también. No creo que te hayas quedado en la calle, estás con él.
-¿Y qué querías que hiciera? ¿Qué me volviese para que me echases toda la bronca?
-¿Por qué?
-Porque me han expulsado, mamá.
-Hija, yo en el fondo te hubiese entendido, ¿Vale? En mi opinión estabas haciendo algo que toda chica adolescente hace, es algo normal. Yo me meto en tu piel, como siempre lo he hecho.
-Vale, pues perdón.
-¿Cuándo vuelves?
-Cuando tú me digas.

Escuché a mi madre suspirar, ahora mismo tenía muchísimo miedo. Tenía miedo de que me dijese que volviese ya.

-Quédate hasta que Cristian vuelva aquí, las clases ya han terminado así que te dejo.
-Vale mamá, gracias.
-No hagas nada malo, Naiara.
-No mamá.
-Adiós hija.
-Adiós.

Colgué y suspiré aliviada. Mi madre me había entendido, ¡Bien!
Cristian salió de la ducha, yo lo miré y lo abracé fuerte.

-¿Qué pasó?

Le conté todo, se puso muy contento.

-¿Qué hacemos?
-¿Damos una vuelta por el parque?
-¿Vamos mejor a la playa?
-¡Sí, sí!


-

Después de un día agotador de playa, Naiara y yo nos tiramos en la cama super cansados. A las tres de la mañana mi móvil comenzó a sonar.

-¿Sí?
-¿Señor Cristian Rodríguez?
-Sí, soy yo.- Dije andando hacia el baño para así no despertar a Naiara.
-Queríamos comunicarle que su padre está muy mal.
-¿Qué?
-Un accidente de tráfico, joven. Iba borracho y drogado.
-¿Está en Dallas, no?
-Sí.
-¿Puede decirme el Hospital y todo eso?

-

Me desperté, escuché a alguien llorar. ¿Cristian? Me levanté de la cama y fui al baño, estaba sentado en el suelo, con la cabeza agachada. El móvil estaba tirado al suelo. Lo cogí y lo puse en una de las mesitas del baño.

-¿Qué pasó?
-Mi padre se está muriendo.- Dijo mirándome a los ojos y no dejando de llorar.

A pesar de todo el dolor, todos los males y todo lo que había causado su padre; lo quería.

-Mañana voy a ir a Dallas. Quiero verlo, Naiara. Me ha puteado, me ha pisado, me ha jodido pero no deja de ser mi padre.
-Te entiendo, pequeño.
-Quiero que me acompañes.
-¿Yo?
-Sí, tú.
-Bueno...
-Dormiremos en mi casa, bueno, primero miraremos en que condiciones está.
-Vale, no te preocupes.

Lo abracé muy fuerte, y este me apretó más a él.

-No te preocupes cariño, ahora vamos a la cama ¿Vale?

En la cama me contó todo lo que le dijo aquella mujer desconocida y lo que sintió al escucharlo.
Le acaricié la cara y le besé la mejilla.

-Descansa ¿Vale?

-

Era un nuevo día, nada más despertarme Cristian me pidió que le contase a Bady todo mientras él se duchaba y así lo hice.
Hora después íbamos rumbo a Dallas.

-

Llegamos a Dallas, nos quedaríamos en un Hotel. Dejamos las maletas, Bady se quedó en Hotel por trabajo y nosotros fuimos al Hospital.

-Buenas tardes, ¿Es usted el Doctor Filmax?
-Sí, soy yo. ¿Pasa algo, joven?
-Usted lleva el caso de mi padre, Mariano.
-Sí, ¿Es usted el hijo no?
-Sí. ¿Cómo está?
-Esta muy mal, no creo que salga de esta. Iba alcoholizado y drogado, a toda velocidad. Gracias a Dios que no chocó con nadie, ni nadie salió herido.
-Joder, este hombre siempre igual. ¿Puedo entrar a verlo?
-Claro, pase.

Cristian me soltó la mano y entró a verlo. Yo me quedé sentada en una de aquellas sillas blancas de Hospital que tanto odiaba.

-

Entré en la habitación, un leve escalofrío recorrió cada parte de mi cuerpo. Joder.
Estaba lleno de máquinas y tubos. Sonaba ese odioso “pi”, me ponía de los nervios.
Me acerqué más a él.

-Papá, que sepas que a pesar de todo te quiero mucho. Que aunque yo no fuese el hijo que tú siempre has querido tener, te quiero.

Lo miré fijamente y comencé a llorar. Se iba a ir, se iba a ir por ser así de estúpido. ¿Por qué coño no hizo las cosas de forma distinta?

Agarré su mano y este la apretó. No podía hablar, casi ni moverse pero por ahora estaba. Bueno...

-Te quiero.

Me apretó más la mano, supongo que era en señal de “Yo también”. Supongo. Me gusta pensar eso.

-

Salí de la habitación y fuimos rumbo a mi casa, quería ver como estaba. Abrí la puerta y estaba hecha una real mierda. Llena de polvo, sucia, todo tirado por medio.

-Es bonita tu casa.
-Cuando estaba limpia sí.

-

Recordé algo, algo que él debería haber leído hace muchísimo tiempo.

-Cristian, ¿Por qué no buscas la carta de tu madre y la lees?
-¿Qué?
-¿No crees que es hora? Yo te dejo solo, venga.- Dije sonriendo.
-No, quiero dar el paso contigo.
-¿Seguro?
-Sí.

Fuimos al piso de arriba y entramos en su habitación, sin duda, la más limpia de todas. Tenía polvo pero no estaba todo tirado o con de restos de comidas.

-Oh una bonita habitación.

Era de color azul fuerte, en una de las paredes colgaba pósters de muchísimas cantantes. En otra pared había pegatinas de un micrófono, de notas musicales y en medio de todo eso un cuadro de él de pequeño. Sonreí al verlo. Salía en el salón de la casa con un micrófono de juguete, tendría unos 4 años aproximadamente. Iba con un pijama de Spiderman y unos calcetines de color rojo. Salía sonriendo y con el micrófono en la boca. Su mano derecha agarraba el micrófono y la izquierda la tenía levantada.

-Bonita foto.
-Ah ya. Bueno.- Dijo ruborizándose.
-Eras muy guapo de pequeño, eh.
-Sí, supongo. Todo niño pequeño es guapo.
-Tú superabas a todos, cariño.- Dije besándolo.
-Te quiero.- Dijo devolviéndome el beso.- Mira.- Dijo agarrando mi mano y llevándome a otro extremo de la habitación.

En otra de las paredes había muchísimas fotos colgadas y también, folios coloreados en los cuales decían frases. “Te quiero, mamá.” “Siempre sonriendo, como decía mi mami.” “No me rendiré”.

-Cuando tenía cinco años mi madre me escribió esas cosas y yo las coloreaba, luego, las pegábamos juntos.

Me fijé en las fotos. Salía una mujer con el pelo negro y la piel no muy morena.
En una de las fotos aquella mujer estaba muy joven y preciosa. Salía con Cristian en brazos, ella sonreía y Cristian tenía la boca abierta y un juguete en sus manos. Era un bebé de 6 meses más o menos.
En otra Cristian tenía un año más o menos, salía en el sofá de casa con el chupete en la boca y dándole un jueguete a su madre.
Otra foto salía en bicicleta y su madre detrás de él.
Había muchísimas fotos y cada una de ellas tenía algo especial.

-Esta fue nuestra última foto.- Dijo señalando una de ellas.

Cristian tenía 7 años aproximadamente, iba vestido de Chino. Sus manos estaban en “posición” haciendo el saludo Chino, su madre, al lado hacía lo mismo.

-¿Por qué ibas vestido así?
-Era para el colegio, tenía que ir vestido de Chino.
-Oh. Que mono.- Dije sonriendo.

Cristian miró aquella habitación y suspiró, estaba llena de recuerdos para él y creo que se sentía vacío al saber que nada de eso volverá.
Abrió una pequeña caja que estaba debajo de la cama con las sábanas de Superman. Sacó una carta y se sentó en el suelo, yo me senté con el. Me miró, le hice una señal y comenzó a leer.


Querido hijo mío, no sé con cuanta edad estarás leyendo esta carta.
Sí, se perfectamente que no la leíste en el momento que te la dejé.
Te conozco demasiado bien, hijo mío.
Hago un calculo y supongo que tendrás los 18 años ya, o incluso más.

No me fui porque no te quería, ni porque no era feliz, me fui porque
me despidieron del trabajo y no tenía como darte de comer, te dejé a cargo
de tu padre que espero que haya sido responsable contigo,
y todos los meses le mandaré dinero para que así puedas crecer sano.
A él le he escrito otra carta, espero que me haga caso y no
siga igual que cuando le dejé.

Cariño, recuerda ser fuerte siempre. Que nadie te pise, por favor. Que nadie intente
destruirte, o jugar contigo.
Espero que tengas a tu lado a una chica especial, con la cual te sientas menos solo
y puedas compartir todo aquello que sientes. Espero que no te guardes nada,
ya que te tengo dicho que guardar lo que que sientes es malo y puede
llegar un día en el que duela y mucho.
Espero que ahora estés trabajando en lo que te gusta y seas feliz.
Seguramente yo también lo sea, y no, nunca me olvidaré de ti.

Prometo que volveré, cariño. Te lo juro que voy a volver.

Te quiere;

Tu madre.

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