Estaba
terminando de ducharme, salí de la ducha y me sequé. Me puse unos
leggins y una camiseta en la cual ponía “I ♥ New York”. Salí
fuera y le hice una señal a Cristian para que así se pudiese meter
en la ducha. Encendí la televisión, minutos después mi móvil
comenzó a sonar con una canción de Justin Bieber. “Mamá”.
Suspiré.
-Hola mami.- Dije alegre.
-Cariño, lo sé todo.
-¿Todo?
-¿Dónde está hoy
Cristian de gira?
-¿A qué viene eso?
-Te han expulsado,
Naiara. Me han llamado y me lo han dicho, el por qué también. No
creo que te hayas quedado en la calle, estás con él.
-¿Y qué querías que
hiciera? ¿Qué me volviese para que me echases toda la bronca?
-¿Por qué?
-Porque me han expulsado,
mamá.
-Hija, yo en el fondo te
hubiese entendido, ¿Vale? En mi opinión estabas haciendo algo que
toda chica adolescente hace, es algo normal. Yo me meto en tu piel,
como siempre lo he hecho.
-Vale, pues perdón.
-¿Cuándo vuelves?
-Cuando tú me digas.
Escuché
a mi madre suspirar, ahora mismo tenía muchísimo miedo. Tenía
miedo de que me dijese que volviese ya.
-Quédate hasta que
Cristian vuelva aquí, las clases ya han terminado así que te dejo.
-Vale mamá, gracias.
-No hagas nada malo,
Naiara.
-No mamá.
-Adiós hija.
-Adiós.
Colgué
y suspiré aliviada. Mi madre me había entendido, ¡Bien!
Cristian
salió de la ducha, yo lo miré y lo abracé fuerte.
-¿Qué pasó?
Le
conté todo, se puso muy contento.
-¿Qué hacemos?
-¿Damos una vuelta por
el parque?
-¿Vamos mejor a la
playa?
-¡Sí, sí!
-
Después
de un día agotador de playa, Naiara y yo nos tiramos en la cama
super cansados. A las tres de la mañana mi móvil comenzó a sonar.
-¿Sí?
-¿Señor Cristian
Rodríguez?
-Sí, soy yo.- Dije
andando hacia el baño para así no despertar a Naiara.
-Queríamos comunicarle
que su padre está muy mal.
-¿Qué?
-Un accidente de tráfico,
joven. Iba borracho y drogado.
-¿Está en Dallas, no?
-Sí.
-¿Puede decirme el
Hospital y todo eso?
-
Me
desperté, escuché a alguien llorar. ¿Cristian? Me levanté de la
cama y fui al baño, estaba sentado en el suelo, con la cabeza
agachada. El móvil estaba tirado al suelo. Lo cogí y lo puse en una
de las mesitas del baño.
-¿Qué pasó?
-Mi padre se está
muriendo.- Dijo mirándome a los ojos y no dejando de llorar.
A pesar
de todo el dolor, todos los males y todo lo que había causado su
padre; lo quería.
-Mañana voy a ir a
Dallas. Quiero verlo, Naiara. Me ha puteado, me ha pisado, me ha
jodido pero no deja de ser mi padre.
-Te entiendo, pequeño.
-Quiero que me acompañes.
-¿Yo?
-Sí, tú.
-Bueno...
-Dormiremos en mi casa,
bueno, primero miraremos en que condiciones está.
-Vale, no te preocupes.
Lo
abracé muy fuerte, y este me apretó más a él.
-No te preocupes cariño,
ahora vamos a la cama ¿Vale?
En la
cama me contó todo lo que le dijo aquella mujer desconocida y lo que
sintió al escucharlo.
Le
acaricié la cara y le besé la mejilla.
-Descansa ¿Vale?
-
Era un
nuevo día, nada más despertarme Cristian me pidió que le contase a
Bady todo mientras él se duchaba y así lo hice.
Hora
después íbamos rumbo a Dallas.
-
Llegamos
a Dallas, nos quedaríamos en un Hotel. Dejamos las maletas, Bady se
quedó en Hotel por trabajo y nosotros fuimos al Hospital.
-Buenas tardes, ¿Es
usted el Doctor Filmax?
-Sí, soy yo. ¿Pasa
algo, joven?
-Usted lleva el caso de
mi padre, Mariano.
-Sí, ¿Es usted el hijo
no?
-Sí. ¿Cómo está?
-Esta muy mal, no creo
que salga de esta. Iba alcoholizado y drogado, a toda velocidad.
Gracias a Dios que no chocó con nadie, ni nadie salió herido.
-Joder, este hombre
siempre igual. ¿Puedo entrar a verlo?
-Claro, pase.
Cristian
me soltó la mano y entró a verlo. Yo me quedé sentada en una de
aquellas sillas blancas de Hospital que tanto odiaba.
-
Entré
en la habitación, un leve escalofrío recorrió cada parte de mi
cuerpo. Joder.
Estaba
lleno de máquinas y tubos. Sonaba ese odioso “pi”, me ponía de
los nervios.
Me
acerqué más a él.
-Papá, que sepas que a
pesar de todo te quiero mucho. Que aunque yo no fuese el hijo que tú
siempre has querido tener, te quiero.
Lo miré
fijamente y comencé a llorar. Se iba a ir, se iba a ir por ser así
de estúpido. ¿Por qué coño no hizo las cosas de forma distinta?
Agarré
su mano y este la apretó. No podía hablar, casi ni moverse pero por
ahora estaba. Bueno...
-Te quiero.
Me
apretó más la mano, supongo que era en señal de “Yo también”.
Supongo. Me gusta pensar eso.
-
Salí
de la habitación y fuimos rumbo a mi casa, quería ver como estaba.
Abrí la puerta y estaba hecha una real mierda. Llena de polvo,
sucia, todo tirado por medio.
-Es bonita tu casa.
-Cuando estaba limpia sí.
-
Recordé
algo, algo que él debería haber leído hace muchísimo tiempo.
-Cristian, ¿Por qué no
buscas la carta de tu madre y la lees?
-¿Qué?
-¿No crees que es hora?
Yo te dejo solo, venga.- Dije sonriendo.
-No, quiero dar el paso
contigo.
-¿Seguro?
-Sí.
Fuimos
al piso de arriba y entramos en su habitación, sin duda, la más
limpia de todas. Tenía polvo pero no estaba todo tirado o con de
restos de comidas.
-Oh
una bonita habitación.
Era de
color azul fuerte, en una de las paredes colgaba pósters de
muchísimas cantantes. En otra pared había pegatinas de un
micrófono, de notas musicales y en medio de todo eso un cuadro de él
de pequeño. Sonreí al verlo. Salía en el salón de la casa con un
micrófono de juguete, tendría unos 4 años aproximadamente. Iba con
un pijama de Spiderman y unos calcetines de color rojo. Salía
sonriendo y con el micrófono en la boca. Su mano derecha agarraba el
micrófono y la izquierda la tenía levantada.
-Bonita foto.
-Ah ya. Bueno.- Dijo
ruborizándose.
-Eras muy guapo de
pequeño, eh.
-Sí, supongo. Todo niño
pequeño es guapo.
-Tú superabas a todos,
cariño.- Dije besándolo.
-Te quiero.- Dijo
devolviéndome el beso.- Mira.- Dijo agarrando mi mano y llevándome
a otro extremo de la habitación.
En otra
de las paredes había muchísimas fotos colgadas y también, folios
coloreados en los cuales decían frases. “Te quiero, mamá.”
“Siempre sonriendo, como decía mi mami.” “No me rendiré”.
-Cuando tenía cinco años
mi madre me escribió esas cosas y yo las coloreaba, luego, las
pegábamos juntos.
Me fijé
en las fotos. Salía una mujer con el pelo negro y la piel no muy
morena.
En una
de las fotos aquella mujer estaba muy joven y preciosa. Salía con
Cristian en brazos, ella sonreía y Cristian tenía la boca abierta y
un juguete en sus manos. Era un bebé de 6 meses más o menos.
En otra
Cristian tenía un año más o menos, salía en el sofá de casa con
el chupete en la boca y dándole un jueguete a su madre.
Otra
foto salía en bicicleta y su madre detrás de él.
Había
muchísimas fotos y cada una de ellas tenía algo especial.
-Esta fue nuestra última
foto.- Dijo señalando una de ellas.
Cristian
tenía 7 años aproximadamente, iba vestido de Chino. Sus manos
estaban en “posición” haciendo el saludo Chino, su madre, al
lado hacía lo mismo.
-¿Por qué ibas vestido
así?
-Era para el colegio,
tenía que ir vestido de Chino.
-Oh. Que mono.- Dije
sonriendo.
Cristian
miró aquella habitación y suspiró, estaba llena de recuerdos para
él y creo que se sentía vacío al saber que nada de eso volverá.
Abrió
una pequeña caja que estaba debajo de la cama con las sábanas de
Superman. Sacó una carta y se sentó en el suelo, yo me senté con
el. Me miró, le hice una señal y comenzó a leer.
Querido
hijo mío, no sé con cuanta edad estarás leyendo esta carta.
Sí,
se perfectamente que no la leíste en el momento que te la dejé.
Te
conozco demasiado bien, hijo mío.
Hago
un calculo y supongo que tendrás los 18 años ya, o incluso más.
No
me fui porque no te quería, ni porque no era feliz, me fui porque
me
despidieron del trabajo y no tenía como darte de comer, te dejé a
cargo
de
tu padre que espero que haya sido responsable contigo,
y
todos los meses le mandaré dinero para que así puedas crecer sano.
A
él le he escrito otra carta, espero que me haga caso y no
siga
igual que cuando le dejé.
Cariño,
recuerda ser fuerte siempre. Que nadie te pise, por favor. Que nadie
intente
destruirte,
o jugar contigo.
Espero
que tengas a tu lado a una chica especial, con la cual te sientas
menos solo
y
puedas compartir todo aquello que sientes. Espero que no te guardes
nada,
ya
que te tengo dicho que guardar lo que que sientes es malo y puede
llegar un día en el que duela y mucho.
Espero
que ahora estés trabajando en lo que te gusta y seas feliz.
Seguramente
yo también lo sea, y no, nunca me olvidaré de ti.
Prometo
que volveré, cariño. Te lo juro que voy a volver.
Te
quiere;
Tu madre.
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