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-Mierda,
mierda.
Salí de allí y cogí un taxi. Si no llegaba a tiempo, la había
cagado.
Entré en en aeropuerto, la gente me miraba. Normal.
Busqué por todos lados, pregunté a gente. Nadie la había visto.
Vi a una chica con una maleta, estaba en la cola para coger el
billete de avión. ¡Era ella!
Corrí hasta allí, haciendo que una de mis zapatillas de color verde
rana se me quedase por el camino. Llegué a ella, sin respiración
casi.
-Perdón
mi niña, lo siento en serio. Soy un imbécil, me comporté como un
niño pequeño. Te quiero muchísimo y eres la única tía que hay en
mi vida. No tengo duda de que eres especial. Gracias por ducharme
ayer, bueno, por vigilarme y por ponerme el pijama y los calcetines.
Gracias por no dejarme anoche abandonado a pesar de todo lo que te
dije. Perdóname, por favor.
La miré fijamente a los ojos, sus ojos se cristalizaron. Cada día
subía un grado de imbécil, joder.
-¿Me
perdonas?
-Sí,
tonto.
Se tiró a mis brazos y me besó. La gente nos miraba y otras nos
aplaudían.
¿Nunca habían visto una escena de amor, o qué?
-Mi
niño, ¿Qué haces en pijama?
-Si
me vestía no me daba tiempo.
-¡Te
falta una zapatilla!
-¿Y
mi zapatilla?- Miré atrás y la zapatilla había desparecido.- Vamos
al Hotel descalzo, ue.
Cogí su maleta y fuimos dirección al Hotel. Naiara me cogió de la
mano, yo le besé la mejilla.
-Perdón.
-No
vuelvas hacerlo porque es que olvídate de mí, eh.
-Prometido
Srta Rodríguez.
Ella rió ante esto, yo volví a besar su mejilla.
-
Había pasado una semana, estaba preparando la maleta ya que
partiríamos a New York. Mi móvil sonó, era mi madre.
-Dime
mami.
-Cariño,
no estaré en casa. Dile a Cristian y a...Y a...
-¿Bady?
-Eso,
y a Bady que si quieren se queden en casa.
-Vale
mamá, ¿Dónde os vais?
-Tu
tía Fernanda está de parto, cariño.
-¡Ah!
¡Que ilusión! ¡Envíame foto, porfi!
-Sí
cariño. Tengan cuidado y cuidarme la casa.
-Que
sí, mamá. ¡Adiós!
Colgué. Le conté todo a Cristian y Bady, a ellos les parecieron
buena idea.
Llegamos al aeropuerto, nos sentamos en unas sillas a esperar.
-Voy
al baño.- Dijo Bady.
-Te
acompaño.
-
-¡Coño
que susto! ¿Sigues aquí?
-Vine
para decirte algo.
-¿Qué
quieres?
-¿Te
vas a un Hotel? Por favor... Déjame estar a solas con ella, por
favor... Por fi.- Dije poniendo pucheros.
-Vale,
está bien. Ya me inventaré algo.
-¡Gracias,
gracias!
Salimos del baño, Bady se sentó al lado de Naiara y le contó que
no podría quedarse a dormir que tendría que irse a un Hotel así
estaría más tranquilo para trabajar. Naiara me miró, creo que se
dio cuenta. Yo miré a otro sitio haciendo que no sabía nada del
tema.
-
Llegamos a New York, llegamos a mi casa en taxi. ¡Hogar dulce hogar!
-Por
fin. ¡Mi casa!- Dije corriendo hacia el sofá.
Cristian me miró y rió.
-Me
he dejado llevar.- Reí.- Vamos arriba, anda.
Llegamos a mi habitación y dejamos todas las cosas.
-¿Dormiré
contigo?
-Ni
de coña, chaval.- Mentí.
-¿Ah
no? Vale, adiós.
-Eh
eh, ¿Dónde vas tú? Ven aquí.- Dije agarrando su camiseta y
trayéndole hacia mí.
-Te
gusta hacerme rabiar, eh.
-Sí.
Mucho. Gr.
-Te
quiero, tonta.
-Yo
también, feo.
Llegó la noche, hicimos una pizza.
-Échale
aceituna, toma.
-Tomate,
muuucho tomate.
La verdad es que la liamos muchísimo y nos lo pasamos genial. Me reí
muchísimo con sus tonterías, era tan único.
Después de cenar y ver una película subimos arriba. Nos tiramos en
la cama, sin hacer nada. Miramos la lámpara encendida un buen rato,
sin apenas pestañear. De repente la luz se apaga y se queda toco
oscuro.
-Cristian,
¿Qué has hecho?
-Yo
nada, por lo visto se fue la luz.
-Hostia
puta que miedo.
-A
ver, tranquila. Dame algo.
-¿Qué
te doy chiquillo?
-¡Una
vela!
-Está
en el escritorio.
Cristian se levantó y choco.
-¡Au!
-¿Qué
te ha pasado?
-Que
me he dado con algo. Dios, duele.
-Cristian,
olvida el dolor y coge la maldita vela.
-Vale,
vale.
Cristian cogió la vela.
-¿Y
cómo la encendemos?
-Con
el mechero que hay en cajón.
Cristian la encendió y comenzó a reírse.
-¿De
qué te ríes?
-La
vela es de High school Musical. Hostias.- Siguió riendo.
-¿Algún
problema o qué? Tonto.
Cristian me miró y puso una cara muy adorable. Dejó la vela en el
escritorio, daba la luz suficiente. Yo estaba más tranquila, así
que me di la vuelta quedando de espaldas a él.
-
Me acerqué a ella y le acaricié la espalda, recorrí mis dedos por
cada parte de su pequeña espalda. Le sale un leve suspiro. Seguí
acariciándole pero ahora bajo un poco más abajo. Acaricio sus
piernas, y luego, subo. Acaricio su cuello, y luego, lo beso. Se da
vuelta y me mira, sonríe y me besa. Consigue llevarme a las
estrellas con tan solo un beso. Increíble.
Me subo encima de ella y mientras la beso busco su mano hasta
cogérsela. Nuestras manos se entrelazaban y ella me susurra un “te
amo, tonto”. Sonrío.
Me alejo un poco y Naiara me vuelve a acercar besándome dulcemente.
Pongo mis manos en sus caderas y hago que se siente encima mía. Otra
vez recorro con mis manos su espalda, siento como se le ponen los
vellos de punta. Muerdo su cuello y voy bajando poco a poco.
La pongo abajo de mí, otra vez. Me mira y sonríe picarona, la beso,
me besa. Comienza a morderme.
Le quito la camiseta, y ella me quita la mía. Beso cada parte de su
cuerpo y cuando llego al pantalón de aquel pijama de Hello Kitty, se
lo quito. Haciendo que se quede en bragas y sujetador.
Me mira fijamente y se ruboriza, yo subo y beso su mejilla.
-¿Estás
bien?
-Sí.
No te preocupes.- Me muerde el cuello. Sí, está bien.
Quita mi pantalón, estamos empatados.
Cada minuto que pasa la cosa se va poniendo más y más ardiente.
Nuestros cuerpos se van uniendo quedándose en uno.
Siento mil y una sensaciones, mi corazón va a mil por hora.
Desearía estar junto a ti toda una puta vida, desearía besarte,
morderte, acariciarte, hacerte reír cada minuto del día.
-Eres
perfecta.
Naiara me mira y me vuelve a besar esta vez un poco más salvaje.
Nuestras lenguas al igual que nuestros cuerpos se unen. Una batalla.
Otra batalla de tantas. ¿Quién
coño se quiere más?
-
Te quiero. Te quiero. ¡Te quiero! Te quiero muchísimo.
Me siento mejor que la primera vez. Me siento suya, él se siente
mío. Me siento libre. Me siento amada. Me siento tan jodidamente
bien.
Una hora después me desperté. Estaba dejada caer en su pecho, este
miraba el techo. Seguíamos sin luz pero ahora mismo eso me daba
igual. La vela estaba más pequeña ya que se estaba derritiendo.
Acaricio su cara, me mira y me sonríe. Me besa. Me vuelve hacer
sentir cosas increíbles en mi interior.
Cuanto voy ha echarte de menos, pequeño.
-¿Cómo
estás?
-¿Quieres
saber como estoy?
-Sí.
-Estoy
jodidamente bien. Me siento mágica, libre. Siento que puedo con
todo, aunque no sea así.
-Puedes
con todo y lo sabes.
-No.
-Sí
Naiara, sí.
Le beso. Es tan adorable.
-
Me besa. Es como una niña pequeña, aunque a veces se comporte como
una mujer.
La abrazo fuerte.
-¿Sabes?-
Digo mientras la miro.
-Dime.
-Te
quiero. Te quiero muchísimo.
-Yo
también.
-Nunca
cambies, eres tan mágica como esta noche.
Se quedó mirándome y me volvió a besar dulcemente.
-Te
voy a echar muchísimo de menos, ¿Sabes?
-Yo
también.
-No
me olvides.
-No
lo haré, pequeña.
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